viernes, 14 de septiembre de 2007

El péndulo de Foucault

La idea del post de hoy surge de una de esas casualidades maravillosas que la vida nos ofrece.

Revisité el otro día, por n-ésima vez, como corresponde a un gran museo
(gran, por GRANDE y grande) el CosmoCaixa de Barcelona. No deja de emocionarme el Dr. Wagensberg con sus anotaciones concisas y hermosas… Esta vez le tocó el turno al péndulo de Foucault del que dice en la guía del museo:
"El péndulo de Foucault da la bienvenida a la Sala. Es uno de los sistemas físicos más simples: una masa colgada de un punto y dejada libre a la acción de la gravedad. A pesar de esta simplicidad, con él podemos medir algo tan abstracto como el tiempo. Además, su misteriosa deriva nos permite demostrar, aplicando el método científico, lo que no podemos ver: que la Tierra gira bajo nuestros pies."
Para los que habéis renunciado a los placeres físicos… –¡mala frase! No me malinterpretéis: para los que habéis renunciado al placer de saber un poquito de física (lo cual no deja de ser una forma de ultracastidad, pero mental…)–, os apunto sin entrar en detalles, algunas ideas:
  • El péndulo permite medir el tiempo por aquello de los relojes de péndulo, que hacen un "tic-tac" bastante constante (depende un poquito de la temperatura –de si es invierno o verano– de la latitud, etc).
  • Todo el mundo ha experimentado en carnes propias lo flipante que es el tiempo: lo corta que es una hora cuando estás con alguien que te gusta y lo larga que es cuando te están dando la brasa. La física parece venir a socorrernos: "¡No hombre, no: una hora es una hora, 60 minutos, 3600 s…!" Y entonces llega la teoría de la relatividad… ¡Y entonces si que acabas alucinando! Quesssssssssssscurridizo es el tiempo… Pues el péndulo, en su "simplicidad", nos permite medirlo (prácticamente verlo, con su monótona oscilación). Ahí es na! ¡Aún más, permite comprender el concepto de reloj!: un sistema que hace "tic-tac" a un ritmo constante, re-pepepepepe-titi-vo. Contando cuántas veces se ha repetido sabemos cuánt rato ha pasado…
  • También nos permite VER (ese ver con mayúsculas del que hablé en el post anterior) algo que no pueden percibir nuestros ojos: que la Tierra rota, que el péndulo parece girar mientras va tirando uno a uno las piezas de metal. ¡Pero no!, su enganche no lo hace girar, mantiene su plano de oscilación… Así que quien gira es la Tierra.
Tras todo lo dicho, parece evidente que podía haber subtitulado el post de hoy "más sobre lo que significa VER". Pero no quería robarle el protagonismo al péndulo, el personaje de la casualidad a la que me he referido. Unas pocas horas antes de visitar el museo había empezado a leer "La carretera", el último libro escrito por Cormac McCarthy (sí, como nos tiene acostumbrado, también éste deja sin aliento). Y en una de sus muchas andanadas de dolorosa belleza, el péndulo:
"Como el gran péndulo en su rotonda escribiendo a lo largo del interminable día movimientos de un universo del que se puede decir que nada sabe y sin embargo algo debe saber."
Y vuelvo a alucinar de cómo hay literatos que pueden decir tanto con tan poco, ¡sin ayudarse de la ultracondensación que permite una fórmula matemática! ¡Genial!