jueves, 24 de septiembre de 2009

Saul Bellow y los "pesaos" (II)

Me preguntaba en el post anterior: ¿un pesado no es más que una persona que habita un mundo de intereses paralelo al nuestro?

Muchas veces; pero creo que no siempre: a mí los temas de los que trata Benn Crader me interesan, pero no obstante me parece un "pesao". Como botón, una muestra:

"También conviene tener en mente que mi tío era un instrumento muy afinado que él mismo ejecutaba. Con cuerdas tan tensas, la exhibición era inevitable. La supercortesía mitigaba la molestia que imponía a los demás, sus oyentes. Una ingenuidad y una energía como las suyas eran compulsivas. Por ejemplo, abre un frasco de vitaminas durante la cena y su acompañante le pregunta qué son. Él empieza a describir los estudios avanzados sobre el cáncer que se realizaron en Valhalla, Nueva York, y la teoría de los «radicales libres», neutrones peligrosos que se liberan durante el proceso metabólico causando, probablemente, tumores malignos. Esas vitaminas maravillosas dilatan los capilares de la glándula próstata y evitan que se inflame. Le habían curado una uña que llevaba años astillada. (Trata de enseñársela a la dama, pero la llama de la vela está demasiado débil.) Un curioso efecto secundario, prosigue, es que las vitaminas estimulan el crecimiento de las bacterias intestinales causando cierta hinchazón. El remedio para eso consiste en seguir el ejemplo de los primates superiores cuyos tractos digestivos son maravillosamente similares a los nuestros y cuya dieta de fibras mantiene limpios los intestinos... Lamentando haber hecho la pregunta, la señora espera que ese excitable bodrio termine su conferencia. Otra ofrenda no deseada."

Bueno, hablando en serio, hay un tema fundamental sobre la pesadez que sobrepasa el asunto de los intereses comunes y que es mucho más esencial al ser humano. Saul Bellow habla de él en su libro de una manera genial.

Creo que la primera vez que quiere referirse a ello lo hace hablando del diario que un almirante escribió mientras permanecía aislado en el Polo Sur con unos cuantos compañeros. Allí se enfrenta, sin escapatoria posible, a la literalidad del ser humano, a cada uno de sus compañeros sin disfraz alguno, cada uno con los "ropajes mentales" "de siempre", tal y como son. Allí uno no tardaba en descubrir la "simplicidad" de cada ser, sus manías y sus recovecos. Allí uno no tardaba en aburrirse de cada ser. De experimentar la pesadez (no la gravitatoria, no) de cada uno. Repetititititivamente.


La cosa tiene su miga y su gravedad, especialmente aplicada al tema del amor:

"Muchos pensadores modernos coinciden en que el secreto del amor es la «sobreestimación». También para Rousseau se trataba de un engaño del que las sociedades libres no pueden prescindir. Bajo todo esto está otra vez el descubrimiento que realizó el almirante Byrd en el Polo Sur. Allí los hombres se calaban los unos a los otros.

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Bueno, es una pena que todo ese asunto del amor haya sido desacreditado, desmitificado -dije-. Durante largo tiempo, el mundo hizo promesas de amor a los jóvenes: «Todo saldrá bien». Era un timo, una traición. y ahora, naturalmente, las mujeres están furiosas y se han vuelto contra él. En cuanto a los hombres serios, también tienen que preguntarse: «Y nosotros ¿qué demonios estamos haciendo aquí?». Comprendo que se entre en el mundo del amor; comprendo, quiero decir, que para la gente práctica la justificación es el comercio: zapatos, vestidos, bolsos, joyas, pieles, peinados, cosméticos. Y no olvidemos la psiquiatría; hay tanto dinero en eso... Cualquier cosa menos el amor mismo, puesto que las naturalezas que podrían amar están demasiado desequilibradas para hacerlo. Las personas con «modelos de papel a desempeñar» o «autoimágenes» no llegan porque están fabricadas o construidas.

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Lo horrible de la observación que el almirante Byrd hizo sobre sus compañeros en la Antártida era su literalidad. Esa literalidad, desde un punto de vista sexual, resulta mortífera. Cuando se convierte en asunto de extremidades, miembros y órganos, Eros se enfrenta a la aniquilación."

Aunque no lo parezca, Bellow consigue hacer reir (al menos a mí) hablando de temas tan serios de una forma tan amarga. Pero para verlo tendrás que leer su novela: no sé extraer el humor contenido en su rabia de inadaptado al medio.


Aunque, ahora que lo escribo…

Puede que el origen del título del libro muestre algo de la chispa. Un periodista llama a Benn, como experto en botánica, para preguntarle sobre los efectos en las plantas del accidente de la central nuclear de Chernobil. Él, muy reflexivo sobre su situación amorosa, resume y finaliza su conversación con el "Mueren más por desamor" que titula el libro. A lo largo del texto, Bellow va trayendo a colación e ironizando sobre el tema:

"Es una suposición segura que son más los que mueren de desamor que por radiación atómica. Sin embargo, las masas no se movilizan contra el desamor ni se hacen manifestaciones contra este en las calles."

Otro día, más.