viernes, 2 de mayo de 2008

Caramelos lógico-literarios

Hoy, un par de caramelos. Dulces –divertidos, en este caso– y que quiero que sirvan para defender, con el humor que los autores ponen como ingrediente refrescante, la lógica, esa tecnología mental en peligro de extinción (y que, cuando se haya extinguido definitivamente: ¡que se vayan preparando linces ibéricos y demás!).

Primero uno con sabor a Álvaro Cunqueiro. Que nos cuenta de un buen comedor de caramelos, ¡precisamente!:
"… se tragó lo que quedaba del caramelo de café con leche. Lo chupaba muy bien, haciéndolo girar sobre la muela postiza de la izquierda, redondeándolo, y cuando lo lograba esférico, lo pasaba los dientes y allí le daba forma de huso; luego, con la lengua lo sujetaba al paladar, y lo iba lamiendo a pocos, hasta que le daba fin."
Para que se tratase de un texto actualizado habría, quizás, que intercambiar lo de la "muela postiza" por algo más moderno que incluyese algún implante de titanio. Pero –¡observa la atemporalidad de las matemáticas!– las formas esenciales (esfera; esfera-tendiendo-al-fin, o sea, a cero) permanecen… ;-p

El segundo caramelo tiene un deje amargo. Y es que, aunque sigo afirmando que quiero que este blog sea, al menos, más-bien-alegre, nunca van mal unas buenas instrucciones para llorar. Y siendo de Julio Cortázar, para qué decir más…
Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con el decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Pues eso…