sábado, 6 de diciembre de 2008

Movimiento perpetuo (II): algunas apreciaciones energéticas

Al hilo del post anterior y los comentarios sobre energía que hice hace un tiempo hoy voy a tontear con la idea de movimiento perpetuo.

En física, existe un concepto anidado en una de sus ramas –la termodinámica– que es el de movimiento perpetuo de primera especie. En esencia, se trata de una máquina o aparato que, una vez puesto en marcha, seguiría en funcionamiento para siempre (eternamente, perpetuamente) sin consumir energía. Es un aparatejo que se ha intentado construir repetidamente. Sin éxito, porque es imposible: violaría ¿el primer? título de la constitución de la naturaleza. Ese primer título es tan importante que hasta tiene nombre propio: el primer principio de la termodinámica. Y el tribunal constitucional de la naturaleza es tan eficiente que emite y ejecuta sus sentencias automáticamente: ningún móvil perpetuo de primer especie funciona. Y punto.

El primer principio de la termodinámica es una forma de expresar la conservación de la energía: cualquier "aparatuqui" que realiza alguna acción (un trabajo que modifica la energía de un objeto) requiere que se le alimente con, al menos, la misma cantidad de energía. Es el clásico "nadie da duros a tres pesetas" que se convierte en "la naturaleza nunca da duros a tres pesetas".
[De hecho, la cosa aún es más borde porque la segunda ley de la termodinámica dice que "la naturaleza ni siquiera te dará tres euros a tres euros; siempre te cobrará "gastos de gestión". Sí, los bancos parecen haberse inspirado en la segunda ley…]

Pero una ley tan draconiana no le quita ni un pelo de diversión a ver intentos de máquinas de este tipo y averiguar de dónde extraen su energía, o por qué van a fallar. Ni le quita un pelo de belleza a la cita del Sr. Augusto Monterroso, por mucho que en términos absolutos no pueda ser cierta. ¡Es igual!: en términos relativos es bien cierta.

Así, movimiento "perpetuo" debe poder referirse a este ir y venir de ideas ("infinitas veces" pensadas por otros) que ocupa mi cerebro durante lapsos de tiempo minúsculos (comparados con la edad del universo ;-), insignificantes… pero que, a veces, se me hacen largos de co'h'ones.