sábado, 13 de octubre de 2007

Lederman (10): el misterioso Sr. Higgs

Las partículas del modelo estándard electrodébil. © Fermilab.

Aún no han aparecido en este blog los personajes que muestra la figura. Hoy se presenta en esta nanocomunidad el bosón de Higgs. Justamente el que menos comprendo pero que, como indica claramente la figura, ocupa un lugar central en la teoría del Modelo Estándard.

Por cierto que esta figura daría para pintar una camiseta de física bien chula (aunque no definitiva, ¡je!)









Hace mucho tiempo, mogollón de personas morían de "fiebres". Hoy sabemos que dicho término engloba tropocientas enfermedades… Pero la cosa no ha cambiado tanto: las personas seguimos utilizando conceptos "comodín" para enmascarar nuestra ignorancia. Por ejemplo, denominamos "esclerosis múltiple" o "enfermedad de Parkinson" a lo que, muy probablemente sean varias enfermedades que comparten síntomas; la multiplicidad de sus evoluciones clínicas parecen indicarlo.

Los físicos cuánticos, por su parte, hacen lo propio: cuando no cuadra algo introducen una cosa que llaman campo escalar :-)

A mí, lo del campo de Higgs me parece la leche. Pero si lo pienso un poco me doy cuenta de que es porque NO lo entiendo (ni lo podré entender dado mi nivel matemático actual, mi nivel de ignorancia y mi edad). Es decir, por una especie de envidia rabiosa. Al fin y al cabo más ad hoc que los postulados de Bohr…

Pero voy a lo que voy. Aún dentro de mi ignorancia, cuando leo algo como lo que seguirá me animo un poco. Es la habilidad de la buena divulgación: te hace sentir un poco más feliz aún siguiendo sin entender el "conce-to" (como decían los presentadores del podcast "A través del Universo").

Así que,
si no comprendéis qué es el campo de Higgs, no os hagáis ilusiones, vais a seguir en las mismas. Pero, espero, más contentos. Además, si sois profes o tenéis hijos/as de nivel avanzado les podréis contar esta historia y no quedar al nivel del betún…

El capítulo anterior de esta saga (al que hacía referencia el post Lederman 9) acababa así:
¿Qué o quien obstruye nuestro camino en la búsqueda de la camiseta definitiva?

Para poder completar el trabajo que iniciaron los griegos debemos considerar la posibilidad de que nuestra presa ande dejando pistas falsas. Como los espías en las novelas de John le Carré, los físicos experimentales deben tenderle trampas. Esto puede forzar al delincuente a exponerse.
El siguiente (el misterioso Sr. Higgs) cuenta…
En eso están los físicos de partículas [construyendo el LHC, un acelerador de 27 km de circunferencia] con el que pretenden atrapar al villano.

Y, ¡menudo villano! El mayor de todos los tiempos. Creemos que hay un ente fantasmagórico por todo el universo que nos impide conocer la verdadera naturaleza de la materia…

A esta barrera invisible que nos impide conocer la verdad la llamamos "el campo de Higgs". Sus helados tentáculos llegan a cada rincón del universo, y sus implicaciones científicas y filosóficas excitan y ponen la piel de gallina a los físicos.

El campo de Higgs ejecuta su magia negra por medio de una partícula: el bosón de Higgs. Él es la razón número uno para construir grandes aceleradores como el LHC, los únicos con energía suficiente para producir y detectar el bosón de Higgs. Este bosón ocupa un papel tan importante en la física actual, tan crucial para nuestra comprensión de la estructura de la materia, es tan escurridiza que se le ha dado el apodo de "la partícula divina" (the God particle).

¿Por qué la partícula divina? Dos razones. La primera, el editor no nos dejó llamarla "the Goddam particle", "la puñetera partícula" [¡Gracias mil a Roger por su ayuda en la traducción de este fragmento!], un nombre más que adecuado dada la naturaleza malvada de la villana buscada y los grandes gastos económicos que está exigiendo su captura.

Y la segunda: existen conexiones con una historia contenida en un libro, uno MUY antiguo…
The God particle, Leon Lederman

El libro muy antiguo es la Biblia. Pero eso será para otro día.

¡Ep! Pero tenéis que estar contentos: hemos comprendido por qué el magnífico libro del señor Lederman se titula así: the God particle.