martes, 4 de agosto de 2009

La vaca de Augusto Monterroso (II)

La metamorfosis de Gregor Mendel

Había nacido en Heinzendorf, en la Silesia austriaca, el 27 de julio de 1822. Sus padres lo bautizaron Johann, Johann Mendel; pero era evidente, aunque sólo lo mostró más tarde, que las mutaciones le gustaban, y así, mudó su nombre de pila por el de Gregor cuando en 1843, a los veintiún años de edad, ingresó al monasterio agustino de Brünn, en Moravia. Fue ordenado sacerdote en 1847. Sin embargo, en su retiro se interesó más en las cosas de la Tierra que en las del Cielo, en donde, como se sabe, todo cuanto es lo es eternamente y permanece idéntico a sí mismo por siempre jamás.

Su curiosidad ante los fenómenos del mundo terrenal lo inclinó a estudiar las ciencias físicas, químicas, matemáticas y botánicas de su época; pero las pésimas notas que lograba en biología y geología le impidieron a lo largo de su vida ser profesor universitario. Esta aparente desgracia resultó benéfica, toda vez que lo condujo, fuera de las aulas, a reparar en cosas no vistas por ningún otro hasta aquel momento. Sus descubrimientos de las primeras leyes de la herencia permitieron más tarde a otros estudiosos fundar la ciencia genética. Pasado el tiempo, estos sabios hallaron con asombro que el buen Gregor querido por todos y ya muerto sin ninguna fama había llegado a iguales conclusiones que ellos treinta y cuatro años antes.

A través de sus espejuelos de delgadísimo aro de plata, Gregor proceso, como se diría ahora, miles de datos obtenidos durante muchas horas y días y meses de observación minuciosa de cuanto ser vivo encontrara a su alcance, ya fueran los guisantes del jardín del convento, los perros que en las mañanas lo saludaban con entusiasmo dando brincos a su alrededor, o las huidizas cucarachas que en la cocina terminaron por acostumbrarse a su mirada escrutadora pero inofensiva, y para la cual, tanto ellas, como los perros o los guisantes, eran diferentes de un día a otro, de minuto en minuto.

Todo cambia, en efecto, y todo se transforma, por leyes biológicas o del azar. Y también, que es lo que ahora me interesa, por causa de la distracción o el descuido.
¿No te parece magnífica esta breve biografía de Mendel?
En ella me parece que vuelve a incidir en la idea de "todo es cambio", que tan bellamente expresaba en un trocito que colgué en el post anterior. Allí lo hacía al hablar de la inter-acción siempre cambiante, "libro-lector". ¿Y aquí? Pues parece que a tenor de las leyes de la herencia…
[Ello ya tiene algo de chocante puesto que la leyes biológicas de la herencia hablan del mantenimiento o constancia de ciertos rasgos.]
Pero, ¡no! Ya lo dice bien clarito: va a hablar de los cambios producidos por distracción o descuido. ¡Se intuye algo divertido!

Y entonces, después de dejar claro que está perfectamente justificado que él se ponga a hablar de cucarachas:
"Siendo yo un buen amigo de las moscas y otros seres parecidos, y habiendo publicado, por mi parte, un libro de fábulas con animales de todas clases como protagonistas…"
se dedica a contarnos un error literario.

El Sr. Monterroso andaba leyendo con gusto un libro sobre expresiones inglesas que incluyen nombres de animales "It's Raining Cats and Dogs and Other Beastly Expressions, título cuya traducción libre vendría a ser entre nosotros algo menos bestial: Llueve a cántaros." En dicho libro se encuentra con el error: la autora, hablando de La metamorfosis de Kafka llama a su protagonista Gregor Mendel, cuando en realidad se llamaba Gregor Samsa. Y el Sr. Monterroso no perdona y, generoso, nos deleita con unas cuantas líneas:
"…para mí fue una sorpresa toparme de pronto entre sus páginas con nuestro ya viejo amigo Gregor Mendel, casi convertido, no por las leyes de la herencia sino por las del error o el distraimiento, en una de mis protagonistas más queridas del reino animal, mía y de Franz Kafka, en la entrada CUCARACHA.

«CUCARACHA —asegura Christine Ammer en la página 234 de la edición de bolsillo de su manual—. Una peste doméstica en el mundo entero, la humilde cucaracha fue hecha famosa por dos escritores del siglo veinte de posición muy distinta. El escritor checo Franz Kafka transformó a Gregor Mendel, protagonista de su novela La metamorfosis, en una cucaracha desde el comienzo de su relato, quien a partir de ahí vio el mundo desde esa perspectiva sombría y angustiosa».

Después de esto, el otro escritor del siglo veinte que anuncia Christine ya no viene al caso; pero es bueno imaginar lo que habría pensado el viajante de comercio Gregor Samsa, el verdadero protagonista de La metamorfosis kafkiana, y si su angustia habría sido menor, o mayor, si al despertar aquella mañana, después de un sueño intranquilo, se hubiera encontrado convertido ya no en un «monstruoso insecto» sino en el apacible monje austriaco Gregor Mendel."
Y, por si fuera poco, apuntilla su escrito con otra delicia:
"Las mentes literarias fueron anteriores a las científicas; pero con el tiempo unas y otras se entremezclan, en forma natural o por injerto, se confunden y terminan por volverse una sola. En mi primera juventud leí los Recuerdos entomológicos de Henri Fabre como literatura, y el relato de su búsqueda de escarabajos me fascinó casi tanto como las novelas de Alejandro Dumas, quien a su vez convertía la historia en materia novelística…"


¡Bestial!
[Creo que al Sr. Monterroso podría gustarle el adjetivo]
A partir de un escrito de tres paginitas de nada el Sr. Augusto (un nombre más que adecuado para él) me incita a volver a indagar en un montón de autores e ideas: en el "todo fluye" del siempre cambiante pero constantemente moderno Heráclito, en la metamorfosis de Kafka y un dificilmente acabable etcétera. Todo ello consiguiendo que no se me borre una sonrisa de la boca.