domingo, 13 de septiembre de 2009

Saul Bellow y los especialistas (II)

Ya he hablado del tema "ciencia básica vs ciencia aplicada" pero la página del CERN es un buen lugar dónde puedes leer algún artículo que permite comprender la GRAN importancia de la ciencia básica, aquella que parece no servir para nada porque carece de aplicaciones directas o inmediatas. El CERN es un lugar dónde incluso yo quedé impresionado y desbordado por la magnitud del montaje. Allí lo espontáneo es que a uno le venga a la cabeza la pregunta de ¿porqué gastar tanto dinero en todo esto? ¿Realmente sirve para algo? Así que es más que normal que dediquen un (sub)espacio en su espacio-web a hablar de la cuestión (sí, también a defender el modo en que allí se ganan la vida).

Repito. ¿Realmente sirve para algo todo ese montaje? Sí, “seguro” que sí. Siempre ha sucedido así. Ello, desde luego, no garantiza que vuelva a ser así; pero se trata de una hipótesis más que razonable.

Todo esto me venía continuamente a la cabeza mientras leía "Mueren más por desamor". El personaje central de la novela es un botánico genial del que ya os conté algo en un post anterior y que a mí me resulta entrañable. Cuenta de él su sobrino (el narrador):
“La ciencia aplicada no constituía su campo, como tampoco la agronomía ni la genética. Hay en el Negev investigadores que trabajan con algas de elevado contenido proteínico. Lo que parece fango puede salvar a la población hambrienta de Chad o de la India rural. Mi tío no tenía una orientación tan provechosa. La postura que adoptó ante las plantas no puede comprenderse si no se toman en cuenta sus actividades imaginativas. Aquello a considerar es un judío que se introduce en el reino vegetal y estudia hojas, cortezas, raíces, flores, corazoncillos, por lo que representan en sí mismos. Había un elemento druídico en todo ello. Él no adoraba las plantas, por supuesto, sino que se limitaba a contemplarlas. También hay que describir qué se entiende por contemplación; él veía el interior de las planta o miraba a través de ellas.”
O sea, un científico genial. Realmente genial. Eso le hace vivir en una especie de mundo paralelo (que, en la práctica, lo hace muy vulnerable al mundo convenional; recuerda que ya hablé de los científicos como damnificados… Pero no por ello deja de ser humano:

"[Yo había ido con mi tío] para completar mi educación, para absorber [de él] ciertos poderes esenciales, y en ese momento me di cuenta de que él recurría a mí en busca de ayuda. En aquellos aspectos en que era maestro, no necesitaba a nadie, por supuesto. Era uno de esos tipos especiales que están bien hasta que se introducen en la vida ordinaria. Una vez en la corriente, son incapaces de seguir sin protección."

"…aún era una persona de resonancias insólitas, aún era una figura superior, posiblemente uno de esos Ciudadanos de la Eternidad, un ser misterioso, un misterio que él, tal vez, proyectaba sobre las plantas. Sí, la botánica. La botánica era el gran tema. Sin embargo, tenía un rival, la sexualidad femenina. No podía desentenderse de las mujeres. Cuando viajaba alrededor del mundo, su camuflaje profesional eran las raíces, las hojas, los tallos y las flores, pero, realmente, había una fuerza rival de gran potencia. Parte de su Eros se había desligado de las plantas para pasarse a las chicas. ¡y qué chicas! ¡Un ave fénix que corre tras los incendiarios!, fue mi sorprendente y espontáneo pensamiento. Carbonizado, reencarnado de las cenizas. Y, después de todo, cada retorno del deseo es una forma de reencarnación. Ya que cuando el deseo parte, ningún hombre puede tener la certeza de que alguna vez regresará. Es como el poema de Yeats: «He muerto muchas veces, muchas veces he vuelto a renacer».

"Era un individuo auténticamente superior, susceptible, por supuesto de tener debilidades humanas e incapaz de gobernar sus necesidades sexuales, o, para ser más preciso, sus anhelos de amor; pero aun entonces yo podía extraer del banco de mi memoria personal esas horas maravillosas en que, gracias a su influencia, no solo respiraban mis pulmones, sino también mi mente. Algunos de sus poderes de ver me habían sido transmitidos. Eso veía. Y se me hacían visibles muchos de los motivos de mi tío."
Como dice mi mejor amigo, Bellow trata continuamente de la desubicación (del descoloque) del ser humano en un mundo moderno que cambia demasiado rápido. En esta novela en particular, de un hombre (masculino) en dicho mundo, donde la liberación de la mujer le cae encima como una segunda losa, dejándole con sus instintos a la altura del betún. Por si fuera poca la dosis de desubicación, se trata de un ser humano masculino y científico. ¡¡¡NO!!! De un ser humano, masculino y científico teórico.