miércoles, 29 de julio de 2009

Imposturas intelectuales

Estos días pienso dar la murga un poco porque ando leyendo al muy breve, muy excitante y muy divertido Augusto Monterroso. En un escrito que titula "Yo sé quién soy" le da por hablar de las llamadas que recibe de amigos señalándole errores en sus (no muy frecuentes) escritos cada vez que publica algo. Así que se pone a hablar de "errores, erratas y francas equivocaciones".

El caso es que, en un momento dado, escribe sobre "lo oscuro", los pasajes de un texto difíciles de comprender…
"En cuanto a la oscuridad, ¿no hace pensar a muchos que lo que no entienden es más valioso que lo que se les ofrece por el lado de la sencillez y la claridad? Si un error oscurece tal párrafo convirtiéndolo en algo misterioso y, por consiguiente, atractivo, ¿no es mejor dejarlo tal cual? A cierta señora que le señaló que un texto suyo le parecía algo oscuro, Mallarmé le contestó que sí, que en efecto debía oscurecerse un poco más."
El párrafo, escrito por Monterroso, me lo tomo cómo una de sus ironías. Y me divierte de lo lindo. Y me trae a la cabeza una conferencia que padecí hace poco y un libro que disfruté hace bastante.

Ni recuerdo ni quiero acordarme del nombre del conferenciante: me pareció algo horroroso, una especie de científico loco metido a gurú espiritual que encandiló a buena parte de la sala mezclando en su discurso-alucinatorio todos los términos físicos que a la gente le suenan: campos, ondas, gravitación cuántica… ¡Yo que sé! ¡Todo! A mí me pareció un farsante de tomo y lomo. Y sí, se hinchó de vender libros a la salida. Libros que, presuntamente, explicaban lo que había querido decir. Joé, ¡no me extraña que la gente los comprase para ver si pillaban algo de lo dicho! ¡Ah! y, durante el fin de semana, podías hacer una especie de "curso-master de ampliación".

El libro, "Imposturas intelectuales" de Alan Sokal y Jean Bricmont surgió
"en su investigación de la ya famosa broma por la que uno de nosotros publicó, en la revista norteamericana de estudios culturales Social Text, un artículo paródico plagado de citas absurdas, pero desgraciadamente auténticas, sobre física y matemáticas, tomadas de célebres intelectuales franceses y estadounidenses.
.../...
Tras mostrar esa recopilación a amigos científicos y no científicos, nos fuimos convenciendo (lentamente) de que quizá valiera la pena ponerlo al alcance de un público más amplio Queríamos explicar, en términos no técnicos, por qué las citas son absurdas o, en muchos casos, carentes de sentido sin más; y queríamos también examinar las circunstancias culturales que hicieron posible que esos discursos alcanzaran tanta fama sin que nadie, hasta la fecha, hubiera puesto en evidencia su vaciedad."

Cuando Alan Sokal reveló su broma se produjo
"una pequeña tempestad en determinados círculos intelectuales. Según Jon Henley en The Guardian , demostramos que la filosofía francesa actual es una sarta de bobadas». Según RobertMaggiori en Libération, somos unos científicos pedantes y sin sentido del humor que se dedican a corregir errores gramaticales en cartas de amor."
En el prólogo de su libro, dicen:
Nos gustaría explicar brevemente por qué ambas caracterizaciones de nuestro libro son erróneas y responder tanto a nuestros críticos como a nuestros seguidores superentusiastas. Queremos, en definitiva. deshacer unos cuantos malentendidos.
.../...
Pero, ¿qué es exactamente lo que sostenemos? Ni demasiado ni demasiado poco. Mostramos que famosos intelectuales como Lacan, Kristeva, Irigaray, Baudrillard y Deleuze han hecho reiteradamente un empleo abusivo de diversos conceptos y términos científicos, bien utilizando ideas científicas sacadas por completo de contexto, sin justificar en lo más mínimo ese procedimiento quede claro que no estamos en contra de extrapolar conceptos de un campo del saber a otro, sino sólo contra las extrapolaciones no basadas en argumento alguno, bien lanzando al rostro de sus lectores no científicos montones de términos propios de la jerga científica, sin preocuparse para nada de si resultan pertinentes, ni siquiera de si tienen sentido. No pretendemos con ello invalidar el resto de su obra, punto en el que suspendemos nuestro juicio.

Se nos acusa a veces de ser científicos arrogantes, pero lo cierto es que nuestra visión del papel de las ciencias duras es más bien modesta. ¿No sería hermoso (precisamente para nosotros, matemáticos y físicos) que el teorema de Godel o la teoría de la relatividad tuvieran inmediatas y profundas consecuencias para el estudio de la sociedad? ¿O que el axioma de elección pudiera utilizarse para estudiar la poesía? ¿O que la topología tuviera algo que ver con la psique humana? Pero por desgracia no es ése el caso.
Al leer el libro quedaba claro que alguien que para explicar, por ejemplo, qué es un tornillo se pone a utilizar conceptos avanzados de mecánica cuántica, o lo está haciendo fatal o es un impostor. En ambos casos la cuestión de "qué es un tornillo" quedará inexplicada. ¡Vade retro!

¡Claridad, por favor, claridad! que bastante confuso es el mundo.

Aquí, si tienes la suerte de entender el inglés, un video del nada arrogante Alan Sokal.
Aquí, una recensión bastante pormenorizada del libro.