viernes 22 de mayo de 2009

¿El fado más triste del mundo?

Espero…
Es que no me puedo aguantar…

Realmente los fados no me gustan demasiado: no les acabo de coger el punto musical. Son bonitos pero me cansan… Pero éste, interpretado por Katia Guerreiro, me ha hecho volver a cobrar conciencia de que el problema de no comprender el texto de una canción puede llegar a ser un GRAN problema. Quizás no muchas veces pero algunas sonadas. Es como desnudar a una "buena" ranchera o a un bolero de su texto: puede equivaler a destrozarlo. Ya me pasó con el rap, comprender lo que dicen La Mala Rodríguez o los chicos de La Excepción no es que sea un valor añadido, para mí supone el 80% del placer que me producen.

En fin, traducido (del inglés) sería algo así

Esclavos errantes de la vida
Y de la angustia de vivir
No somos más que una imagen desdibujada
De lo que soñamos ser

Rompamos las cadenas
Que nos ligan a la banalidad
Para que al final todo sea diferente
De lo que queríamos conseguir

Sin saber por qué vivimos
Ni el misterio de la existencia
Incluso cuando reímos no podemos olvidar
La mentira que significa reir

Siempre he sabido
Porque la vida me lo enseñó
Que la risa siempre es el comienzo
De una sonrisa que se apagará.

Tomo el mundo entero en mis brazos
Cuando tu me estrechas entre los tuyos
Y en tan raros momentos
La Tierra nos ofrece el cielo.

La vida permanece suspendida
Del vacío del que nació
Y dicho vacío es la recompensa
Por el tormento de vivir

Para los que tenéis la suerte de saber portugués…

Escravos errantes da vida
E da angustia de viver
Somos a imagem esbatida
Do que nós quisermos ser.

Corta-se embora a corrente
Que nos prende ao que é vulgar
E afinal tudo é diferente
Do que queremos alcançar.

Sem saber porque vivemos
No mistério de existir
Nem mesmo ao sorrir esquecemos
A mentira que é sorrir

Desde sempre que conheço
Porque a vida me ensinou
Que o riso é sempre o começo
Do sorriso que findou.

Prendo o mundo nos meus braços
Quando me abraças nos teus
E por momentos escassos
A terra dá-nos os céus.

A vida fica suspensa
No nada que a fez nascer
E esse nada recompensa
Da tortura de viver.

Algemas de su disco Fado Maior


martes 19 de mayo de 2009

Los niños y la magnitud de las cosas

En uno de los comentarios de la foto astronómica del día 17 de Mayo del 2009 se rinde homenaje al recién desaparecido Mario Benedetti. Un breve y bello homenaje, mediante uno de sus propios poemas:
Cuándo eramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana no existía.

Luego cuándo muchachos
los viejos eran gentes de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte sólo una palabra.

Ya cuándo nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser la nuestra.

El momento y la belleza del poema creo que justifica sobradamente que vuelva a ocupar un pequeño espacio de la red. Además, va al hilo de un tema que me resulta muy querido, el que etiqueto como "Barrio Sésamo II", el de reaprender qué es grande y qué pequeño, qué significa ver algo, etc. Todos, conceptos que pensábamos perfectamente comprendidos pero que se nos escabullen una y otra vez en cuanto nos descuidamos. ¡Midámoslos! Sí, eso ayuda pero la anguila sigue siendo escurridiza de narices…


miércoles 13 de mayo de 2009

Shakespeare y la ciencia (2)

Casi me da vergüenza limitar las referencias que hago a Shaskespeare: son escasísimas y sólo en relación a la ciencia. Y eso, si alguien no lo ha leído, no da en absoluto idea de su magnitud: enorme, infinito (por imposible de agotar su contenido) e infinito en belleza (aún leyéndolo traducido).

Así que la recomendación es clara: deja de leer este blog y lee a Shakespeare…


Mientras tanto, una frase que pone en boca de un adivino. Pero ni Shakespeare era perfecto: debía haberla puesto en boca de un científico ;-)

"En el libro infinito de los secretos de la naturaleza algo puedo leer."


lunes 4 de mayo de 2009

Zorba el griego (4): la recta de acción

Una ironía de Feynman:
"Los científicos son como exploradores, los filósofos, como turistas."
La escribo porque creo que abunda en el tema de los opuestos. Esta afirmación, en la "recta de acción", situaría a los científicos como más activos que los filósofos. Es un buen ejemplo de las tonterías de las que vengo hablando los últimos días: afirmación cierta en algunos o muchos casos pero claramente insuficiente. Peligrosa, si uno se dedica a esgrimirla sin cierto sentido del humor. Útil para reflexionar sobre el asunto.

No deja de ser divertido que Feynman fuese un físico teórico (el extremo "opuesto" al de físico experimental). Hablé de ello en otra ocasión. Hago un breve recordatorio. Decía Lederman (físico experimental):
Actualmente, existen dos grupos de físicos con un mismo objetivo, comprender el universo, pero con grandes diferencias en sus puntos de vista culturales, habilidades y hábitos de trabajo. Los teóricos tienden a llegar tarde a trabajar, acuden a simposios interminables en las islas griegas o en las cumbres de las montañas suizas, tienen vacaciones reales y están en su casa ordenando papeles frecuentemente…"

Los experimentales no llegan tarde: no suelen irse a casa. Durante períodos de intenso trabajo de laboratorio, el mundo exterior se difumina y la obsesión es total. Dormir es, para ellos, poderse acurrucar sobre el suelo del laboratorio durante una horilla.

Un físico teórico puede consumir toda su vida y haberse perdido el reto intelectual del trabajo experimental, sus emociones y peligros —las grúas gigantes con sus cargas de 10 toneladas, los signos luminosos de PELIGRO, RADIACTIVIDAD, con sus calaveras y huesos cruzados. El único peligro real al que está sometido un teórico es clavarse a sí mismo un lapicero al atacar a una polilla que pasea sobre las hojas de sus cálculos.

Por su parte, según cuenta Brian Cathcart en su espléndida historia sobre el descubrimiento del núcleo atómico, "The fly in the Cathedral",
Rutherford decía que los científicos verdaderos eran los físicos; el resto sólo eran como coleccionistas de sellos. Y, entre las paredes de su propio laboratorio, aún llevaba su afirmación un paso más allá: todo físico que no se dedicaba a la física atómica quedaba relegado a la categoría de filatélico.

¿Qué habría dicho si hubiera vivido para conocer el "zoo de las partículas" del que hubo que empezar a hablar unos pocos años tras su muerte? Un verdadero trabajo de captura y clasificación: casi biológico (sólo que las partículas elementales no están en la categoría de materia viva).

Pero, a efectos de jugueteo mental (¿= reflexión?) uno podría dibujar en la recta de acción…
[Me pregunto si al hacer click en la figura se hará más grande y legible.
Ahora, cuando acabe, lo pruebo.
¿Por qué no antes?
Porque, total, no la pienso volver a dibujar ;-)


miércoles 22 de abril de 2009

Cositas. La manzana que violó a Newton.

Según cuenta El País, Clement Freud ha muerto.

Me llamó la atención que fuese nieto de Freud y me leí el articulillo.
Y me tropecé con esta divertida cita:

“Como me dijo el otro día un granjero: ‘¡Cómo suben las manzanas!’.
Y yo le contesté: ‘Pues eso sería un duro golpe para Isaac Newton”
Clement Freud

martes 21 de abril de 2009

Cositas. Ciencia e inglés.

¿Qué es la ciencia?

Mientras andaba estudiando inglés, me he encontrado con este vídeo. ¡Anda que no dice cosas en poco rato! En la línea de "la ciencia está en la base de todo". 'Ta bien!

De paso, lo referencio en el marco de una página maravillosa para escuchar inglés en pequeñas dosis.

Un vídeo: ¿Qué es la ciencia?

domingo 19 de abril de 2009

Zorba el griego (3)

Soy un bicho cultural, un enamorado de los libros y del saber. He sido un vendedor de cultura (= profesor) durante muchos años. Creo que siempre he sabido cuestionar la labor de la educación pero, definitivamente, la prefiero a la ignorancia rampante.

Digo todo esto por dejar bien clarito que no propugno ni añoro, sin más, una vuelta a un estado de "buen salvaje". Prefiero la materia culta a la viva y ésta a la materia inerte. Cuando ejercía de profe solía decir a los alumnos:
— Ser materia culta es más que ser materia viva; a su vez, ser materia viva es más que ser materia inerte.
¿Prefieres ser piedra? ¡No problem!: te vas al campo y te quedas quieto-parao en el suelo. Bien quieto, ¿eh?
¡Ah!, ¿que antes te daba la sombra pero ahora te pega el Sol? ¡Mala suerte, machote!: las piedras aún no han desarrollado medios para cambiarse de sitio… ¡Y deja que llegue la noche! ¡Connio, qué fresquillo! Qué bien te iría una chaquetilla, ¿eh? Pues eso. ¿No querías ser piedra?…

Pero ello no quita que el Zorba literario me parezca un bello recordatorio de que la cultura NO lo es todo, de que existe el riesgo de perdernos en y con ella.

Parece que el Zorba real que tanto impresionó a Kazantzakis debía ser parecido al Zorba personaje. Aunque ello es imposible, por simplicidad, los supondré iguales. Así, Alexis Zorba debió de ser excepcional (en el sentido de poco usual), iletrado pero NADA ignorante. Y era excepcional porque los tan peligrosos iletrados e ignorantes son, en comparación, legión.
[Aunque tampoco hay que olvidar que, en el libro, Zorba se pone a ejercer de "ingeniero" y la caga pero bien. Claro, experimentar la vida te puede hacer sabio en algunos aspectos cruciales para vivir, pero no te hará ingeniero…]

En el fragmento de hoy se presenta una de las cualidades principales de Zorba: mantiene la capacidad para seguirse maravillando una y otra vez por algunos de los misterios cotidianos. Algo a lo que, como ya he comentado en este blog alguna vez, la ciencia ayuda muy especialmente (en contra de lo que piensa mucha gente, que sitúa a la ciencia en el extremo de la cultura más alejado de la naturaleza, de la sensibilidad, etc.):
Cada noche, Zorba me lleva de paseo por Grecia, Bulgaria y Constantinopla; cierro los ojos y veo. Ha recorrido los Balcanes embrollados y atormentados, lo ha observado todo con sus ojillos de halcón, que abre desmesuradamente a cada instante, llenos de estupor. Las cosas a las que nosotros nos hallamos acostumbrados y ante las cuales pasamos indiferentes, se le presentan a Zorba como tremendos enigmas. Si ve a una mujer que pasa, se detiene estupefacto:

— ¿Qué misterio es éste? —pregunta—. ¿Qué es una mujer y por qué nos sorbe el seso tan fácilmente? ¿Qué significa eso, dímelo tú?

Con idéntico estupor plantea el interrogante en presencia de un hombre, de un árbol en flor, de un vaso de agua fresca. Zorba ve cada día todas las cosas por vez primera.

Ayer nos habíamos sentado ante la barraca. Después de beber un vaso de vino me preguntó alarmado:

— ¿Qué viene a ser, en verdad, esta agua enrojecida, patrón? Dilo. Una vieja cepa echa ramas, hay en ellas unos como adornos ácidos colgados, y pasa el tiempo, y el sol los madura; se ponen dulces como miel y se les llama entonces uvas; se las pisa, se pone el zumo extraído en unos toneles; allí fermenta solo, se le destapa el día de san Jorge bebedor ¡y es vino! ¡Qué prodigio! Bebes el zumo rojo y tu alma se te acrecienta, no cabe ya dentro de tu pellejo, se siente con ánimos de desafiar a Dios mismo a que lidie contigo. ¿Qué significa eso, patrón? Explícamelo tú.

Yo no hablaba. Sentía, al escucharlo, que se renovaba ante mí la virginidad del mundo. Todas las cosas cotidianas y descoloridas volvían a adquirir el brillo con el que se habían presentado los primeros días, recién salidas de las manos de Dios. El agua, la mujer, la estrella, el pan, retornaban a la misteriosa fuente primitiva, y el torbellino divino se desencadenaba de nuevo en el aire.

Y ésta es la razón por la cual cada noche, tendido en el guijarral de la ribera, esperaba a Zorba impacientemente.