domingo, 4 de noviembre de 2007

Lederman (11): la torre y el acelerador




















El de hoy es un post con referencias a algunos mitos fundamentales en la mitología y en la ciencia. Eso significa, hablando en plata, que:
  • vale la pena dedicar un tiempo extra a leer los enlaces propuestos (y los propuestos por la Wikipedia y …). Eso sí, no sigas "hasta el infinito y más alla" porque, como verás, la cosa puede no tener fin…
  • considero esos mitos "parte" de la ciencia ya que, cada vez más, entiendo a ésta como un fragmento de la cultura misma. Esto puede suponer un "problemilla" para los amantes de la ciencia que gustamos de pensarla como una verdad absoluta, independiente de todo el entorno socio-cultural. Pero, como mucho, podemos considerarla una incrustación en la cultura (a modo de piedra preciosa, por escasa y valiosa). Aún así siempre habrá sido tallada por mentes embebidas en una cultura determinada que, en definitiva, suelen dejar referencias a sus mitos y cánones, a sus formas de pensar: las marcas de dicha cultura.
No me olvido del Dr. Lederman, no. Es que me disperssssssssso…
Nos andaba explicando cositas del misterioso Sr. Higgs y el por qué llama al bosón de Higgs, "the God particle". Acababa haciendo referencia a un libro muy antiguo…

Así que continua transcribiendo unos párrafos de la Biblia donde se cuenta la historia de la torre de Babel [Génesis 11:1-9]. Si no conoces esta bella metáfora te recomiendo que la leas (es una pena que muchos jóvenes no hayan leído la Biblia, una fuente de referencias i-n-m-e-n-s-a en nuestra cultura) el link anterior de la Wikipedia está bien y transcribe el párrafo correspondiente.
Hubo un tiempo, hace muchos milenios, mucho antes de que estas palabras hayan sido escritas, en que la naturaleza hablaba un lenguaje único. En todos los lugares la materia era la misma –bella en su elegante e incandescente simetría. Pero, a lo largo de eones, ha sido transformada, dispersada por todo el universo adoptando muchas formas distintas, confundiéndonos a quienes vivimos en este planeta normalito que gira alrededor de una estrella mediocre.

Ha habido momentos en que la aventura del conocimiento racional del mundo ha progresado rápidamente, los avances abundaban y los científicos estaban llenos de optimismo. En otros la confusión reinaba. Los períodos de mayor confusión fueron momentos de crisis intelectual y de incomprensión y parecían profetizar la llegada de importantes avances.

En las pasadas décadas la física de partículas se ha encontrado en un período de tal tensión intelectual que la parábola de la torre de Babel parece adecuada.

[Condenso un poquillo, que creo que ya se ve por dónde van los tiros]

Los físicos de partículas (con sus grandes aceleradores) están siendo ayudados, desde no hace mucho, por los astrónomos y astrofísicos (con sus grandes telescopios) en la búsqueda de los residuos del Big-Bang, el momento de incandescente simetría del que habla el Dr. Lederman al principio de su intervención de hoy:

Ambos grupos van progresando hacia un modelo simple y coherente que lo explicaría todo: la estructura de la materia y la energía, el comportamiento de las fuerzas en entornos que abarcan desde los primeros momentos del universo, con sus elevadísimas temperatura y densidad, hasta el mundo que observamos, relativamente frío y vacío.

Estamos tratando amablemente, quizás demasiado, el tema de una fuerza que nos es adversa, algo que parece impregnar todo el espacio en que se mueven planetas, estrellas y galaxias. Algo que aún no podemos detectar pero que parece estar ahí para ponernos a prueba y confundirnos.

¡Jo! Esto me recuerda muchísimo a la idea de éter, que se cargó el experimento de Michelson-Morley. Muchísimo. Por mucho que digan que es un campo escalar y tal… ¡Pensar que los griegos y anteriores ya andaban a vueltas con la idea! ¡Cada vez me parecen más modernos los presocráticos & Co! Hablaremos de ellos pero, de momento, me referiré a un señor que, aunque es bastante posterior (año 137), podría parecer que tiene poco de moderno. ¡Quita, quita! Se llamó Basílides (¡atentos los futuros padres en busca de nombres para sus hijos! ;-), y puede considerársele el inventor de la teoría inflacionaria del Big-Bang. Decía:
Érase una vez cuando no había nada, ninguna entidad. En palabras sencillas no había na de na. Cuando no había nada, ni materia, ni substancia, ni no-substancia… ni hombre, ni ángel… ni Dios… entonces, un NO-ser Dios sin conciencia ni percepción, ni plan, ni propósito, ni afecto, ni deseo, deseó hacer un mundo (digo "deseó" por expresarlo de alguna manera, pero me refiero a un acto involuntario, irracional e inconsciente). Por "mundo" no me refiero al mundo del espacio y el tiempo, que vino después, sino al germen de un mundo. Y esta semilla lo contenía todo en su interior… en potencia.
De manera que un NO-ser Dios creó un NO-ser mundo a partir de la nada, de acuerdo con la moderna teoría del Big-Bang –tal y cómo nos dijo el Dr. Álvaro de Rújula :-)

¡Cada vez veo más claro que no debe pasar un año sin haber leído o releído algo clásico!: me parecen una buena cura contra la arrogancia científica, que no puedo evitar que me siga tentando infinitamente… ¡Bellísimos, los clásicos y la ciencia!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues eso mismo me pasó hace pocos meses (quizá un año) cuando leí un artículo donde se demostraba que había rutinas cerebrales relacionadas con el razonamiento previas al desarrollo del pensamiento racional, que son comunes en todos los humanos.
Platón y Descartes deben removerse en sus tumbas.
Jordi Mariachet