lunes, 5 de octubre de 2009

Bellow y los tiempos modernos

Que el mundo cambia demasiado rápido como para poder adaptarse me parece un tema central en las dos novelas que he leído de Saul Bellow. Una muestra bastante clara:
"-Me pregunto qué es lo que causa estos problemas -dije-. Tal vez un orden de otros tiempos, presunciones de una época diferente. Como si uno aún se valiese de un buey para cultivar la tierra. Figúrate en un estado como Nebraska, tú arando con tu buey mientras tus vecinos, sentados en sus máquinas de cien discos, se mueren de risa al ver tu anticuado esfuerzo.
-Para lo que yo lo necesito, su avanzada tecnología no me sirve de más ayuda que el buey."

En efecto, la tecnología no ayuda a comprender los asuntos del amor (que son los que tienen enredado a Benn el botánico) de los que la humanidad se ha ocupado y preocupado desde siempre.

Más lamentable es que la tecnología sí debiera ayudar a hacer mejor cine pero, mira por donde, no suele ocurrir (aunque el otro día vi "Distrito 9" y me encantó. Siempre gloriosas, las excepciones).
"-No es más que un baño interior de adrenalina. Si los personajes tratasen de explicar lo que ocurre, no los oirías por el sonido de la locomotora, de los reactores, de la respiración pesada, las sirenas y las pistolas, y hasta el niño tiene juguetes que crujen mientras los adultos maquinan. Se elimina la lógica del comportamiento, no existe coherencia alguna. Las personas gastadas, arrasadas, parecen merecer la muerte. Pertenecen al mundo subterráneo, así que a quién le importa. .../...
Hay una explosión, y fuego. También debe de haber sido un malvado, de modo que, ¿para qué tomárselo a pecho?
.../...
El espectador se ve afectado fisiológicamente, bombea más adrenalina, pero lo único que resulta afectado es la fisiología: no hay juicio, solo la respiración, las pulsaciones, la tensión sanguínea; si uno es más sensible, salpullido. Y eso es todo."

Y, por acabar hoy, ahí va un pequeño ejercicio de ironía y mala leche Bellowniana:
"La forma de cambiar para mejor consiste en empezar diciéndoselo a todo el mundo. Uno hace el anuncio. Repite sus intenciones basta que otros empiezan a repetirlas. Cuando uno se las oye a los demás, puede decir: «Sí, yo también pienso lo mismo». Cuanto más repites la intención, más verdadera se vuelve. La clave es la fluidez de la formulación."

¡Qué razón tiene –como saben perfectamente muchos (demasiados) políticos!