martes, 17 de junio de 2008

Química poética

A cargo de Rafael Alberti…
De sus memorias, "La arboleda perdida".

El día que su tía Lola decidió dirigir su vocación pictórica, le dio una lámina para que la copiase, sus colores, etc. Y le dijo que tenía que comprar aguarrás (por aquello de limpiar los pinceles y diluir el óleo).
¡Aguarrás! ¡Aguarrás! ¡Qué agua tan extraña! Nunca la había oído.

A la mañana siguiente, salí temprano en su busca, pensando mucho en el ras misterioso que colgaba del agua aquella, recomendada por mi tía. Y, bajo su mirada, tan exigente como buena, pinté en pocas horas el carmen de las orillas del Darro, asombrado de los poderes mágicos del aguarrás para limpiar los pinceles y extender, suavemente, el óleo por la tabla.