jueves, 23 de agosto de 2007

Lederman (1)

En 1961 Leon Lederman realizó un experimento que pasó a ser la piedra angular para lo que se conoce como Modelo estandard. En 1988 recibió el Nobel. Todos se preguntaban por qué tardaron tanto en reconocerle. Él decía a su familia que fueron tan lentos porque no conseguían decidir por cuál de sus grandes aportaciones premiarle ;-)

Así que, como el libro va de física de partículas, el señor es competente en el tema.

El libro fue editado en 1993 así que hay pequeñas cuestiones desfasadas : habla del SSC (Supercolisionador superconductor; proyecto ya cancelado), etc. Por lo demás, una joya…

Paso a la demostración…

Este libro está dedicado a un problema, al problema que ha confundido a la ciencia desde la antigüedad. ¿Cuáles son los constituyentes últimos de la materia? El filósofo griego Demócrito llamó a dichos constituyentes átomos (literalmente, "que no se puede cortar"). Este á-tomo no es aquel sobre el que se estudia en los institutos, como el hidrogeno, helio, litio, y así hasta el uranio y más allá. Estos son
enormes, entidades complejas para los estándares actuales (incluso para los de Demócrito). Para un físico, incluso para un químico, tales átomos son verdaderos contenedores llenos de pequeñas partículas –electrones, protones y neutrones. A su vez, neutrones y protones son recipientes llenos de personajes aún más pequeños.
Queremos saber los objetos más primitivos que existen y comprender las fuerzas que controlan su comportamiento social. Son éstos, los á-tomos de Demócrito, no los de tu profesor de química, la esencia de la materia.

La materia que actualmente vemos a nuestro alrededor es compleja. Hay alrededor de un centenar de elementos químicos. El número de combinaciones útiles de los mismos puede estimarse, es una cantidad inmensa: del orden de miles de millones. La naturaleza utiliza esas combinaciones, llamadas moléculas, para construir planetas, soles, virus, montañas, cheques, el Valium, agentes literarios, y otras cosas útiles. No siempre fue así. En los primeros momentos tras la creación del universo en el Big-Bang, no existía materia compleja como la que vemos actualmente. Ni núcleos, ni átomos, nada que no fuesen las piezas más sencillas. Esto era debido al calor abrasador del universo primigenio que no permitía la formación de objetos complejos; si uno de tales objetos se formaba en una colisión fortuita, se descomponía inmediatamente en sus constituyentes primitivos. Quizás existía un único tipo de partícula, una fuerza –incluso una partícula/fuerza unificada– y las leyes de la física. En esta entidad primordial estaban contenidas las semillas de la complejidad, a partir de las qué los seres humanos nos hemos desarrollado, quizás primariamente, para pensar en temas como este. Puede que encuentres el universo primordial aburrido, pero para un físico de partículas… ¡menudos momentos! ¡Qué belleza, qué simplicidad, visualizada nebulosamente con nuestras especulaciones!!