viernes, 31 de agosto de 2007

Lederman (3): emoción y esfuerzo

Bueno, no sé si hay alguien allí leyendo… Si es así, este bonito fragmento debe ser leído, al menos, un par de veces. Creo que deja claro la dosis de esfuerzo que la ciencia exige (la vida, diría yo, te dediques a lo que te dediques, si quieres "hacerlo bien"). Y la desazón con que frecuentemente nos regala. Pero no hay que olvidar una de las frases finales "debe haber alegría en las actividades diarias"…

Ganar el Premio Nobel fue emocionante. Pero nada comparado con la increíble excitación que nos embargó en el momento en que comprendimos que nuestro experimento había sido un éxito.

Hoy, los físicos sienten las mismas emociones que los científicos han sentido durante siglos. La vida de un físico está llena de ansiedad, dolor, dificultades, tensión, ataques de desesperanza, depresión y desánimo. Pero se encuentran puntuados por flashes maravillosos de risas, alegría y exultación. Estas epifanías tienen lugar en momentos impredecibles. A menudo son generadas por la súbita comprensión de algo nuevo e importante, algo bello, que alguien ha revelado. Pero, si usted es mortal, como la mayoría de científicos que conozco, los momentos más dulces son, con diferencia, cuando uno descubre un nuevo hecho del universo. Es sorprendente lo a menudo que eso sucede a las 3 de la madrugada, cuando estás solo en el laboratorio y averiguas algo profundo, y eres consciente que ningún otro ser humano sabe lo que tú sabes. O al menos eso esperas. Por supuesto, te apresurarás a decirlo a todo el mundo tan pronto como puedes. Este paso se denomina "publicar".
Este es un libro que muestra una serie de momentos infinitamente dulces que los científicos han experimentado los últimos 2500 años. Han permitido acceder a lo que sabemos sobre qué es el universo y cómo funciona. Pero el dolor y la depresión también forman parte de la historia.
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Sin embargo, los científicos no pueden depender de esos "momentos Eureka" para llenar su vida. Debe haber alegría en las actividades diarias. En mi caso, mi diversión consiste en diseñar y construir aparatos que nos enseñaran cosas de tan abstracto tema [se refiere, claro, a la física de partículas].
Leon Lederman, The God particle

jueves, 30 de agosto de 2007

Lederman (2): la carretera de la ciencia fundamental

Ahí va una bonita metáfora sobre el concepto de ciencia básica y ciencia aplicada (Tecnología?). ¡Ojo! porque en lo que se denomina ciencia básica cabe hablar de físicos teóricos y experimentales, una diferencia que en próximas entregas nos irá aclarando el Dr. Lederman. Los físicos experimentales NO serían tecnólogos (aunque, desde luego, se aproximan a ellos)…

Para el profano, la característica más sobresaliente de la física de partículas quizás sea su equipamiento, la instrumentación. Me uní a la aventura cuando los aceleradores de partículas comenzaban a madurar. Dominaron la física las cuatro décadas siguientes y todavía lo hacen.
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La ciencia es una carretera con destino a la ciudad en la que todo se sabe y comprende, donde todos sus habitantes, incluso su alcalde, saben cómo funciona el universo. Muchos han seguido y siguen esta ruta: Demócrito, Arquímedes, Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Faraday, hasta llegar a Einstein, Fermi, etc.
La carretera se estrecha unas veces y se hace amplia otras; atraviesa largos parajes en los que no sucede nada (como la ruta 80 hacia Nebraska) y zonas llenas de curvas, de gran actividad. Existen desvíos muy tentadores con sus grandes carteles anunciadores: "ingeniería eléctrica", "química", "telecomunicaciones" o "materia condensada". Quienes tomaron esos desvíos han cambiado la forma en que habitamos el planeta. Pero aquellos que siguen La Carretera se dan cuenta que el indicador de todos los desvíos dice lo mismo. "¿cómo funciona el universo?". Es en La Carretera donde uno se va encontrando los aceleradores de partículas.

Leon Lederman, The God particle

Sólo un comentario. El final de la carretera era el lugar donde iba a instalarse el SSC (superconducting supercolider). Como el proyecto se canceló, no creo que el Sr. Lederman tuviese inconveniente en modificarlo y poner "CERN (Ginebra)". Dado que Burger King's hay por todos los lados, el chiste de la penúltima parada podría mantenerse. Jejeje.

jueves, 23 de agosto de 2007

Lederman (1)

En 1961 Leon Lederman realizó un experimento que pasó a ser la piedra angular para lo que se conoce como Modelo estandard. En 1988 recibió el Nobel. Todos se preguntaban por qué tardaron tanto en reconocerle. Él decía a su familia que fueron tan lentos porque no conseguían decidir por cuál de sus grandes aportaciones premiarle ;-)

Así que, como el libro va de física de partículas, el señor es competente en el tema.

El libro fue editado en 1993 así que hay pequeñas cuestiones desfasadas : habla del SSC (Supercolisionador superconductor; proyecto ya cancelado), etc. Por lo demás, una joya…

Paso a la demostración…

Este libro está dedicado a un problema, al problema que ha confundido a la ciencia desde la antigüedad. ¿Cuáles son los constituyentes últimos de la materia? El filósofo griego Demócrito llamó a dichos constituyentes átomos (literalmente, "que no se puede cortar"). Este á-tomo no es aquel sobre el que se estudia en los institutos, como el hidrogeno, helio, litio, y así hasta el uranio y más allá. Estos son
enormes, entidades complejas para los estándares actuales (incluso para los de Demócrito). Para un físico, incluso para un químico, tales átomos son verdaderos contenedores llenos de pequeñas partículas –electrones, protones y neutrones. A su vez, neutrones y protones son recipientes llenos de personajes aún más pequeños.
Queremos saber los objetos más primitivos que existen y comprender las fuerzas que controlan su comportamiento social. Son éstos, los á-tomos de Demócrito, no los de tu profesor de química, la esencia de la materia.

La materia que actualmente vemos a nuestro alrededor es compleja. Hay alrededor de un centenar de elementos químicos. El número de combinaciones útiles de los mismos puede estimarse, es una cantidad inmensa: del orden de miles de millones. La naturaleza utiliza esas combinaciones, llamadas moléculas, para construir planetas, soles, virus, montañas, cheques, el Valium, agentes literarios, y otras cosas útiles. No siempre fue así. En los primeros momentos tras la creación del universo en el Big-Bang, no existía materia compleja como la que vemos actualmente. Ni núcleos, ni átomos, nada que no fuesen las piezas más sencillas. Esto era debido al calor abrasador del universo primigenio que no permitía la formación de objetos complejos; si uno de tales objetos se formaba en una colisión fortuita, se descomponía inmediatamente en sus constituyentes primitivos. Quizás existía un único tipo de partícula, una fuerza –incluso una partícula/fuerza unificada– y las leyes de la física. En esta entidad primordial estaban contenidas las semillas de la complejidad, a partir de las qué los seres humanos nos hemos desarrollado, quizás primariamente, para pensar en temas como este. Puede que encuentres el universo primordial aburrido, pero para un físico de partículas… ¡menudos momentos! ¡Qué belleza, qué simplicidad, visualizada nebulosamente con nuestras especulaciones!!

Un libro maravilloso: the God particle


El libro en cuestión es de divulgación científica y está escrito por Leon Lederman (Nobel de física en 1988). Si has sido bueno y has leído los enlaces anteriores, a estas alturas sospecharás que el libro puede ir de física de partículas. Y sí, aunque de hecho trata de muchos temas –casi tienta decir "de todos los temas posibles en física"–, su meollo es ése.

El Dr. Lederman es de una lucidez que me impresiona y muy muy divertido: un digno sucesor de Richard Feynman (con un pero que el Dr. Lederman no excusaría que se dejase de comentar: Lederman es un físico experimental y Feynman fue un físico teórico).

Así que voy a ir traduciendo trocitos de este libro que me parece fundamental para todo amante de la ciencia.

Iré titulando los fragmentos "Lederman (i)" siendo i un número natural.

¡Que aproveche! Y, si os gusta lo que leéis, no dejéis de comprarlo: ¡no tiene desperdicio! Además está el tema de mi competencia traductora… Pero no os quiero deprimir… Podríais pensar "Manolete, Manolete, si no sabes torear pa que te metes". Y tenéis razón: la osadía y la ignorancia suelen formar una pareja letal. Pero "¡calla, connio! que yo tampoco me quiero deprimir…"