miércoles, 14 de noviembre de 2007

Feynman (1)

Dos libros muy majos sobre Richard P. Feynman. "¿Está Ud. de broma…?" se publicó primero y está muy bien. El segundo tiene una parte (medio libro) que se me hizo pesada porque se refiere a un tema muy concreto. El resto también me gustó mucho. El fragmento del final pertenece a él y muestra su total accesibilidad, la forma, el fondo…















Aprovecharé la coyuntura para hablar de un científico que me encanta,
Richard P. Feynman.

La coyuntura: hace unos días tuve el placer de ver una obra de teatro aquí en Esparreguera que se titula "QED" (de Quantum ElectroDynamics) en la que el protagonista encarnaba a Feynman, que nos contaba algunos puntos reseñables de su biografía. Por otra parte, en el próximo post se le cita. Además no es la primera vez que aparece en este blog (ver Lederman (8): cerdos, granjeros y trufas). Ni la última, seguro…

De hecho un espacio, aunque sea virtual, en el que se hable algo de física ES una coyuntura suficiente (pero no necesaria) para hablar de este señor. Su importancia como físico está fuera de toda duda: premio Nobel, etc.

Pero me apetece destacar uno de sus lados más especiales, su faceta didáctica. Es un lado bien conocido por todos aquellos que leen sobre ciencia. Se han publicado bastantes cositas de él. Está bien.

Lo que no comprendo mucho es porqué, en estos tiempos en los que se habla infinitamente (puede ser que siempre insuficientemente) de didáctica, los
estudiantes de física "avanzados" y, aún más, aquellos que la explican no vuelven repetidamente a su libro de texto "lectures on physics".

Tres volúmenes (reconozco que sólo he leído y revisitado el primero, el que me resulta más próximo por la materia que he explicado durante mi vida profesional y por mi competencia en el campo de la física). Existe traducción en castellano. Las dos ediciones que conozco –una de ellas era bilingüe– son feas de narices pero, aún con eso, muy valiosas (¡ojo!, no se trata de libros divulgativos sino de texto; nivel: de primero de carrera de ciencias en adelante). Cualquier día os pongo un ejemplo.

Por hoy me limito a un fragmento de su libro "¿Qué te importa lo que piensen los demás?"
. Primer capítulo: "Así se hace un científico".
"Tengo un amigo pintor; a veces sostiene opiniones que no comparto. Toma una flor y te dice, «Mira qué hermosa es», y yo me muestro de acuerdo. Pero entonces añade, «Yo, como pintor que soy, puedo ver cuan hermosa es una flor. En cambio tú, como científico, la analizas y haces pedazos, y su belleza se esfuma».
A mí me parece que está un poco chiflado.

Ante todo, la belleza que él ve está al alcance de otras personas, y también de mí, estoy seguro. Aunque es muy posible que estéticamente yo no sea tan refinado como él, sé apreciar la belleza de una flor. Pero, al mismo tiempo, veo en la flor mucho más que él. Puedo imaginarme las células de su interior, que también tienen una cierta belleza. Pues no sólo hay belleza a la dimensión de centímetros; existe igualmente belleza en dimensión mucho menor. Están las complicadas acciones de las células y otros procesos. El hecho de que el colorido de las flores haya evolucionado con el fin de atraer insectos que las polinicen es interesante: comporta que los insectos pueden ver los colores. Lo cual plantea una cuestión: ¿existe también en los seres inferiores el sentido estético que nosotros poseemos? Del conocimiento de la ciencia emanan toda clase de preguntas interesantes, que aportan a la flor misterio, excitación y sobrecogida admiración. La ciencia siempre suma. No se me alcanza cómo puede restar.

Ya desde niño he sido muy parcial en lo tocante a la ciencia. Cuando era más joven concentré en ella casi todo mi esfuerzo. En aquellos tiempos no tenía tiempo, ni tampoco mucha disposición, para aprender lo que se conoce por «humanidades». A pesar incluso de que había en la universidad cursos de humanidades, que era preciso aprobar para graduarse, hice todo cuanto pude por escapar de ellos. Sólo más tarde, más maduro y relajado, me he dispersado un poquito. He aprendido a dibujar y he leído un poquitín, pero la verdad es que sigo siendo una persona muy polarizada y lo que sé no es gran cosa. Mi inteligencia es limitada y yo la utilizo en una dirección concreta.

Antes de nacer yo, mi padre le dijo a mi madre, «Si es chico, será científico» (1).
(1) A pesar de este prejuicio de que sólo los chicos pueden llegar a científicos, Feynman tiene una hermana menor, Joan, que es doctora en física.

Siendo yo un mocosuelo muy pequeñín, sentadito en mi silla alta, mi padre trajo a casa un montón de baldosines de cuarto de baño, de diversos colores. Jugábamos con ellos. Mi padre los colocaba verticalmente, como dominós, y yo derribaba el de un extremo para ver cómo se caían todos. Después, pasado algún tiempo, yo le ayudaba a colocarlos. Muy pronto estuvimos disponiéndolos de formas más complicadas: dos losetas blancas y una azul, dos blancas y una azul, y así sucesivamente.
Cuando mi madre vio aquello, dijo: «Deja en paz al pobre niño. Si le apetece poner una azul, que la ponga.»

Pero mi padre dijo, «No, quiero hacerle ver cómo son las regularidades y lo muy interesantes que son. Es una especie de matemática elemental».

Así que comenzó muy pronto a hablarme del mundo y de lo interesante que es.

Teníamos en casa la Enciclopedia Británica. De pequeño, mi padre solía sentarme en sus rodillas y leerme fragmentos de la Británica. A lo mejor estaba leyéndome sobre los dinosaurios. La enciclopedia hablaba por ejemplo del Tyrannosaurus rex, y decía algo así como, «Este dinosaurio tiene siete metros y medio de alto y su cabeza, un metro ochenta de ancha.»
Entonces mi padre interrumpía la lectura y decía, «Bueno, veamos ahora qué significa eso. Quiere decir que si el dinosaurio estuviera en el jardincito que hay delante de casa, sería lo bastante alto para meter la cabeza por nuestra ventana, aquí arriba». (Estábamos en el segundo piso.) «Pero la cabeza sería demasiado ancha para entrar por el hueco».
Procuraba traducir a alguna realidad todo cuanto me leía.
Resultaba apasionante y muy, muy interesante, pensar que hubiera animales de semejante magnitud, que todos hubieran muerto y que nadie supiera por qué. A mí no me daba miedo el que a consecuencia de esto pudiera llegar uno hasta mi ventana. En cambio, aprendí de mi padre a traducir; en todo cuanto leo procuro averiguar lo que de verdad significa, lo que realmente se está diciendo.

Solíamos ir a los Montes Catskill, que era un lugar frecuentado por la gente de Nueva York durante el verano. Los padres de familia tenían todos que volver a la ciudad, a trabajar, y sólo pasaban allí los fines de semana. En los fines de semana, mi padre me llevaba de paseo por los bosques y me contaba las muchas cosas interesantes que ocurrían en ellos. Cuando las otras madres vieron aquello, les pareció algo maravilloso y pensaron que los demás padres deberían también llevar a sus hijos de paseo. Trataron de convencerles, pero al principio no consiguieron nada. Entonces quisieron que mi padre se llevase a todos los chiquillos, pero él no aceptó, porque tenía conmigo una relación muy especial.
La cosa acabó en que los otros padres tuvieron que sacar de paseo a sus hijos el fin de semana siguiente.

El lunes, después de que todos los padres hubieran vuelto al trabajo, nosotros los niños estábamos jugando en un campo. Uno de los chicos va y me dice, «¿Ves aquel pájaro? A ver, ¿qué clase de pájaro es ése?»
Yo respondí, «No tengo la menor idea de qué clase de pájaro es ése.»
Y el otro dice, «Es un tordo petimarrón. Tu padre no te enseña nada!»

Pero era exactamente lo contrario. El ya me había enseñado: «¿Ves aquel pájaro?», me decía. «Es un gorgeador de Spencer.» (Yo sabía ya que él no conocía su verdadero nombre.) «Bueno, en italiano es un Chato Lapittida. En portugués, un Bon da Peida. En chino, es un Chunlontah, y en japonés, es un Katano Tekeda. Puedes conocer el nombre de ese pájaro en todos los idiomas del mundo, pero cuando termines de aprendértelos no sabrás absolutamente nada del pajarillo. Tan sólo sabrás algo acerca de los humanos de diferentes lugares: cómo le llaman al pájaro. Así que observemos el pájaro y veamos qué está haciendo, eso es lo que importa. (Aprendí muy pronto la diferencia entre el nombre de algo y saber algo.)
Me decía, «Por ejemplo, fíjate: el pájaro está constantemente picando entre sus plumas. ¿Ves cómo hace, ves que va caminando y al mismo tiempo picándose el plumaje?»
«Sí.»
Y entonces me preguntaba, «¿Por qué piensas que los pájaros se picotean entre las plumas?»
«Bueno», respondía yo, «a lo mejor es que se les desordenan al volar, y luego vuelven a colocárselas con el pico.»

«Muy bien», me decía, «Si así fuera, se picarían las plumas justo después de haber estado volando. Entonces, después de haber estado un rato posados en el suelo, ya no se las picarían tanto. ¿Entiendes lo que quiero decir?»
«Sí.»
«Fijemos a ver si se picotean más cuando se posan en el suelo.»
Era difícil de decir: no parecía haber mucha diferencia entre los pájaros que llevaban un ratito andando por el suelo y los que acababan de aterrizar. Así que dije, «Me rindo. ¿Por qué se pican los pájaros las plumas?»
«Porque les molestan los piojos», me contesta. «Los piojos se comen los copos de proteínas que se desprenden de las plumas.» Y continuó, «Cada piojo tiene en las patas una sustancia cerosa, que sirve de alimento a otros ácaros más pequeños. Los ácaros no pueden digerirla. por completo, por lo que emiten por su extremo posterior una sustancia parecida al azúcar, donde se crían bacterias.»
Finalmente me dice, «Así que ya ves, allí donde hay una fuente de sustento hay alguna forma de vida que la descubre y la aprovecha.»

Ahora, yo sabía que tal vez no fueran exactamente piojos lo que tuviera el pájaro, que tal vez no fuera del todo exacto que en las patas del piojo se criasen ácaros. Esa historia era, probablemente, incorrecta en detalle, pero la explicación era correcta en principio.

En otra ocasión, siendo yo mayor, arrancó una hoja de un árbol. Tenía esta hoja un defecto, algo en lo que no solemos fijarnos. La hoja daba la impresión de estropeada; tenía una pequeña línea marrón en forma de C, que arrancaba más o menos del centro de la hoja y se dirigía hacia el borde formando un rizo.
«Fíjate en esta línea marrón», me dice. «Es estrecha al principio, y se va ensanchando conforme avanza hacia el borde. La causa de esto es una mosca, una mosca azul, de ojos amarillos y alas verdes, que ha venido y ha puesto un huevo en esta hoja. Después, cuando el huevo hace eclosión, sale una larva (un ser parecido a una oruga), que se pasa toda la vida comiéndose esta hoja porque en ella es donde encuentra su comida. Conforme se la va comiendo va dejando en pos un rastro de hoja comida. Y al crecer la larva, el rastro se ensancha, hasta que crece al tamaño máximo cuando llega al extremo de la hoja, donde se convierte en una mosca una mosca azul, de ojos amarillos y alas verdes que se aleja volando y pone un huevo en otra hoja»

Lo mismo que antes, yo sabía que los detalles no eran exactamente correctos podía incluso haber sido un escarabajo pero la idea que estaba tratando de comunicarme era la parte amena de la vida: que toda ella consiste en la reproducción. Poco importa cuan complicado sea el asunto, ¡lo fundamental es hacerlo otra vez!.

Careciendo yo de experiencia con muchos padres, no me daba cuenta de lo muy notable que era el mío. ¿Cómo pudo aprender los principios profundos de la ciencia y adquirir el amor por ella, lo que se encuentra tras ella, el por qué de su valor y su importancia? Nunca se lo pregunté, porque daba por supuesto, sencillamente, que ésas eran cosas que los padres sabían."
Otro día, más de Feynman.

2 comentarios:

Juan dijo...

Hola, Luis. Cómo estás? Soy Juan, de Mates, de El Cairat.
Estaba "chafardeando" en tu blog, cuando se me ocurrió recomendarte el blog http://blocs.xtec.cat/ieselcairat/
Se trata de un blog para que lo consulten alumnos de 3r d'eso, tutores y demás gente de mal vivir.
Si miras en: Categories/Lectures/Cosmos, ... te llevarás una sorpresa (aunque sé que eres malo, Luisito, te traigo de regalo un regalito).

Salu2,
juan.

Luis dijo...

Lo de mi maldad, ¡habladurías! :-p
El regalito… ¡muchas gracias! ¡Fabuloso! Ligeramente eclipsado por otro que me hicieron unas horas más tarde.
¿Me mandas tu dirección? ¿jjimene3@xtec.cat?