sábado, 13 de octubre de 2007

Psicoanálisis

El psicoanálisis me parece más interesante que a la mayoría de mis mejores amigos, a los que más respeto… Es cierto que el empecinamiento de Freud por considerar su teoría psicoanalítica 100% científica también me parece irritante. Pero creo que ello no la invalida totalmente; ni mucho menos a la práctica psicoanalítica. Sí teoría y práctica no son lo mismo, diferenciaba mi psicoanalista con frecuencia. Nunca, pero aún menos en el caso del psicoanálisis.

Primero fue la práctica, la observación o, mejor, la escucha observadora del malestar humano. Freud era una persona extraordinariamente cultivada y muy inteligente. Así que no me extraña su intento (deseo, diría él) de llegar a una teoría capaz de explicar su praxis. Se me antoja un intento muy valioso y valiente. Muy ambicioso. Seguramente demasiado, incluso para él. Pero me quedo con el calificativo de valioso.

Señalo aquí que sus primeros pasos caen enteramente dentro del método científico. Por ejemplo, siendo médico de formación, observó que muchas formas de parálisis que veía en su consulta no podían deberse a una anomalía fisiológica real. Hablando de una mano totalmente paralizada:

"…Un daño neurológico real puede inmovilizar por completo ciertos dedos, pero no la muñeca. O puede hacer que se pierda la capacidad de emplear el pulgar, pero sin afectar lo más mínimo a los otros dedos. Pero cuando una parálisis se apodera de toda una parte del cuerpo, de toda las reticulaciones neurales diferenciadas, no es la fisiología sino la psicología la que debe consultarse…"

No, esto no lo ha escrito Freud. Pero escribió cosas de este estilo. Virtualmente idénticas. Estaba perfectamente atento a los progresos que realizaba Santiago Ramón y Cajal en la ciencia neurológica. No utilizo un texto del propio Freud porque este post ha sido suscitado por la novela que ando leyendo, "La interpretación del asesinato" de Jed Rubenfeld.

Freud obtuvo "éxitos" y "fracasos". Prefiero hablar de "éxitos" que de curaciones; me parece menos discutible. Por ejemplo, no creo exagerado calificar de éxito (aún sin comillas) el hecho de que un dentista te apacigüe ese dolor de muelas brutal que llevas días (seguro que no más de dos ;-) soportando, con un antibiótico. Aún cuando no te haya extraído el diente foco de la infección (la causa) me gusta considerarlo un éxito parcial, momentáneo pero muy muy importante para el paciente (reconozco que mucho menos para su vecino).

Todos sabemos que el malestar psíquico es terrible. Aún unas cuantas horas de lo que denominamos mal rollo duelen de lo lindo. Así que la práctica psicoanalítica me parece perfectamente válida si a uno le apacigua el dolor del alma.

Ya he dicho que la teoría tampoco me parece algo a desechar. No es que la conozca en profundidad ni nada por el estilo pero lo poco que conozco tiene su punto. A veces es muy bonita y pienso que ha influido en nuestra cultura mucho más de lo que se admite.

Así que, ahí va el arranque de la novela que ando leyendo. El segundo párrafo me parece una bonita hiper-síntesis de la teoría psicoanalítica:
"No hay misterio en la felicidad.

Los hombres infelices son todos parecidos. Alguna herida de hace mucho tiempo, algún deseo denegado, algún golpe al orgullo, algún incipiente destello de amor sofocado por el desdén –o, peor aún, por la indiferencia–, se aferra a ellos, o ellos a lo que les hizo daño, y así viven cada día en un sudario de ayeres."

PD: El señor Jed Rubenfeld, el autor de la novela, hizo su tesis doctoral en la universidad de Princenton sobre Sigmund Freud. Así que las dosis de realidad (que por lo que llevo leído, parecen elevadas) que se entretejen con la ficción son muy precisas. ¡Sí señó!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es de agradecer el esfuerzo que haces en tu blog para difundir cosas tan dispares como Lehman y el psicoanálisis. Esto demuestra por tu parte una gran capacidad de síntesis. De todos modos, y a pesar de tu gran esfuerzo, ahórrate los dineros del psicoanalista y pasa por el confesionario. Con todo el cariño...una admiradora solícita...

Luis dijo...

En efecto el psicoanálisis, tal y como lo he experimentado, tiene una componente empobrecedora: la económica :-) Ya hace (casi) dos años que lo dejé, cuando el esfuerzo de ir a Barcelona me supuso un esfuerzo. Pero la experiencia me resultó muy interesante. Visto en retrospectiva, aquella inversión en "movimiento de tierras interiores" me valió la pena… Con los confesionarios me pasó algo similar: fué más económico (en dinero, no en tiempo. ¡Y eso que el psicoanálisis NO se caracteriza por su economía en el tiempo!) pero perdí algo por el camino y dejó de funcionar… Visto en retrospectiva: fue intenso pero no refrescante:

"El psicoanálisis es algo muy parecido a estar desnudo en público. En cuanto superas la humillación inicial, es bastante refrescante."
Jed Rubenfeld, La interpretación del asesinato