miércoles, 26 de septiembre de 2007

Lederman (8): Cerdos, granjeros y trufas

¿Hay alguien ahí?
[Hipótesis: sí, alguien]
Hola, "alguien".

El post de hoy
(el del Dr. Lederman, es decir, el que vale la pena, el que va en azul…) es bastante largo. Así que, con la lógica que me caracteriza, voy a hacerlo más largo aún.

Ello se debe a que, ya que es el que tocaba, pienso utilizarlo para contestar a un colega profesor de tecnología y que, a lo mejor, ha podido sentirse agredido (ideológicamente, claro) por mis opiniones.

Empieza el Dr. Lederman.
En el campo de la física de partículas están los físicos teóricos y los experimentales. Yo pertenezco a esta última especie. En general, la física progresa gracias a la interacción entre ambas divisiones. La eterna relación amor-odio entre teoría y experimento está presidida por una especie de marcador de goles. ¿Cuántos descubrimientos prácticos han sido predichos por la teoría? ¿Cuántos han sido una completa sorpresa? Por ejemplo, el positrón (electrón positivo) fue anticipado por la teoría, como el pión, el antiprotón y el neutrino. Pero el muón, el leptón tau y otros fueron sorpresas. Un estudio exhaustivo de esta estúpida cuestión muestra un marcador igualado. Pero, ¿quién es el que se dedica al recuento?.

Experimentar significa observar y medir. Requiere recrear condiciones especiales en las que la observación y medición son más fructíferas. Los antiguos griegos y los astrónomos modernos comparten un problema: ni podían ni pueden manipular los objetos que observan. Los griegos parecían estar satisfechos con sus posibilidades. Pero los astrónomos actuales sueñan con poder hacer colisionar dos soles –o, aún mejor, dos galaxias– porque aún no han desarrollado esa capacidad, y deben contentarse con ir mejorando la calidad de sus observaciones.
Una anotación interesante. ¿Sabíais que los rayos cósmicos que llegan hasta nosotros desde el espacio siguen siendo la fuente de radiación más energética que tenemos? Las mayores energías medidas en los rayos cósmicos superan en 8 órdenes de magnitud (= 10^8 = 100 millones de veces) a las que se obtienen en los mejores aceleradores (incluído el aún no estrenado LHC del CERN) ¡¡El mayor acelerador de partículas que existe es gratuito: el Universo!! Entonces, ¿por qué se gasta la sociedad tanto dinero en construir aceleradores de partículas? Porque los rayos cósmicos no están bajo nuestro control: nos llegan los que nos llegan, cuando quieren, con la energía que quieren. Así que hay un punto muy interesante de los que describe Leon Lederman en el párrafo anterior que debemos traer a colación: NO podemos manipular los rayos cósmicos como queremos… Y los aceleradores, sí. Bueno, no totalmente pero sí bastante más.

Pese a su respeto hacia los teóricos, sus descripciones sobre el comportamiento de unos y otros son… Ahora leeréis. Primero hace notar que han existido grandes experimentadores que eran, a la vez, grandes teóricos (Galileo, Kirchhoff, Faraday, Ampère, Hertz, los Thomson (J.J. y G.P.), Rutherford…), pero que esa es una especie de científico prácticamente extinta (Enrico Fermi parece ser el último espécimen).
Actualmente, existen dos grupos de físicos con un mismo objetivo, comprender el universo, pero con grandes diferencias en sus puntos de vista culturales, habilidades y hábitos de trabajo. Los teóricos tienden a llegar tarde a trabajar, acuden a simposios interminables en las islas griegas o en las cumbres de las montañas suizas, tienen vacaciones reales y están en su casa ordenando papeles frecuentemente…" [y aún cuenta alguna otra lindeza sobre el insommio que, dado mi nivel de inglés, no sé traducir]

Los experimentales no llegan tarde –no suelen irse a casa. Durante períodos de intenso trabajo de laboratorio, el mundo exterior se difumina y la obsesión es total. Dormir es, para ellos, poderse acurrucar sobre el suelo del laboratorio durante una horilla.

Un físico teórico puede consumir toda su vida y haberse perdido el reto intelectual del trabajo experimental, sus emociones y peligros –las grúas gigantes con sus cargas de 10 toneladas, los signos luminosos de PELIGRO, RADIACTIVIDAD, con sus calaveras y huesos cruzados. El único peligro real al que está sometido un teórico es clavarse a sí mismo un lapicero al atacar a una polilla que pasea sobre las hojas de sus cálculos.

Los físicos teóricos suelen ser los autores de los grandes libros de física. Lógico, ¿no?, tienen un montón de tiempo libre. Los teóricos tienden a ser arrogantes. Durante mi reinado en el Fermilab prevenía solemnemente a nuestro grupo teórico contra la arrogancia. Al menos uno de ellos me tomó en serio. Nunca olvidaré la "oración" que, un día, escuché salir de su despacho: "Dios mío, líbrame del mal de la arrogancia. Y, Señor mío, con la palabra arrogancia me refiero a lo siguiente…"

Los teóricos pueden ser seres humanos cálidos y entusiastas [antes ha contado alguna anécdota en que mostraba que pueden ser ferozmente competitivos]
con quienes los físicos experimentales (que no somos sino fontaneros y electricistas) adoramos conversar y aprender. He tenido la gran fortuna de poder disfrutar de largas conversaciones con alguno de los mejores teóricos de nuestro tiempo: el último Richard Feynman, su colega del Cal Tech Murray Gell-Mann, el tejano Steven Weinberg y mi cómico rival Shelly Glashow
Y, por fin, el significado del título del apartado (que ya se empezaba a ver venir)…
Por supuesto, los teóricos suelen compartir una parte de mérito indebida por los descubrimientos. La secuencia "teórico, experimentador, descubrimiento" ha sido comparada, en ocasiones, por esta otra, "granjero, cerdo, trufa". El granjero lleva al cerdo hasta la zona donde puede haber trufas. El cerdo las busca con gran diligencia. Al fin, localiza una, y justo cuando se la va a comer… el granjero se la quita.
La interpretación gráfica del párrafo la hace, con una gracia sin par, el Dr. Álvaro de Rújula, físico del CERN. ¡Y eso que él es un físico teórico! Jejejeje. ¡Qué puñetero!










  • Granjeros --> teóricos (Einstein, por ejemplo)
  • Cerdos --> físicos experimentales (o sea, los que se pegan el gran curro y hacen el payaso dejando que otros se lleven los laureles)
  • Trufas --> el tan preciado descubrimiento

Y todo esto me recuerda un poco a la relación que existe entre ciencia básica y tecnología (≈ ciencia aplicada, aplicada).

La cita que ha suscitado la "conversación" con mi colega es esta:

"La ciencia y la tecnología no son sinónimos, pero la ciencia inspira las hazañas creativas de la tecnología, que nos conmueven como las obras de arte."
James Loveloc

Es cierto que la cita parece anteponer ciencia a tecnología.
Es cierto, como dice mi amigo, que la frase inversa también debe ser considerada cierta. Como él dice, el hierro se descubrió antes de saber nada de la teoría atómica… Y el acero y tantas y tantas cosas. Así que sería totalmente justo reconocer que, aproximadamente, la mitad de las veces es la tecnología la que inspira a la ciencia. De acuerdo al 100%. Sin discusión posible.

A mí me gusta más la cita de Loveloc que la inversa porque, aún no despreciando para nada la tecnología, ¡siento debilidad por la ciencia básica! La prefiero, es cuestión de gustos. Creo, además, que como cita que puede hacer reflexionar cumple su función.

sábado, 22 de septiembre de 2007

¿Es éste un blog ordenado?








A no ser que tengas vista de lince tendrás que ampliar la imagen (haciendo click sobre ella). Del segundo punto remarcado se deduce que el conjunto de los números naturales es un conjunto infinito.



¡Qué quemao que estoy hoy! Bueno, muchas veces. Pero siempre o r d e n a d a m e n t e: me caliento, me caliento… rojo de ira y… ¡la combustión! Y al final, la carbonización, siempre molesta y que todo lo ensucia. Sí, deja mucho residuo: tengo que pasar días y días la aspiradora mental hasta conseguir eliminar todo rastro.

¿Siempre ordenadamente? ¡Qué va! ¡Qué más quisiera!
¿Qué más quisiera? ¡Bah, es un deseo estúpido! Pero no lo puedo evitar…

¡Me cabrea cuando a las personas NOS asalta el ramalazo caótico, de desorganización total! Cuando no sabemos qué es lo que va primero y lo que va después.

Y, de repente, me ha venido a la cabeza la idea matemática de orden. A mí me parece muy divertida. No entraré en detalles (que además tampoco domino; tendría que repasarlos. No, tampoco será suficiente con que leas el enlace propuesto de la Wikipedia. Habría que explorar más). Bastará, para mi propósito, fijarse en los números naturales (que, naturalmente, son los que aprendemos desde chiquitines): el 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6… Bueno, de chiquitines, al 0 no se le llama cero sino "no-etá", pero es lo mismo.

Algunos piensan que el 9 ya no es natural porque la tabla de multiplicar del 9 cuesta un huevo de aprender. ¿Quién dice que "natural" = "no cuesta"? Pero eso es otro tema… El caso es que el 9 sí es natural y el 999, también. Y el 1000, y el 1001… ¡Como que es un conjunto infinito!
[¡Pues hay que joderse con la naturalidad de los números naturales! Definitivamente, "natural" = "lo más fácil de entender" ≠ "fácil de entender". ¡Normal!: no hay quien entienda esta vida…]

Y en este acceso de pensar improductivo me ha venido a la cabeza este blog. ¿Es éste un blog ordenado? Y la respuesta es que NO, aún titulando algún post Lederman (a) y el siguiente Lederman (a+1), siendo a un número natural… Por no abandonar las bellas matemáticas:
  • El blog tuvo su primer post (estoy por renombrarlo y llamarlo Lederman (0). Total, todo esto lo han leído 4 gatos y medio; ni se notaría y le daría elegancia matemática) :-)
  • PERO, no es infinito y mucho me temo que no lo será nunca.
  • ADEMÁS, pese a que hay posts que es mejor leerlos por orden, muchos pueden leerse a boleo.
  • ESO SÍ, utilizo mucho los puntos suspensivos. Y no es para añadir suspense a la frase sino para significar que la idea podría dar lugar a que me enrrollase infinitamente.
Bien mirado:
  • Quizás lo más inteligente sea rendir un sentido homenaje a todas las personas a las que NOS atrapa el caos con frecuencia. ¡Larga vida al caos! [Chaquetero, asqueroso!!!]
  • Como quiera que el caos TOTAL parece garantizado por la FÍSICA y como quiera que me apasiona (= divierte enfermizamente) el orden de los números naturales, ¿qué menos que dedicar un poco de atención (de energía, porque toda lucha contra el caos, pro-organización, requiere un consumo energético) a la organización mental cotidiana?
¡Larga vida a los luchadores anti-caos! ¡Larga vida a aquellos que, año tras año, consiguen disminuir la entropía de su entorno inmediato!

jueves, 20 de septiembre de 2007

Lederman (7): la pirámide de la ciencia


Existe [en la ciencia] una jerarquía discernible, aunque no se trate de una jerarquía social ni de potencia intelectual.
.../...
La base de la pirámide la ocupan las matemáticas, no porque sean más abstractas o maravillosas, sino porque no descansan ni necesitan de otras disciplinas, mientras la física, la capa siguiente de la pirámide se apoya en las matemáticas. Encima de la física se aposenta la química; en esta separación, admitámoslo, simplista, la física no se ocupa de las leyes de la química. Por ejemplo, los químicos se preocupan de cómo se combinan los átomos para formar moléculas y de cómo se comportan las moléculas cuando se aproximan unas a otras. Las fuerzas entre átomos son complejas, pero en definitiva no son sino atracciones y repulsiones eléctricas –en otras palabras, se reducen a la física.
Luego viene la biología, que se apoya en la comprensión de la química y la física. Los peldaños superiores de la pirámide se van desdibujando y haciéndose menos definidos: conforme llegamos a la fisiología, medicina, psicología, etc, la jerarquía se va haciendo confusa. En las interfases encontramos las materias con guioncito: matemática-física, física-química, bio-física.
Hay que hacer sitio a la astronomía en la planta de la física, por supuesto, pero no sé que hacer con la geofísica o la neuro-fisiología.
El sentido de esta pirámide puede ser resumido, irrespetuosamente, con un viejo dicho: "los físicos sólo deben pleitesía a los matemáticos, y los matemáticos, a Dios" (aunque puede ser complicado encontrar un matemático tan modesto).
Leon Lederman, The God particle
Pero… El otro día hablando con un amigo matemático, profe de matemáticas, me decía que esos eran otros tiempos; que actualmente las mates rinden pleitesía a la física o a la tecnología… O a cualquier disciplina que permita "visualizarlas". Es un matemático al que le jode sobremanera que a los alumnos se les escriba 1/2^(-3) en lugar de 8 (ver nota 1). Quiero decir, que no es sospechoso de ser un formalista. Ah, ¡pero si os hablé de él, de Miguelico el Matefiera…

Una pena que hayamos pasado de la total abstracción a presentar exclusivamente la parte utilitaria de las matemáticas… Más de un pedagogo y experto en didáctica debiera leer "Apología de un matemático" de G.H.Hardy. Un libro tan políticamente incorrecto en los tiempos que corren que casi es violento. Pero que habla del valor de las matemáticas per se (entre otras cosas). Ahí van unas pocas de sus perlas incendiarias:
"Así pues, las matemáticas griegas "perduran" más incluso que la literatura griega. Arquímedes será recordado cuando Esquilo haya sido olvidado, porque las lenguas mueren y las ideas matemáticas no."

"Existen, por tanto, dos tipos de matemáticas. Las auténticas, hechas por auténticos matemáticos, y las que yo llamo a falta de una palabra mejor, matemáticas "triviales"."
En fin que yo sí que añoro un poco (un poquitín de nada, de verdad) los tiempos en que Hardy fue a visitar al ilustre matemático Ramanujan al hospital y le dijo: "creo que el número de mi taxi era el 1729. Me parece un número bastante aburrido". Ramanujan respondió: "¡No, Hardy! Es un número muy interesante, ya que es el más pequeño que se puede expresar como la suma de dos cubos de dos formas diferentes". ¡Toma ya!

Pero, después de todo, incluso Hardy podía estar equivocado: me parece que la marcha de este mundo no apunta a que Esquilo (un literato) sea olvidado antes que Arquímedes. ¿Acaso no puede considerarse una prueba que este medio de comunicación, los blogs, una de las moderneces digitales de moda, no permita escribir fórmulas, "el lenguaje matemático"?

Nota 1: eso tan raro, para los que no lo sepáis, significa "un medio elevado a menos tres" y es igual a ocho. Y, no, no puedo escribirlo "matemáticamente bonito" porque el editor de texto de este blog no deja editar fórmulas… Una deficiencia grave para cualquier aficionado a las ciencias…

sábado, 15 de septiembre de 2007

Lederman (6): la pelota de fútbol invisible


Aún insistiré un poco más en la cuestión del significado de la palabra VER.

Lo haré con un símil futbolístico made in Lederman. Tenía mis dudas pero me ha decidido el mensaje de un amigo para el que el fútbol es mucho más de lo que yo puedo llegar a comprender ;-) Pienso que el símil puede hacerte pasar un buen rato, Raúl…

Imagina que llega a la Tierra una expedición de extraterrestres. Quizás la parte más floja de la historieta es que estos viajeros espaciales ultrainteligentes vienen para aprender de nosotros… :-D

Biológicamente son muy similares a nosotros pero tienen un "defecto visual": su sistema de percepción les impide ver (con minúscula) yuxtaposiciones de blanco y negro. Así que no son capaces de ver las cebras, algunas vacas, las fotocopias en blanco y negro ni los balones de fútbol (los antiguos, porque hoy acabo de descubrir que ya los hacen de todos los colores), por ejemplo.

Nuestros visitantes van a ver uno de los eventos importantes en nuestro planeta: una final del campeonato mundial de fútbol. Su rostro refleja inicialmente un grado de confusión notable: un grupo de personas en pantalón corto corriendo de aquí para allá, dando patadas al aire de vez en cuando, empujándose de vez en cuando, cayéndose al suelo de vez en cuando…
A veces un señor toca un pito y un jugador va hacia el exterior del rectángulo de juego, se queda parado y levanta sus dos brazos por encima de la cabeza mientras el resto de jugadores le mira…
En una ocasión, un jugador que lleva guantes, y que se comporta de manera bastante diferente al resto, se cae al suelo; un montón de gente del público se alegra un montón y chilla celebrándolo. Un marcador aumenta uno de sus dos grandes dígitos en una unidad.


Durante unos buenos 15 minutos, nuestros visitantes permanecen alucinados. Luego aplican diferentes técnicas para intentar comprender el juego. Primero se dedican a clasificar:

  • Esencialmente hay tres tipos de vestidos: dos parecen corresponder a sendos equipos en competencia. Un pequeño grupo de personas viste de negro y parecen ser un tipo de garantes de las reglas del juego.
  • Dentro de cada equipo parece que hay jugadores encargados de ciertas áreas geográficas del campo más o menos extensas.
  • Además, diferentes jugadores tienen tipos de movimiento diferentes.

En un paso posterior, introducen una nomenclatura: dan nombre a las diferentes posiciones de los jugadores. Luego van realizando comparaciones y contrastando las suposiciones que se van realizando. Así se llega a una gran lista de las características y propiedades de cada posición.

Se produce un gran avance en la comprensión del juego cuando se introduce la idea de simetría entre ambos equipos: cada posición del equipo A tiene su correspondiente en el equipo B. A pocos minutos del final del partido, nuestros visitantes tienen un montón de tablas y posibles reglas de juego. Pero, pese a que muchas de ellas son válidas, aún no han captado la esencia del juego.

Entonces, el más espabilado de todos los extraterrestres dice "postulemos la existencia de una pelota invisible". Muchos aspectos del juego cobran sentido bajo esta hipótesis: las patadas al aire, el hecho de que varios jugadores se concentren con frecuencia alrededor de un punto que parece moverse…

Y de repente se produce uno de esos extraños eventos en que un montón de gente parece enloquecer de felicidad y uno de los dígitos del marcador aumenta en una unidad. El extraterrestre más espabilado ha observado que la red que está detrás de uno de los dos jugadores-con-guantes casi-todo-el-rato-parados, del que se acaba de caer al suelo, se ha deformado un instante. Final del partido…

La teoría del espabilao tiene su punto pero para comprobar las hipótesis realizadas será necesario que nuestros amigos asistan a más partidos a la búsqueda de "esos raros eventos" que deforman la red… La caza y captura de "eventos" de ese tipo será el objetivo para dar por buena la simple teoría de "la existencia de una pelota invisible". Con cuidado, analizando la forma de la deformación de la red, podrá deducirse incluso la forma esférica del balón…

Esta es una metáfora común para muchos problemas de física y es especialmente relevante en física de partículas. No podemos comprender el juego (la naturaleza), sin saber de la existencia de la pelota (las partículas, átomos, etc) y, sin creer que tiene que existir un conjunto de reglas lógicas bajo las que se rige el juego (las leyes de la naturaleza). La clasificación, la realización de hipótesis y la observación atenta (casi siempre realizada con la ayuda de aparatos-sensores que no son con los que nacemos "de serie"), son imprescindibles.

La búsqueda de "eventos raros" es una de las ocupaciones principales de los físicos de partículas. Actualmente, en el CERN, se trabaja duramente en la puesta en funcionamiento del acelerador LHC y los detectores requeridos para detectar eventos en los que esté implicado un personaje que aún nos resulta inVISIBLE: el bosón de Higgs.

viernes, 14 de septiembre de 2007

El péndulo de Foucault

La idea del post de hoy surge de una de esas casualidades maravillosas que la vida nos ofrece.

Revisité el otro día, por n-ésima vez, como corresponde a un gran museo
(gran, por GRANDE y grande) el CosmoCaixa de Barcelona. No deja de emocionarme el Dr. Wagensberg con sus anotaciones concisas y hermosas… Esta vez le tocó el turno al péndulo de Foucault del que dice en la guía del museo:
"El péndulo de Foucault da la bienvenida a la Sala. Es uno de los sistemas físicos más simples: una masa colgada de un punto y dejada libre a la acción de la gravedad. A pesar de esta simplicidad, con él podemos medir algo tan abstracto como el tiempo. Además, su misteriosa deriva nos permite demostrar, aplicando el método científico, lo que no podemos ver: que la Tierra gira bajo nuestros pies."
Para los que habéis renunciado a los placeres físicos… –¡mala frase! No me malinterpretéis: para los que habéis renunciado al placer de saber un poquito de física (lo cual no deja de ser una forma de ultracastidad, pero mental…)–, os apunto sin entrar en detalles, algunas ideas:
  • El péndulo permite medir el tiempo por aquello de los relojes de péndulo, que hacen un "tic-tac" bastante constante (depende un poquito de la temperatura –de si es invierno o verano– de la latitud, etc).
  • Todo el mundo ha experimentado en carnes propias lo flipante que es el tiempo: lo corta que es una hora cuando estás con alguien que te gusta y lo larga que es cuando te están dando la brasa. La física parece venir a socorrernos: "¡No hombre, no: una hora es una hora, 60 minutos, 3600 s…!" Y entonces llega la teoría de la relatividad… ¡Y entonces si que acabas alucinando! Quesssssssssssscurridizo es el tiempo… Pues el péndulo, en su "simplicidad", nos permite medirlo (prácticamente verlo, con su monótona oscilación). Ahí es na! ¡Aún más, permite comprender el concepto de reloj!: un sistema que hace "tic-tac" a un ritmo constante, re-pepepepepe-titi-vo. Contando cuántas veces se ha repetido sabemos cuánt rato ha pasado…
  • También nos permite VER (ese ver con mayúsculas del que hablé en el post anterior) algo que no pueden percibir nuestros ojos: que la Tierra rota, que el péndulo parece girar mientras va tirando uno a uno las piezas de metal. ¡Pero no!, su enganche no lo hace girar, mantiene su plano de oscilación… Así que quien gira es la Tierra.
Tras todo lo dicho, parece evidente que podía haber subtitulado el post de hoy "más sobre lo que significa VER". Pero no quería robarle el protagonismo al péndulo, el personaje de la casualidad a la que me he referido. Unas pocas horas antes de visitar el museo había empezado a leer "La carretera", el último libro escrito por Cormac McCarthy (sí, como nos tiene acostumbrado, también éste deja sin aliento). Y en una de sus muchas andanadas de dolorosa belleza, el péndulo:
"Como el gran péndulo en su rotonda escribiendo a lo largo del interminable día movimientos de un universo del que se puede decir que nada sabe y sin embargo algo debe saber."
Y vuelvo a alucinar de cómo hay literatos que pueden decir tanto con tan poco, ¡sin ayudarse de la ultracondensación que permite una fórmula matemática! ¡Genial!

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Lederman (5): Barrio Sésamo II: ¿Qué significa ver?

Una Luna, pero no nuestra Luna. Es Dione, una de las lunas de Saturno. A escala astronómica está "aquí mismo" pero, aún así, no podemos ni soñar verla a simple vista. Necesitamos "prótesis". En este caso una nave espacial (Cassini) con todos sus sistemas ópticos. ¿Por qué una de sus mitades está más machacada que la otra?




Una de las preguntas más irritantes para los científicos que se ganan la vida con la "realidad objetiva de los átomos" es la siguiente: "¿Ha visto usted alguna vez un átomo?".

Es una pregunta razonable y comprensible. Pero no tan inteligente como parece a primera vista… Y, cuantos más años pasen desde el descubrimiento del átomo (que no se produjo un día concreto porque, en efecto, la idea se las trae; fue un proceso, una acumulación de datos, interpretaciones y deducciones en forma de aparatos de alta tecnología, de aparatos de no tan alta tecnología a los que alguien supo sacarles provecho porque "comprendió" su funcionamiento, de medicamentos "que-curan-bastante-y-matan-menos-de-lo-que-curan" y que esperamos que aumenten su capacidad curativa disminuyendo su poder letal…) más delata un cierto grado de analfabetismo científico...
Cuando daba clase me parecía divertido hablar de "Barrio Sésamo II", gustaba de revisitar conceptos que todos creemos tener claros porque vimos con interés Barrio Sésamo I, arriba-abajo, grande-pequeño… Pero no…

Aquí el problema radica en el significado que le damos a la palabra "ver". Me gusta la terminología que utilizan Faemino y Cansado: "Amo-a-ve si nos aclaraaaaaamos…" El ojo humano está bien para "ver", pero sólo para un ver de andar por casa. Precisemos.

1) Empiezo defendiéndome. Sí, el ojo humano es muy impresionante como objeto fruto de la evolución darwinista. No reniego de ello y me gusta, de vez en cuando, recordarlo y maravillarme. Pero…

2) Quién ve NO es el ojo sino nuestro cerebro. Y este, con sus pequeñas y grandes locuras y neurosis, lo que hace es interpretar, percibir… Nos parece que lo que "vemos nosotros" es el no va más pero eso sólo es antropocentrismo o, peor, [escribe aquí tu nombre]centrismo (ej., luispueyocentrismo), es decir, una forma de cerrazón mental. Insisto en lo que dije el otro día, vale la pena leer a Oliver Sacks: ayuda muchísimo para comprender este punto y reasignar significado a conceptos como "raro", "loco", "minusválido", etc… No voy a entretenerme en este punto que hace que el problema de la percepción sea prácticamente infinito. Mirad, por ejemplo,
http://www.grand-illusions.com/opticalillusions/

3) Nos quedamos al nivel del ojo. El ojo humano como "parato receptor" tiene deficiencias MUY notables (aún suponiendo que no sea de segunda mano, con, pongamos, 47 años de uso como los míos). ¡Y no me pegues, que ya he dicho que molaba mucho!): existen sensores mucho más sensibles que nuestro ojo.
El uso de prótesis perceptivas, que aumentan nuestro rango perceptivo, es fundamental en el desarrollo de la ciencia y de la humanidad (esto debiera ser especialmente comprensible para aquellas personas con más de tres o cuatro dioptrías…). Algunos ejemplos:
  • La idea de un universo finito (y la de geocentrismo y otras más o menos relacionadas) debió sufrir un duro golpe cuando Galileo miró al cielo con el primer telescopio, “un nuevo ojo” que le permitió ver un cielo “nuevo”, con muchas más de las 1022 estrellas catalogadas en el Almagesto.
  • El cuerpo humano es insensible a la mayor parte del espectro electromagnético, e incluso lo es poco a la parte visible del mismo. No es de extrañar, pues, que los avances astronómicos hayan estado ligados, primero, al uso de mejoras en la detección y registro de la parte visible (placas fotográficas, mejores telescopios…) Después, a lo largo del s.XX, a la implementación de la capacidad de detectar radiaciones a las que nuestros ojos no son sensibles.
  • El cuerpo humano es totalmente incapaz de detectar las radiaciones ionizantes (rayos UV, rayos X, rayos gamma y radiaciones cósmicas). Así que el empleo de detectores de la misma es crucial en cualquier avance en el campo de la protección radiológica y de sus múltiples usos médicos e industriales.
  • Puesto que la mecánica newtoniana fue construida, fundamentalmente, a partir de percepciones sensoriales, se han requeridos aparatos muy precisos (relojes atómicos, microscopios electrónicos, etc) para validar los efectos cuánticos y relativistas y así poder modificar la intuición inicial…
En definitiva, que si algún día le quieres preguntar a un físico de partículas si se pueden ver los átomos:
  • La respuesta es Sí (y cosas aún más pequeñas)
  • Pregúntate si últimamente has dicho algo así como "el otro día vi al hombre del tiempo por la tele" (anima pensar que algo progresa el ser humano, ya no creemos que el hombre del tiempo está dentro de nuestra tele)
  • Pregúntate qué demonios es lo que estás viendo en este momento en tu pantalla del ordenador. Peor aún si llevas gafas…
  • Lee a Oliver Sacks (y deja de leer estas tontadas; bueno, ya puestos te lees el trocito del Sr. Lederman que viene ahora)

Desmantelando un detector del LEP, un antiguo acelerador del CERN. Los actuales, correspondientes al nuevo acelerador LHC, se llaman Atlas, CMS, Alice y LHCb y son unas diez veces mayores. © CERN




"En el acelerador del Fermilab, los restos de las colisiones entre protones y antiprotones son capturados electrónicamente por un detector que costó 60 millones de dólares. En él "la evidencia", el "ver" es llevado a cabo por decenas de miles de sensores que producen impulsos eléctricos cuando son atravesados por partículas [igual que el ojo humano]. Dichos impulsos son llevados por cientos de miles de cables [esto es lo que hace nuestro nervio óptico] a los ordenadores [el cerebro en nuestro caso]…
La ciencia, especialmente la física de partículas, gana confianza en sus conclusiones por duplicación –es decir, cuando los resultados obtenidos en un experimento en California son confirmados en otro tipo de acelerador en Ginebra. Y también incluyendo en cada experimento chequeos y tests que confirmen que el aparato está funcionando correctamente."
Leon Lederman, The God particle

domingo, 2 de septiembre de 2007

Me gustan los perros

He comenzado a leerme éste libro que ves a tu izquierda. Me está gustando mucho. ¡Estaba cantado!: le había gustado a dos de mis más queridos "camellos bibliográficos" (Miguelico y Arturo). Al parecer también le gustó a Oliver Sacks, lo cual, también, son palabras mayores.
¿Que no conoces el Matefiera de Miguelico? Tú te lo pierdes… Aunque a mí me dejó al nivel de los gatos…
¿Que no has leído nada de Oliver Sacks? ¡Hay que joderse! ¿Qué haces leyendo estas tontadas?
¿Que no conoces a Arturo? Pues eso es más difícil de solucionar. ¡Mala suerte!: la vida no sonríe a todos por igual. Bueno, puedes matricularte a estudiar ESO o BATX en el IES El Cairat de Esparreguera y rezar para que te toque como profesor. El método tiene bastante de azaroso (de cuántico) pero hay que reconocerle una ventaja adicional: las probabilidades de tropezarte con algún otro profesor-a/joya es alta…
"No te desvies del tema, Luis."

El caso es que de lo poco que llevo leído ya he extraído una cita para mis mensajes de correo electrónico:

"Me gustan los perros. Uno siempre sabe qué está pensando un perro. Tiene cuatro estados de ánimo. Contento, triste, enfadado y concentrado. Además, los perros son fieles y no dicen mentiras porque no hablan"

Yo no siempre llego a saber lo que piensa mi perrita pero, no obstante, el párrafo anterior me parece bastante cierto. Los perros tienen un comportamiento "poco cuántico": el azar tiene poco peso en su comportamiento (macroscópico). Son bastante previsibles. A Miguelico, mi amigo, le cabrean las razones que esgrimen los dueños cuando sus perros hacen algo inesperado (como morder a una mano supuestamente amiga). No debiera enfadarse. Están diciendo: "mi perro es un sistema Newtoniano; lo que pasa es que usted no ha definido las condiciones iniciales (o de contorno) de la manera adecuada para no ser mordido". ¡Incuestionable!

Además de tener un comportamiento Newtoniano mi perrita es fiel y no miente porque no habla… y mueve el rabico para saludarnos y regalarnos su alegría cuando llegamos a casa.

sábado, 1 de septiembre de 2007

Lederman (4): una metáfora sobre lo elemental


1) Me anima pensar que incluso el Sr. Lederman "copia" ideas de otros (de Lucrecio, en este caso).

2) Me maravilla el respeto e insistencia con que trata y habla de los clásicos. De los clásicos, clásicos: griegos, etc… ¡Veréis que diálogo se marca con Demócrito más adelante (no hoy)! Y también me anima, porque también a mí me gustan cada vez más ("deja al chico si así se siente algo más listo"): me parece casi increíble que después de tanto progreso y tanta historia nuestros problemas (entendidos como la fuente de nuestro malestar) sean prácticamente los mismos que ellos detectaron.

3) ¡Con qué elegancia muestra la "economía mental y constructiva" que supone acercarse a lo elemental!


La biblioteca de la materia

Cuando explico la física de la partículas fundamentales, a menudo utilizo (y retoco) una bella metáfora del filósofo y poeta romano Lucrecio. Supón que nos asignan la tarea de descubrir los elementos básicos de una biblioteca. ¿Qué haríamos? Podríamos organizar los libros por materia: historia, ciencia, biografías. O por sus dimensiones: grueso, delgado, alto, bajo. Tras considerar varios modelos organizativos seremos conscientes que un libro es un objeto complejo que puede ser dividido fácilmente. Miraríamos en su interior: capitulos, párrafos y frases serían descartados rápidamente por tratarse de constituyentes complejos y poco elegantes. ¡Las palabras! En este momento recordaríamos que sobre una mesa cerca de la entrada se encontraba un grueso catálogo que contenía todas las palabras de la biblioteca –un diccionario. Siguiendo ciertas reglas de comportamiento, denominadas gramática, podemos usar las palabras del diccionario para componer todos los libros de la biblioteca. Las mismas palabras son utilizadas una y otra vez, juntadas unas con otras de muchas maneras diferentes.

Pero son demasiadas palabras. Una siguiente reflexión nos llevará hasta las letras, puesto que las palabras pueden "trocearse". ¡Ahora sí! veintiséis letras con las que pueden elaborarse unos centenares de palabras, con los que pueden elaborarse millones (¿miles de millones?) de libros. Por supuesto, hemos necesitado un nuevo conjunto de reglas para limitar el número de combinaciones posibles entre letras.
Sin la participación de un joven crítico seguro que nos lanzaríamos a publicar, prematuramente, nuestro descubrimiento. El joven crítico nos diría, con aire de satisfecho, sin duda: "No necesitas 26 letras, abuelo. Con un 1 y un 0, es suficiente." Los chicos de hoy crecen jugando con pesebres digitales y se sienten cómodos con los algoritmos computacionales que convierten ceros y unos en letras del alfabeto. Si eres demasiado viejo para esto, quizás seas lo suficientemente mayor para recordar el código Morse, compuesto de puntos y rayas. En cualquiera de los dos casos, con dos caracteres y el código apropiado podemos representar las 26 letras, deletrear cualquier palabra del diccionario; con ayuda de la gramática, escribir cualquier frase, párrafo, capítulo y, finalmente, libros. Y los libros hacen la biblioteca.
Al separar el 0 y el 1 hemos descubierto lo primordial, los componentes a-tómicos de la biblioteca. En la metáfora, imperfecta por tanto, el universo seria la biblioteca, las fuerzas de la naturaleza, la gramática, la ortografía y los algoritmos computacionales. Y el 0 y el 1 serían lo que llamamos quarks y leptones, nuestros actuales candidatos a a-tomos de Demócrito.
Leon Lederman, The God particle