domingo, 12 de octubre de 2008

Shakespeare y la ciencia

Ando leyendo a Shakespeare. Una obra a la semana. Una dosis que me resulta adecuada para no morirme de risa (si leo una de sus comedias), de pena (si una de sus tragedias) o por sobredosis de belleza (siempre).

¿Cómo es que aún no ha aparecido por este blog? Ganas no han faltado en ningún momento pero es que la cosa se ha puesto muy trágica.

Comencé en plan cronológico (más o menos, porque el orden exacto en que escribió sus obras no es seguro). El caso es que al principio abundaban las comedias… Pero, por miedo a cansarme antes de acabar mi proyectillo, di un gran salto hasta sus grandes obras. Me ubiqué en Hamlet y, de ahí en adelante: Noche de reyes, Troilo y Crésida, Medida por medida, Otelo, A buen fin no hay mal principio… ¡Todas muy muy bien! Pero ya no son comedias: me dejan un sabor que va de amargo a MUY amargo, de tristeza, que me engancha con facilidad y que, ya dije, no quiero que aparezca demasiado (si no nada) por este blog. Mejor, cuando os apetezca una dosis de hiperrealidad, leed y releed a Shakespeare:

Ningún escritor occidental, ni ningún autor oriental que yo pueda leer, iguala a Shakespeare como intelecto, y entre los escritores incluyo a los principales filósofos, a los sabios religiosos y a los psicólogos, de Montaigne a Freud pasando por Nietzsche.
Harold Bloom, "Shakespeare, la invención de lo humano"

Pero me apetece resaltar cómo Shakespeare incluso estaba al tanto de los conocimientos que la ciencia moderna (inaugurada hacía poco) iba aportando a la humanidad.

Por ejemplo, Timón de Atenas es un decepcionado por "sus amigos" que acaba siendo un odiador de la humanidad entera. En un momento en que anima a unos ladrones a que sigan con su oficio poniendo ejemplos de que todos roban, dice:

El sol es un ladrón, que al mar inmenso con su atracción extraordinaria roba. Es la luna ladrona empedernida que arrebata del sol la tibia lumbre. Es un ladrón el mar, pues a la luna con sus liquidas ondas llanto arranca. Es ladrona la tierra, que se nutre y que procrea con robadas heces de universal estiércol. Todo roba: las leyes, que os azotan y os refrenan con áspero poder, roban sin tasa.

Qué pasada, ¿no? Desde los efectos gravitatorios de Sol, hasta lo que podría ser una dura y actual crítica a la corrupción, pasando por cómo lo que muere es integrado por el suelo para general nueva vida o por el hecho de que la luna no es una fuente luminosa primaria, sólo refleja la luz del sol. Y, sí, es la luna la que roba al mar y no al revés.

Ahí va otra. Edmundo es el malo malísimo de la obra El rey Lear. ¡Y listo!, lo que hace que su maldad sea terrorífica y precisa. Mirad cómo, en un momento dado, se refiere despectivamente a lo que hoy llamamos astrología:

¡Admirable necedad de las gentes! Afligen nuestra vida dolencias causadas casi siempre por un hartazgo de nuestra intemperancia, y culpamos de nuestros males al sol, a la luna y a las estrellas como si fuéramos malvados por necesidad; insensatos por conjunciones celestiales; pícaros, ladrones y traidores por el predominio de las esferas; beodos, mentirosos y adúlteros, por inevitable sujeción al influjo planetario, y todo lo que hay de malo en nosotros, por disposición divina. ¡Excelente escapatoria para un maestro putañero, poner su cabría condición a cargo de alguna estrella!

En fin, que lo de malo malísimo no era un decir. Incluso es perfectmente consciente de que él es el único responsable de su maldad y no los horóscopos.