miércoles, 26 de septiembre de 2007

Lederman (8): Cerdos, granjeros y trufas

¿Hay alguien ahí?
[Hipótesis: sí, alguien]
Hola, "alguien".

El post de hoy
(el del Dr. Lederman, es decir, el que vale la pena, el que va en azul…) es bastante largo. Así que, con la lógica que me caracteriza, voy a hacerlo más largo aún.

Ello se debe a que, ya que es el que tocaba, pienso utilizarlo para contestar a un colega profesor de tecnología y que, a lo mejor, ha podido sentirse agredido (ideológicamente, claro) por mis opiniones.

Empieza el Dr. Lederman.
En el campo de la física de partículas están los físicos teóricos y los experimentales. Yo pertenezco a esta última especie. En general, la física progresa gracias a la interacción entre ambas divisiones. La eterna relación amor-odio entre teoría y experimento está presidida por una especie de marcador de goles. ¿Cuántos descubrimientos prácticos han sido predichos por la teoría? ¿Cuántos han sido una completa sorpresa? Por ejemplo, el positrón (electrón positivo) fue anticipado por la teoría, como el pión, el antiprotón y el neutrino. Pero el muón, el leptón tau y otros fueron sorpresas. Un estudio exhaustivo de esta estúpida cuestión muestra un marcador igualado. Pero, ¿quién es el que se dedica al recuento?.

Experimentar significa observar y medir. Requiere recrear condiciones especiales en las que la observación y medición son más fructíferas. Los antiguos griegos y los astrónomos modernos comparten un problema: ni podían ni pueden manipular los objetos que observan. Los griegos parecían estar satisfechos con sus posibilidades. Pero los astrónomos actuales sueñan con poder hacer colisionar dos soles –o, aún mejor, dos galaxias– porque aún no han desarrollado esa capacidad, y deben contentarse con ir mejorando la calidad de sus observaciones.
Una anotación interesante. ¿Sabíais que los rayos cósmicos que llegan hasta nosotros desde el espacio siguen siendo la fuente de radiación más energética que tenemos? Las mayores energías medidas en los rayos cósmicos superan en 8 órdenes de magnitud (= 10^8 = 100 millones de veces) a las que se obtienen en los mejores aceleradores (incluído el aún no estrenado LHC del CERN) ¡¡El mayor acelerador de partículas que existe es gratuito: el Universo!! Entonces, ¿por qué se gasta la sociedad tanto dinero en construir aceleradores de partículas? Porque los rayos cósmicos no están bajo nuestro control: nos llegan los que nos llegan, cuando quieren, con la energía que quieren. Así que hay un punto muy interesante de los que describe Leon Lederman en el párrafo anterior que debemos traer a colación: NO podemos manipular los rayos cósmicos como queremos… Y los aceleradores, sí. Bueno, no totalmente pero sí bastante más.

Pese a su respeto hacia los teóricos, sus descripciones sobre el comportamiento de unos y otros son… Ahora leeréis. Primero hace notar que han existido grandes experimentadores que eran, a la vez, grandes teóricos (Galileo, Kirchhoff, Faraday, Ampère, Hertz, los Thomson (J.J. y G.P.), Rutherford…), pero que esa es una especie de científico prácticamente extinta (Enrico Fermi parece ser el último espécimen).
Actualmente, existen dos grupos de físicos con un mismo objetivo, comprender el universo, pero con grandes diferencias en sus puntos de vista culturales, habilidades y hábitos de trabajo. Los teóricos tienden a llegar tarde a trabajar, acuden a simposios interminables en las islas griegas o en las cumbres de las montañas suizas, tienen vacaciones reales y están en su casa ordenando papeles frecuentemente…" [y aún cuenta alguna otra lindeza sobre el insommio que, dado mi nivel de inglés, no sé traducir]

Los experimentales no llegan tarde –no suelen irse a casa. Durante períodos de intenso trabajo de laboratorio, el mundo exterior se difumina y la obsesión es total. Dormir es, para ellos, poderse acurrucar sobre el suelo del laboratorio durante una horilla.

Un físico teórico puede consumir toda su vida y haberse perdido el reto intelectual del trabajo experimental, sus emociones y peligros –las grúas gigantes con sus cargas de 10 toneladas, los signos luminosos de PELIGRO, RADIACTIVIDAD, con sus calaveras y huesos cruzados. El único peligro real al que está sometido un teórico es clavarse a sí mismo un lapicero al atacar a una polilla que pasea sobre las hojas de sus cálculos.

Los físicos teóricos suelen ser los autores de los grandes libros de física. Lógico, ¿no?, tienen un montón de tiempo libre. Los teóricos tienden a ser arrogantes. Durante mi reinado en el Fermilab prevenía solemnemente a nuestro grupo teórico contra la arrogancia. Al menos uno de ellos me tomó en serio. Nunca olvidaré la "oración" que, un día, escuché salir de su despacho: "Dios mío, líbrame del mal de la arrogancia. Y, Señor mío, con la palabra arrogancia me refiero a lo siguiente…"

Los teóricos pueden ser seres humanos cálidos y entusiastas [antes ha contado alguna anécdota en que mostraba que pueden ser ferozmente competitivos]
con quienes los físicos experimentales (que no somos sino fontaneros y electricistas) adoramos conversar y aprender. He tenido la gran fortuna de poder disfrutar de largas conversaciones con alguno de los mejores teóricos de nuestro tiempo: el último Richard Feynman, su colega del Cal Tech Murray Gell-Mann, el tejano Steven Weinberg y mi cómico rival Shelly Glashow
Y, por fin, el significado del título del apartado (que ya se empezaba a ver venir)…
Por supuesto, los teóricos suelen compartir una parte de mérito indebida por los descubrimientos. La secuencia "teórico, experimentador, descubrimiento" ha sido comparada, en ocasiones, por esta otra, "granjero, cerdo, trufa". El granjero lleva al cerdo hasta la zona donde puede haber trufas. El cerdo las busca con gran diligencia. Al fin, localiza una, y justo cuando se la va a comer… el granjero se la quita.
La interpretación gráfica del párrafo la hace, con una gracia sin par, el Dr. Álvaro de Rújula, físico del CERN. ¡Y eso que él es un físico teórico! Jejejeje. ¡Qué puñetero!










  • Granjeros --> teóricos (Einstein, por ejemplo)
  • Cerdos --> físicos experimentales (o sea, los que se pegan el gran curro y hacen el payaso dejando que otros se lleven los laureles)
  • Trufas --> el tan preciado descubrimiento

Y todo esto me recuerda un poco a la relación que existe entre ciencia básica y tecnología (≈ ciencia aplicada, aplicada).

La cita que ha suscitado la "conversación" con mi colega es esta:

"La ciencia y la tecnología no son sinónimos, pero la ciencia inspira las hazañas creativas de la tecnología, que nos conmueven como las obras de arte."
James Loveloc

Es cierto que la cita parece anteponer ciencia a tecnología.
Es cierto, como dice mi amigo, que la frase inversa también debe ser considerada cierta. Como él dice, el hierro se descubrió antes de saber nada de la teoría atómica… Y el acero y tantas y tantas cosas. Así que sería totalmente justo reconocer que, aproximadamente, la mitad de las veces es la tecnología la que inspira a la ciencia. De acuerdo al 100%. Sin discusión posible.

A mí me gusta más la cita de Loveloc que la inversa porque, aún no despreciando para nada la tecnología, ¡siento debilidad por la ciencia básica! La prefiero, es cuestión de gustos. Creo, además, que como cita que puede hacer reflexionar cumple su función.