miércoles, 28 de noviembre de 2007

Un amor especial

Así se llama un librito que he leido recientemente y me ha parecido commovedor. Es de Kenzaburo Oé, escritor que tras aceptar el premio Nobel anunció que dejaría de escribir novelas. La razón por la que escribía, dijo, era para darle una voz a su hijo que padece una seria minusvalía -física y psíquica– debido a una hidrocefalia. Ahora su hijo ya tiene "voz" propia. La voz de la composición musical.

Ya he comentado alguna vez que me encanta leer a Oliver Sacks: me ayuda a reposicionarme frente a los conceptos de anormalidad/normalidad, discapacidad, minusvalía, sufrimiento propio y ajeno, etc. Me parece algo fundamental. Pues este libro ha tenido sobre mí un efecto similar.

Y, no, no es un libro triste (tampoco humorístico, desde luego).

Ahí va un fragmento (que podría titularse "el poder de la música", cosa que también me seduce):

HACE DOS AÑOS, y a nuestras expensas, mi mujer y yo publicamos una colección de las composiciones para piano de nuestro hijo Hikari. En el epílogo escribí las líneas siguientes, que quiero citar aquí porque creo que dan una idea de la naturaleza de su minusvalía y del significado que la música tiene para él.

Hikari nació con un defecto cerebral. En un sentido muy literal, podría decirse que «volvió a nacer» cuando le intervinieron quirúrgicamente para corregir ese problema. El cirujano que le operó y después le atendió durante muchos años era Nobuo Moriyasu, y la pieza Réquiem por M se inspira en su muerte. Posee una tristeza desgarradora que impresionó fuertemente a los familiares de Hikari, pues la música es el único medio que nos permite comprender sus emociones.

A medida que Hikari crecía, fue revelándose gradualmente que su desarrollo mental sería más lento que el de los demás niños, pero mi mujer recuerda que tenía una gran sensibilidad para la música desde que era un bebé. Cuando apenas tenía tres años, ya reconocía una pieza de Beethoven («Bebe») o Chopin («Unpa»), que hacíamos sonar casi continuamente en su cuarto infantil. (También mi mujer, joven madre de un primogénito minusválido, debía de encontrar cierto consuelo en la música mientras permanecía sentada al lado de la cuna.) Por mi parte, al observar que el niño era especialmente sensible al canto de los pájaros, me apresuré a comprarle un disco que contenía un centenar de trinos de aves, y se lo ponía con una frecuencia casi maniaca. Este capricho mío tuvo su recompensa un día, en el bosque que rodeaba la casita de campo donde pasábamos las vacaciones estivales, cuando Hikari, que por entonces tenía cinco años, con una voz que imitaba exactamente a la del locutor de mi disco, de repente identificó a un ave: «Eso es un rey de codornices», dijo con el tono solemne de la voz en off, una breve frase que, en realidad, era su primer intento inteligible de usar el lenguaje para comunicarse con nosotros.

Cuando creció y empezó a asistir a una clase especial en su escuela elemental y, más adelante, durante la enseñanza media, a una escuela para minusválidos, su interés por el canto de los pájaros disminuyó y la música ocupó el primer plano. Mozart y Bach, junto con sus primeros amores, Beethoven y Chopin, se convirtieron en sus inseparables compañeros. Sin embargo, hubo que esperar a que Kumiko Tamura empezara a enseñarle a tocar el piano para que Hikari tuviera oportunidad de componer su propia música. Puesto que su minusvalía afecta también a sus capacidades físicas, la señora Tamura no insistió en someterle a muchos ejercicios de dedos, y en cambio ideó pacientemente diversas maneras para que aprendiera a distinguir los acordes y empezara a componer melodías, hasta el día señalado en que mi mujer y yo tuvimos ante nuestros ojos una página cubierta con lo que parecían brotes de judías: la primera composición de Hikari.

Cuando estoy sentado cerca de él con un libro en las manos, escuchando sus lecciones de piano, percibo que los aspectos mejores y más humanos de su carácter encuentran una expresión enérgica y fluida, y al escuchar las obras que ha producido, interpretadas por la señora Tamura y otros músicos que le han prestado generosamente su apoyo, me siento lleno de admiración por la riqueza de su vida interior. Sin embargo, es una vida que, de no haber sido por la música, habría permanecido oculta, que mi mujer y yo, así como los hermanos menores de Hikari, habríamos desconocido por completo. No tengo credo alguno, pero me resulta difícil negar que existe algo..., algo tal vez afín a la «gracia», en esta música. Sí, al escuchar la música de Hikari, ofrecida al público más allá de nuestra experiencia cotidiana en la que parece participar, aprecio en ella todos los matices del término «gracia», tanto un conjunto de cualidades que hacen agradable a una persona y cierto atractivo independiente de la perfección formal como una expresión de agradecimiento.

Kenzaburo Oé, Un amor especial. Editorial: Martínez Roca

Aquí puedes leer algún otro fragmento del libro: fragmento 2 y fragmento 3.

Aquí, una
entrada que me ha gustado acerca del librito en cuestión, en la qué (¡bingo!) encontrarás dos enlaces a unas interpretaciones de música de Hikari. En una de ellas incluso puedes ver a Hikari con su padre.

Por último, una
reseña interesante de una visita del Sr. Kenzaburo Oé a Barcelona.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Ojos y lenguaje

Teach & Learn: los dos filos de la enseñanza vistos uno como reflejo del otro.














Ahí va un post promovido por una colección de ilusiones ópticas hechas con letras y palabras. Algunas me gustan porque me remiten a una serie de temas que me apasionan:
  • Las ilusiones ópticas o "las apariencias engañan" o "tampoco es pa tanto el ojo que tenemos" o "¿qué significa ver?".
  • "La escritura existe desde hace tantos siglos, estamos tan habituados a verla formar parte de nuestra vida, que ahora ya nos parece un componente más del mundo que nos rodea. No reparamos en la increíble anomalía del mundo que es la escritura, ni en la todavía más increíble anomalía del mundo que es el lenguaje." Jorge Bekerman
  • Hemos perdido la capacidad de asombro ante el doble (¡qué digo doble!: ¡triple o más!) filo de la palabra. Herramienta que, por una parte, nos comunica y nos permite conocer las opiniones de otras personas, incluso de genios (Aristóteles, etc) y, por otra, nos separa. ¿Recuerdas la Torre de Babel? ¡Pero no es necesario que, por poner un caso elemental, tus padres hablen un idioma diferente para que no os comprendáis del todo…!
Se mezclan las dos ideas, óptica + lenguaje (+ cerebro, ¡claro!) y se obtiene una mezcla mosqueante de verdad…


Hoy admitimos que es la Tierra quien gira alrededor del Sol pese a que lo que observamos es lo contrario: el movimiento del Sol es apariencia. De manera análoga, en apariencia, es el lenguaje quien sirve al sujeto, quien gira alrededor de él pero… ¡Pero la cosa no es tan clara!

jueves, 22 de noviembre de 2007

Contento

Una foto que ilustra mi estado de ánimo. El teórico porque en la práctica yo no puedo da esos saltitos. ¡No pasa na! ¡Siempre puedo defenderme diciendo que la foto es un montaje! ¿Tú que piensas?











I'm happy, today.
Porque ayer me hicieron dos regalitos. Ambos muy valiosos. El primero, cronológicamente, me lo ha hecho un colega: http://blocs.xtec.cat/ieselcairat/2007/10/31/cosmos/ ¡Muchas gracias, Juan & Co, por acordarte de mí! ¡Y, sobre todo, por rememorarme el fragmento que adjuntas en el post!

[Tareas requeridas del lector.
  • 1. Bájate el documento que encontrarás allí. ¡Imprescindible! (Si este blog sigue su curso, está claro que un día hablaremos sobre el "método científico". Entonces recopilaremos alguna idea sobre el método científico).
  • 2. Léetelo (era un paso obvio pero, ¡por si acaso te estaba dando pereza!)
  • 3. Cómprate el libro "Cosmos" de Carl Sagan –mejor alguna edición chula, por las fotos que, en este caso, valen la pena. Son ediciones más caras pero es fácil conseguir que la financien los papis ;-). Y léetelo. Y experimenta el placer de leer excelente divulgación científica.
  • 4. Toma nota: es un libro que, pese a no ser moderno, es buenísimo. Es decir moderno ≠ mejor.]

El capítulo al que pertenece el fragmento que tendrías que haber leído es el VII del "Cosmos de Carl Sagan". Esta evocadora foto (que también es un montaje ¿?) procede de esta fantástica dirección (de la que no es la primera vez que hablo).


Vamos con el segundo regalito. Mi amigo Ricardo me dijo que su hijo (edad < 12 años) ha leído algo de este blog. Un regalo "moderno", pues. No sé muy bien por qué (tengo vagas sospechas, indicios… Todos apuntan a ideas que me dejan como un tonto. Por tanto, prefiero no tocar el tema en público). Pero me hizo mucha ilusión…

lunes, 19 de noviembre de 2007

Lederman (12): el 137

Hummmmmm, ¡qué título tan poco llamativo!

¡Pero las apariencias engañan!
[Frase que me encantaría que se volviese a poner de moda. ¡Ideal para los tiempos que corren!]

Si haces el esfuerzo de leer el mensajillo, creo que no te decepcionará.
[Además, si te interesa y/o divierte, daré por demostrado que la buena apariencia –un buen título, en este caso– NO es una condición necesaria (aunque deseable) ni, muchísimo menos, suficiente, para que "algo" "valga la pena"]

Hay una serie de conceptos sobre los que puedes indagar un poco más. Mucho más, incluso. Como siempre. Pero no me parece lo esencial del post de hoy. Donde me parezca necesario introduciré alguna anotación…

Fue Richard Feynman quién sugirió que todos los físicos pusiesen un cartel en sus casas y oficinas que les recordase cuántas cosas desconocen. En el cartel sólo habría que escribir el número 137.

137 es la inversa de algo denominado contante de estructura fina. Está relacionada con la probabilidad de que un electrón absorba o emita un fotón.
[Richard Feynman, another time!!!]
[El fotón… ¿Recuerdas los post sobre fotónica?]

[Antes del párrafo siguiente… Existen en física una serie de valores fijos. Por serlo se les denomina constantes. Por remarcar su importancia, constantes de la naturaleza. Son valores fundamentales en el desarrollo teórico de la física:
  • ¿Que estás estudiando electricidad? Pues te andarás tropezando continuamente con la carga del electrón (e)
  • ¿Que andas flipando con la teoría de la relatividad, esto es, estudiando el comportamiento de objetos que se mueven a gran velocidad? No parará de aparecerte la velocidad de la luz (c)
  • ¿Que andas loco con la mecánica cuántica, esto es, estudiando "lo más pequeño" (mundo atómico y subatómico)? La constante de Plank (h), hasta en la sopa…
¡Cada uno de los grandes terrenos de la física está presidido por una constante determinada! Esto, en sí, ya es un pelín misterioso. Pero, ¿cómo es que tienen el valor que tienen (que no he dicho, para no liarte con números)? ¡Ni idea! Y eso es MUY intrigante porque ¡¡si alguna de dichas constantes tuviese un valor ligeramente distinto el mundo no existiría (al menos tal y como lo conocemos)!!]
A dicha constante se le denomina "alfa" y su valor se obtiene dividiendo el cuadrado de la carga del electrón entre la constante de Planck por la velocidad de la luz. Es un número que contiene lo esencial del electromagnetismo (e), de la relatividad (c) y de la teoría cuántica (h). Sería menos inquietante si el cociente diese uno o dos o un múltiplo de pi. ¿Pero 137?
[No puedo resistirme a comentar que a mí me resultaría igual de inquietante. Si diese pi –un número inquietante de por sí–, aún peor. Tampoco me resisto a pensar que hubiese sido divertido y posible que los matemáticos hubiesen denominado a los números irracionales –un nombre genial, por cierto– números inquietantes.]

Algo que aún hace más reseñable a tan inquietante número es que es adimensional, un número puro que va por ahí desnudo, sin unidades.

Los físicos han sufrido atrozmente durante los últimos 60 años con el 137. Werner Heisemberg dijo una vez que todos los dilemas de la mecánica cuántica se desvanecerían cuando se explicase el 137.

Yo suelo decir a mis alumnos que si algún día se encuentran en dificultades en una ciudad desconocida, en cualquier lugar del mundo, debieran escribir el 137 en un cartel y mantenerlo a la vista en una calle muy transitada. Finalmente pasará algún físico y comprenderá su angustia y le ayudará (que yo sepa, nadie ha probado el método, pero podría funcionar).

Una leyenda maravillosa (no verificada) sobre físicos que muestra la importancia del 137 así como la arrogancia de los teóricos cuenta que cuando Wolfang Pauli fue al cielo, por ser una eminencia en física, le fue concedida una audiencia con Dios.
"Pauli, se te permite una pregunta. ¿Qué deseas saber?". Inmediatamente Pauli formuló la pregunta que le había ocupado la última década de su vida: "¿por qué alfa = 1/137?". Dios sonrió, cogió la tiza, y comenzó a escribir ecuaciones en la pizarra. Después de un rato, se volvió hacia Pauli, que agitaba su mano para intervenir. Dijo, "¡Allí hay un error!".

Hay otra historia –esta cierta y verificable– que tuvo lugar en la Tierra. Pauli, realmente dedicó inmumerables horas a ponderar el significado del 137. El número le atormentó hasta el final. Cuando el asistente de Pauli visitó al teórico en el hospital en el que había sido ingresado antes de su operación fatal, Pauli le pidió que apuntase el número de su habitación. ¡Era el 137!

Alguien, no hace mucho, me escribió contándome más historias sobre el 137. A ver si tenemos suerte y, en un comentario, nos las vuelve a decir.

En fin, como decía no-sé-quién "el Universo no sólo es más misterioso de lo que imaginamos sino mucho más de lo que podemos imaginar". Y no, no creo que haya nada mágico en ello. Por supuesto no creo necesario el uso de psicotrópicos para alucinar…
[Sí, la música también coloca que-pa-qué. Un buen ratillo de tarde alucinando con el último disco de Robert Wyatt me reafirma en la idea. Pa los posibles lectores musiqueros… ;-p]

PD: Información adicional. Hoy he comido lentejas. ¡Pero no está probado que produzcan flatulencia mental! Además, desconocemos el menú ingerido, en su momento, por el Dr. Lederman.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Feynman (1)

Dos libros muy majos sobre Richard P. Feynman. "¿Está Ud. de broma…?" se publicó primero y está muy bien. El segundo tiene una parte (medio libro) que se me hizo pesada porque se refiere a un tema muy concreto. El resto también me gustó mucho. El fragmento del final pertenece a él y muestra su total accesibilidad, la forma, el fondo…















Aprovecharé la coyuntura para hablar de un científico que me encanta,
Richard P. Feynman.

La coyuntura: hace unos días tuve el placer de ver una obra de teatro aquí en Esparreguera que se titula "QED" (de Quantum ElectroDynamics) en la que el protagonista encarnaba a Feynman, que nos contaba algunos puntos reseñables de su biografía. Por otra parte, en el próximo post se le cita. Además no es la primera vez que aparece en este blog (ver Lederman (8): cerdos, granjeros y trufas). Ni la última, seguro…

De hecho un espacio, aunque sea virtual, en el que se hable algo de física ES una coyuntura suficiente (pero no necesaria) para hablar de este señor. Su importancia como físico está fuera de toda duda: premio Nobel, etc.

Pero me apetece destacar uno de sus lados más especiales, su faceta didáctica. Es un lado bien conocido por todos aquellos que leen sobre ciencia. Se han publicado bastantes cositas de él. Está bien.

Lo que no comprendo mucho es porqué, en estos tiempos en los que se habla infinitamente (puede ser que siempre insuficientemente) de didáctica, los
estudiantes de física "avanzados" y, aún más, aquellos que la explican no vuelven repetidamente a su libro de texto "lectures on physics".

Tres volúmenes (reconozco que sólo he leído y revisitado el primero, el que me resulta más próximo por la materia que he explicado durante mi vida profesional y por mi competencia en el campo de la física). Existe traducción en castellano. Las dos ediciones que conozco –una de ellas era bilingüe– son feas de narices pero, aún con eso, muy valiosas (¡ojo!, no se trata de libros divulgativos sino de texto; nivel: de primero de carrera de ciencias en adelante). Cualquier día os pongo un ejemplo.

Por hoy me limito a un fragmento de su libro "¿Qué te importa lo que piensen los demás?"
. Primer capítulo: "Así se hace un científico".
"Tengo un amigo pintor; a veces sostiene opiniones que no comparto. Toma una flor y te dice, «Mira qué hermosa es», y yo me muestro de acuerdo. Pero entonces añade, «Yo, como pintor que soy, puedo ver cuan hermosa es una flor. En cambio tú, como científico, la analizas y haces pedazos, y su belleza se esfuma».
A mí me parece que está un poco chiflado.

Ante todo, la belleza que él ve está al alcance de otras personas, y también de mí, estoy seguro. Aunque es muy posible que estéticamente yo no sea tan refinado como él, sé apreciar la belleza de una flor. Pero, al mismo tiempo, veo en la flor mucho más que él. Puedo imaginarme las células de su interior, que también tienen una cierta belleza. Pues no sólo hay belleza a la dimensión de centímetros; existe igualmente belleza en dimensión mucho menor. Están las complicadas acciones de las células y otros procesos. El hecho de que el colorido de las flores haya evolucionado con el fin de atraer insectos que las polinicen es interesante: comporta que los insectos pueden ver los colores. Lo cual plantea una cuestión: ¿existe también en los seres inferiores el sentido estético que nosotros poseemos? Del conocimiento de la ciencia emanan toda clase de preguntas interesantes, que aportan a la flor misterio, excitación y sobrecogida admiración. La ciencia siempre suma. No se me alcanza cómo puede restar.

Ya desde niño he sido muy parcial en lo tocante a la ciencia. Cuando era más joven concentré en ella casi todo mi esfuerzo. En aquellos tiempos no tenía tiempo, ni tampoco mucha disposición, para aprender lo que se conoce por «humanidades». A pesar incluso de que había en la universidad cursos de humanidades, que era preciso aprobar para graduarse, hice todo cuanto pude por escapar de ellos. Sólo más tarde, más maduro y relajado, me he dispersado un poquito. He aprendido a dibujar y he leído un poquitín, pero la verdad es que sigo siendo una persona muy polarizada y lo que sé no es gran cosa. Mi inteligencia es limitada y yo la utilizo en una dirección concreta.

Antes de nacer yo, mi padre le dijo a mi madre, «Si es chico, será científico» (1).
(1) A pesar de este prejuicio de que sólo los chicos pueden llegar a científicos, Feynman tiene una hermana menor, Joan, que es doctora en física.

Siendo yo un mocosuelo muy pequeñín, sentadito en mi silla alta, mi padre trajo a casa un montón de baldosines de cuarto de baño, de diversos colores. Jugábamos con ellos. Mi padre los colocaba verticalmente, como dominós, y yo derribaba el de un extremo para ver cómo se caían todos. Después, pasado algún tiempo, yo le ayudaba a colocarlos. Muy pronto estuvimos disponiéndolos de formas más complicadas: dos losetas blancas y una azul, dos blancas y una azul, y así sucesivamente.
Cuando mi madre vio aquello, dijo: «Deja en paz al pobre niño. Si le apetece poner una azul, que la ponga.»

Pero mi padre dijo, «No, quiero hacerle ver cómo son las regularidades y lo muy interesantes que son. Es una especie de matemática elemental».

Así que comenzó muy pronto a hablarme del mundo y de lo interesante que es.

Teníamos en casa la Enciclopedia Británica. De pequeño, mi padre solía sentarme en sus rodillas y leerme fragmentos de la Británica. A lo mejor estaba leyéndome sobre los dinosaurios. La enciclopedia hablaba por ejemplo del Tyrannosaurus rex, y decía algo así como, «Este dinosaurio tiene siete metros y medio de alto y su cabeza, un metro ochenta de ancha.»
Entonces mi padre interrumpía la lectura y decía, «Bueno, veamos ahora qué significa eso. Quiere decir que si el dinosaurio estuviera en el jardincito que hay delante de casa, sería lo bastante alto para meter la cabeza por nuestra ventana, aquí arriba». (Estábamos en el segundo piso.) «Pero la cabeza sería demasiado ancha para entrar por el hueco».
Procuraba traducir a alguna realidad todo cuanto me leía.
Resultaba apasionante y muy, muy interesante, pensar que hubiera animales de semejante magnitud, que todos hubieran muerto y que nadie supiera por qué. A mí no me daba miedo el que a consecuencia de esto pudiera llegar uno hasta mi ventana. En cambio, aprendí de mi padre a traducir; en todo cuanto leo procuro averiguar lo que de verdad significa, lo que realmente se está diciendo.

Solíamos ir a los Montes Catskill, que era un lugar frecuentado por la gente de Nueva York durante el verano. Los padres de familia tenían todos que volver a la ciudad, a trabajar, y sólo pasaban allí los fines de semana. En los fines de semana, mi padre me llevaba de paseo por los bosques y me contaba las muchas cosas interesantes que ocurrían en ellos. Cuando las otras madres vieron aquello, les pareció algo maravilloso y pensaron que los demás padres deberían también llevar a sus hijos de paseo. Trataron de convencerles, pero al principio no consiguieron nada. Entonces quisieron que mi padre se llevase a todos los chiquillos, pero él no aceptó, porque tenía conmigo una relación muy especial.
La cosa acabó en que los otros padres tuvieron que sacar de paseo a sus hijos el fin de semana siguiente.

El lunes, después de que todos los padres hubieran vuelto al trabajo, nosotros los niños estábamos jugando en un campo. Uno de los chicos va y me dice, «¿Ves aquel pájaro? A ver, ¿qué clase de pájaro es ése?»
Yo respondí, «No tengo la menor idea de qué clase de pájaro es ése.»
Y el otro dice, «Es un tordo petimarrón. Tu padre no te enseña nada!»

Pero era exactamente lo contrario. El ya me había enseñado: «¿Ves aquel pájaro?», me decía. «Es un gorgeador de Spencer.» (Yo sabía ya que él no conocía su verdadero nombre.) «Bueno, en italiano es un Chato Lapittida. En portugués, un Bon da Peida. En chino, es un Chunlontah, y en japonés, es un Katano Tekeda. Puedes conocer el nombre de ese pájaro en todos los idiomas del mundo, pero cuando termines de aprendértelos no sabrás absolutamente nada del pajarillo. Tan sólo sabrás algo acerca de los humanos de diferentes lugares: cómo le llaman al pájaro. Así que observemos el pájaro y veamos qué está haciendo, eso es lo que importa. (Aprendí muy pronto la diferencia entre el nombre de algo y saber algo.)
Me decía, «Por ejemplo, fíjate: el pájaro está constantemente picando entre sus plumas. ¿Ves cómo hace, ves que va caminando y al mismo tiempo picándose el plumaje?»
«Sí.»
Y entonces me preguntaba, «¿Por qué piensas que los pájaros se picotean entre las plumas?»
«Bueno», respondía yo, «a lo mejor es que se les desordenan al volar, y luego vuelven a colocárselas con el pico.»

«Muy bien», me decía, «Si así fuera, se picarían las plumas justo después de haber estado volando. Entonces, después de haber estado un rato posados en el suelo, ya no se las picarían tanto. ¿Entiendes lo que quiero decir?»
«Sí.»
«Fijemos a ver si se picotean más cuando se posan en el suelo.»
Era difícil de decir: no parecía haber mucha diferencia entre los pájaros que llevaban un ratito andando por el suelo y los que acababan de aterrizar. Así que dije, «Me rindo. ¿Por qué se pican los pájaros las plumas?»
«Porque les molestan los piojos», me contesta. «Los piojos se comen los copos de proteínas que se desprenden de las plumas.» Y continuó, «Cada piojo tiene en las patas una sustancia cerosa, que sirve de alimento a otros ácaros más pequeños. Los ácaros no pueden digerirla. por completo, por lo que emiten por su extremo posterior una sustancia parecida al azúcar, donde se crían bacterias.»
Finalmente me dice, «Así que ya ves, allí donde hay una fuente de sustento hay alguna forma de vida que la descubre y la aprovecha.»

Ahora, yo sabía que tal vez no fueran exactamente piojos lo que tuviera el pájaro, que tal vez no fuera del todo exacto que en las patas del piojo se criasen ácaros. Esa historia era, probablemente, incorrecta en detalle, pero la explicación era correcta en principio.

En otra ocasión, siendo yo mayor, arrancó una hoja de un árbol. Tenía esta hoja un defecto, algo en lo que no solemos fijarnos. La hoja daba la impresión de estropeada; tenía una pequeña línea marrón en forma de C, que arrancaba más o menos del centro de la hoja y se dirigía hacia el borde formando un rizo.
«Fíjate en esta línea marrón», me dice. «Es estrecha al principio, y se va ensanchando conforme avanza hacia el borde. La causa de esto es una mosca, una mosca azul, de ojos amarillos y alas verdes, que ha venido y ha puesto un huevo en esta hoja. Después, cuando el huevo hace eclosión, sale una larva (un ser parecido a una oruga), que se pasa toda la vida comiéndose esta hoja porque en ella es donde encuentra su comida. Conforme se la va comiendo va dejando en pos un rastro de hoja comida. Y al crecer la larva, el rastro se ensancha, hasta que crece al tamaño máximo cuando llega al extremo de la hoja, donde se convierte en una mosca una mosca azul, de ojos amarillos y alas verdes que se aleja volando y pone un huevo en otra hoja»

Lo mismo que antes, yo sabía que los detalles no eran exactamente correctos podía incluso haber sido un escarabajo pero la idea que estaba tratando de comunicarme era la parte amena de la vida: que toda ella consiste en la reproducción. Poco importa cuan complicado sea el asunto, ¡lo fundamental es hacerlo otra vez!.

Careciendo yo de experiencia con muchos padres, no me daba cuenta de lo muy notable que era el mío. ¿Cómo pudo aprender los principios profundos de la ciencia y adquirir el amor por ella, lo que se encuentra tras ella, el por qué de su valor y su importancia? Nunca se lo pregunté, porque daba por supuesto, sencillamente, que ésas eran cosas que los padres sabían."
Otro día, más de Feynman.

jueves, 8 de noviembre de 2007

La violencia del Sol












Haz "click" sobre la foto para ir a la página donde puedes ver el video completo.


Hay un fragmento de Rafael Argullol que me gusta mucho. Realmente me gusta mucho todo (lo poco) que he leído de él. Pero este fragmento me parece especialmente hermoso. Y por eso lo cito y leo frecuentemente:

"Del mismo modo en que somos capaces de apreciar la belleza del Sol aun a sabiendas de que es el producto de violencias infinitas, y al tiempo que somos capaces de apreciar la belleza del cuerpo conociendo los violentos procesos químicos y bioquímicos que laten en su interior, deberíamos ser capaces de apreciar el cosmos ante el reconocimiento del caos, así como de apreciar una visión de orden y armonía frente al reconocimiento de la destrucción y del mal."
Rafael Argullol
[Es una pena que carezca de la capacidad de recordar (poemas, entre otras cosas ;-). Si no incluso podría rememorarlo con exactitud en cualquier momento.]

Me parece que contiene la semilla de la contradicción esencial, aquella que está presente por todos los sitios. Aquella que, a juicio de George Steiner, es fuente de la "tristeza de pensamiento".
Pero hoy sólo me quiero referir a la violencia infinita de nuestro bello Sol, fuente de la vida (si estás lo suficientemente lejos). Porque en una página que frecuento con período T = 1 día, dónde publican una foto astronómica diferente con el mismo período, han colocado este vídeo que me parece… que hay que ver.

La traducción del texto que acompaña a cada foto, aquí.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Lederman (11): la torre y el acelerador




















El de hoy es un post con referencias a algunos mitos fundamentales en la mitología y en la ciencia. Eso significa, hablando en plata, que:
  • vale la pena dedicar un tiempo extra a leer los enlaces propuestos (y los propuestos por la Wikipedia y …). Eso sí, no sigas "hasta el infinito y más alla" porque, como verás, la cosa puede no tener fin…
  • considero esos mitos "parte" de la ciencia ya que, cada vez más, entiendo a ésta como un fragmento de la cultura misma. Esto puede suponer un "problemilla" para los amantes de la ciencia que gustamos de pensarla como una verdad absoluta, independiente de todo el entorno socio-cultural. Pero, como mucho, podemos considerarla una incrustación en la cultura (a modo de piedra preciosa, por escasa y valiosa). Aún así siempre habrá sido tallada por mentes embebidas en una cultura determinada que, en definitiva, suelen dejar referencias a sus mitos y cánones, a sus formas de pensar: las marcas de dicha cultura.
No me olvido del Dr. Lederman, no. Es que me disperssssssssso…
Nos andaba explicando cositas del misterioso Sr. Higgs y el por qué llama al bosón de Higgs, "the God particle". Acababa haciendo referencia a un libro muy antiguo…

Así que continua transcribiendo unos párrafos de la Biblia donde se cuenta la historia de la torre de Babel [Génesis 11:1-9]. Si no conoces esta bella metáfora te recomiendo que la leas (es una pena que muchos jóvenes no hayan leído la Biblia, una fuente de referencias i-n-m-e-n-s-a en nuestra cultura) el link anterior de la Wikipedia está bien y transcribe el párrafo correspondiente.
Hubo un tiempo, hace muchos milenios, mucho antes de que estas palabras hayan sido escritas, en que la naturaleza hablaba un lenguaje único. En todos los lugares la materia era la misma –bella en su elegante e incandescente simetría. Pero, a lo largo de eones, ha sido transformada, dispersada por todo el universo adoptando muchas formas distintas, confundiéndonos a quienes vivimos en este planeta normalito que gira alrededor de una estrella mediocre.

Ha habido momentos en que la aventura del conocimiento racional del mundo ha progresado rápidamente, los avances abundaban y los científicos estaban llenos de optimismo. En otros la confusión reinaba. Los períodos de mayor confusión fueron momentos de crisis intelectual y de incomprensión y parecían profetizar la llegada de importantes avances.

En las pasadas décadas la física de partículas se ha encontrado en un período de tal tensión intelectual que la parábola de la torre de Babel parece adecuada.

[Condenso un poquillo, que creo que ya se ve por dónde van los tiros]

Los físicos de partículas (con sus grandes aceleradores) están siendo ayudados, desde no hace mucho, por los astrónomos y astrofísicos (con sus grandes telescopios) en la búsqueda de los residuos del Big-Bang, el momento de incandescente simetría del que habla el Dr. Lederman al principio de su intervención de hoy:

Ambos grupos van progresando hacia un modelo simple y coherente que lo explicaría todo: la estructura de la materia y la energía, el comportamiento de las fuerzas en entornos que abarcan desde los primeros momentos del universo, con sus elevadísimas temperatura y densidad, hasta el mundo que observamos, relativamente frío y vacío.

Estamos tratando amablemente, quizás demasiado, el tema de una fuerza que nos es adversa, algo que parece impregnar todo el espacio en que se mueven planetas, estrellas y galaxias. Algo que aún no podemos detectar pero que parece estar ahí para ponernos a prueba y confundirnos.

¡Jo! Esto me recuerda muchísimo a la idea de éter, que se cargó el experimento de Michelson-Morley. Muchísimo. Por mucho que digan que es un campo escalar y tal… ¡Pensar que los griegos y anteriores ya andaban a vueltas con la idea! ¡Cada vez me parecen más modernos los presocráticos & Co! Hablaremos de ellos pero, de momento, me referiré a un señor que, aunque es bastante posterior (año 137), podría parecer que tiene poco de moderno. ¡Quita, quita! Se llamó Basílides (¡atentos los futuros padres en busca de nombres para sus hijos! ;-), y puede considerársele el inventor de la teoría inflacionaria del Big-Bang. Decía:
Érase una vez cuando no había nada, ninguna entidad. En palabras sencillas no había na de na. Cuando no había nada, ni materia, ni substancia, ni no-substancia… ni hombre, ni ángel… ni Dios… entonces, un NO-ser Dios sin conciencia ni percepción, ni plan, ni propósito, ni afecto, ni deseo, deseó hacer un mundo (digo "deseó" por expresarlo de alguna manera, pero me refiero a un acto involuntario, irracional e inconsciente). Por "mundo" no me refiero al mundo del espacio y el tiempo, que vino después, sino al germen de un mundo. Y esta semilla lo contenía todo en su interior… en potencia.
De manera que un NO-ser Dios creó un NO-ser mundo a partir de la nada, de acuerdo con la moderna teoría del Big-Bang –tal y cómo nos dijo el Dr. Álvaro de Rújula :-)

¡Cada vez veo más claro que no debe pasar un año sin haber leído o releído algo clásico!: me parecen una buena cura contra la arrogancia científica, que no puedo evitar que me siga tentando infinitamente… ¡Bellísimos, los clásicos y la ciencia!