jueves, 12 de junio de 2008

Ortega y Gasset (años 20)

El fragmento que voy a colocar en el post de hoy puede que sea algo sesudo. ¡Pero es que me gusta mucho! ¡Mucho, mucho!
Es de Ortega y Gasset. Me lo envió un buen amigo.
No he leído nada de Ortega y Gasset (aunque al menos sé que no se trataba de dos personas ni de un bufete de abogados ;-)
Prometo ponerme a solucionar el problema rápidamente. No es tan fácil: mi ignorancia es notablemente extensa y, a cada paso que doy, montones de lagunas reclaman, con toda justicia, "un poquito de por favor".
Ya he traído a colación, alguna vez, en este blog, a Freud. Al muy denostado Freud; que tan interesante me parece a mí. En el fragmento no se le cita pero "su invento" de la idea de inconsciente como agente potenciador/inhibidor del "deseo" campa a sus anchas por sus líneas. Me parece delicioso.
"El sumo error, desde el Renacimiento hasta nuestros días, fue creer —con Descartes— que vivimos de nuestra conciencia, de aquella breve porción de nuestro ser que vemos claramente y en que nuestra voluntad opera.

Decir que el hombre es racional y libre me parece una expresión muy próxima a ser falsa. Porque, en efecto, poseemos razón y libertad, pero ambas potencias forman solo una tenue película que envuelve el volumen de nuestro ser, cuyo interior ni es racional ni es libre. Las ideas mismas de que la razón se compone nos llegan hechas de un fondo oscuro, enorme, que está situado debajo de nuestra conciencia.

Parejamente, los deseos se presentan en el escenario de nuestra mente clara como actores que vienen ya vestidos y recitando su papel, de entre los misteriosos, tenebrosos bastidores. Y como sería falso decir que un teatro es la pieza que se representa en su iluminado escenario, me parece, por lo menos, inexacto decir que el hombre vive de su conciencia, de su espíritu.

La verdad es que, salvo esa somera intervención de nuestra voluntad, vivimos de una manera irracional que desemboca en la conciencia, oriunda de la cuenca latente, del fondo invisible que en rigor somos.

Por eso el psicólogo tiene que transformarse en buzo y sumergirse bajo la superficie de las palabras, de los actos, de los pensamientos del prójimo, que son mero escenario. Lo importante esta detrás de todo eso. Al espectador le basta con ver a Hamlet, que arrastra su neurastenia por el jardín ficticio. El psicólogo le espera cuando sale por el foro y quiere conocer, en la penumbra de telones y cordajes, quién es el actor que hace de Hamlet.
Es natural, pues que busque los escotillones y rendijas por donde deslizarse a lo profundo de la persona.

!Tiene razón Shakespeare! !Nuestra vida esta hecha con la trama de los sueños! "
Y, ya de paso, aprovecho para recomendaros una comedia que vi el otro día. Se titula "The treatment". La relación paciente-psicoanalista es central en ella. La conseguí subtitulada en castellano… ¡Y la música es de mi bien amado John Zorn!