domingo, 10 de febrero de 2008

Avito Carrascal, again

"Porque a la naturaleza le complace la sencillez, y no gusta de la pompa de las causas superfluas."
Isaac Newton, Principia, libro III




Esta especie de mapa conceptual me gusta una barbaridad y, me temo, que a Don Avito y compañía también. Mira qué dicen:


— Hay quien cree que llegará a hacerse hombres en retorta, por síntesis químicoorgánica –se atreve a insinuar Sinforiano, que está matriculado en Ciencias naturales.

— No digo que no, porque el hombre, que ha hecho los dioses a su imagen y semejanza, es capaz de todo; pero lo indudable es que llegará a hacerse genios mediante la pedagogía sociológica, y el día en que todos los hombres sean genios... –engúllese una nuez.

Era un mapa conceptual que solía utilizar en clase por varias razones:
  • Permite comprender que a las cosas hay que darles SU tiempo (en general mucho, como al estudio, por ejemplo). Otro día igual os plantifico un rollo al respecto…
  • Contiene la esencia del concepto de ingrediente. En el caso de la física de partículas y la química, es un tema crucial el conocer los ingredientes básicos o elementales de todo. Tampoco voy a esto, aunque te parezca mentira. Jejeje.
  • Contiene la idea de evolución… No voy a eso…
  • Es un punto de vista muy científico… que puede considerarse basado en esta bella sentencia newtoniana: "Porque a la naturaleza le complace la sencillez, y no gusta de la pompa de las causas superfluas." Isaac Newton, Principia, libro III
Da pie a hablar de elefantes (materia inteligente) y de seres humanos (materia, a veces, culta), de esa capacidad tan especial, única y diferenciadora, que tienen estos últimos para "comentar la naturaleza" e incluso "hablar de ellos mismos".

En esencia, el mapa conceptual lo derivé del texto siguiente:
La cuestión que se nos plantea ahora es la siguiente. Supongamos que usted prefiere ser un creador infinitamente perezoso: ¿cuál es la especificación mínima que puede hacer? ¿Es realmente necesario tomarse la molestia de especificar unas cien clases diferentes de átomo? ¿Es posible especificar un simple puñado de cosas, las cuales, si existen en las cantidades apropiadas, conducen primero a elementos y luego a elefantes? ¿Puede la totalidad del universo llevarse de nuevo a una sola cosa que, si se especifica de forma apropiada, conduzca inevitablemente a los elefantes? ¿Podría usted (siendo infinitamente perezoso) evitar, de hecho, especificar y hacer incluso eso? Si pudiera (y nos faltará poco para ver que sí puede), no habría ningún papel para usted en la creación de su universo.

A estas alturas, nuestra tarea ya debería ser clara. Debemos embarcarnos en el camino del cero absoluto de participación creativa en la creación, el cero absoluto de intervención. La única pista que tenemos al empezar es que la respuesta final será casi seguramente de extrema sencillez, puesto que sólo lo que es perfectamente sencillo puede nacer mientras todos los agentes duermen (o están ausentes). Esto induce a pensar que deberíamos examinar el universo en busca de las huellas de su sencillez subyacente. Al buscarlas, debemos recordar siempre que la complejidad del comportamiento y la apariencia pueden ser ilusorias, y que lo que percibimos como complejidad puede ser el resultado de cadenas de sencillez.

Aquí es donde empezamos. La única fe que necesitamos para el viaje es la creencia de que todo puede entenderse y, en el fondo, no hay nada que explicar.

Nuestra apreciación de la naturaleza del universo proviene de nuestra capacidad de fijarnos en las cosas que contiene, observarlas y reflexionar sobre ellas. Nos fijamos, por ejemplo, en que todo está hecho de la misma materia. Los animales comen plantas y beben ríos. Las plantas comen montañas. Cuando mueren, los animales contribuyen a la formación de montañas posteriores y de otras plantas. Las montañas brotan de planetas que son las acreciones de los detritos de estrellas muertas. Todo está hecho de la misma materia, y cuanto más lejos miramos, menos probable parece que en alguna parte intervenga alguna materia diferente. Somos polvo galáctico y polvo galáctico volveremos a ser.
Cómo crear el mundo, Peter W. Atkins

¡Me parece muy bonito! Pero no me acaba de gustar porque creo que induce a un optimismo algo bobo. La materia culta es algo maravilloso pero también parece ser la única capaz de fastidiarlo todo. No me gusta perder de vista esta posibilidad: desde luego resta poesía a la idea pero… Y si no, lee las ideas que don Avito proyecta experimentar con un futuro hijo:
— Pero ¡qué teorías, don Avito! –prorrumpe sin poder contenerse el matriculado en Ciencias naturales.

— Usted sabe, Sinforiano amigo, cómo hacen su reina las abejas?

— No, todavía no hemos llegado a eso...

— Entonces no sé si debo... porque el método...

— ¡Oh, sí, sí, don Avito, sí!, ¡qué teorías!, qué teorías!

— Pues es el caso que cogen un huevecillo cualquiera de hembra, uno cualquiera, uno como los demás, fíjese bien en esto, Sinforiano, un vulgar huevecillo de hembra, y mediante un trato especial y régimen de distinción, alimentando a la larva con pasta real o regia, mediante una acertada pedagogía abejil o, si hemos de hablar técnicamente, melisagogia, sacan de él la reina...

La ciencia está a años luz de dominar el comportamiento no ya de la materia culta, ni de la inteligente, sino de la viva e incluso la inerte… El punto de partida de la ciencia debe ser el de "no hay nada que no pueda explicarse, y todo es extraordinariamente sencillo". Pero como dice Jorge Drexler, "la vida es más compleja de lo que parece."