jueves, 14 de febrero de 2008

Avito Carrascal falls in love.

Dado el día que es hoy aquí in Spain, S. Valentín, día de los enamorados el post de hoy irá sobre D. Avito Carrascal y la "ciencia" del amor. Es decir, de lo cómico, tomado en broma, que resulta aplicar la filosofía de la ciencia al tema del amor que desde siempre no para de reproducirse.

Mi ignorancia no me deja saber si allá por el cono sur de las Américas, donde al parecer hay alguien que me lee, también se celebra este día de júbilo para el Corte Inglés y otros grandes almacenes. Discúlpame. En tu honor pienso escucharme unas rancheras llenas de amor y desamor (por si eres de Méjico), unos tangos sobre el tema (por si de Argentina) y a los Aterciopelados que, así a bote pronto, creo que es lo único Colombiano que tengo. Si eres de alguno de los países que quedan, me tendrías que pasar el nombre de algún grupo musical de por allá que pienses vale la pena escuchar.

No os enfadéis tampoco las mujeres, dado que el punto de vista es totalmente masculino, el de D. Avito. Seguro que Don Miguel de Unamuno representa en su personaje el sentir de muchos de los machitos de su época. ¡Ojalá hayamos mejorado algo! Del todo yo creo que no va a poder ser…

Bueno, a lo que voy…

— Tiempo hace que maduro un vasto plan para llevar a la práctica mis teorías, aplicando mi pedagogía sociológica in
tabula rasa...

— ¿Se va a hacer maestro?
[Este golpe me parece divertidísimo, viendo por dónde discurre la enseñanza actualmente. Igual don Miguel de Unamuno no pretendía hacer broma…]
— Algo más hondo.

— ¿Más hondo?

— Más hondo, sí, ¡voy a hacerme padre!
[¿Y este otro? Si eres madre-padre puede hacerte llorar de risa… El concepto de hijo/a adolescente parece ser incompatible con el de tabula rasa. Y los adolescente, existen. ¡Vaya si existen!]
«¿Se hace uno padre o le hacen tal?», piensa el matriculado en Ciencias naturales, traduciéndolo en esta frase:

— ¡Qué teorías, don Avito, ¡oh, qué teorías!

Y se levantan de la mesa, para madurar su plan uno, para estudiar el otro la lección del día siguiente. Porque Sinforiano, como buen chico que es, se lleva siempre una lección por delante y unas cuantas por detrás.
[Cualquier profe puede encontrar divertido el párrafo. Dios, ¡qué envidia!…]
Medita, en efecto, Carrascal buscar mujer a él y a su obra adecuada, y con ella casarse para tener de ella un hijo en quien implantar su sistema de pedagogía sociológica y hacerle genio. Por amor a la pedagogía va a casarse deductivamente
[Por deducción e inducción son dos formas de razonar; dos conceptos muy importantes en filosofía y, claro, en ciencia. A mí, la teoría de don Avito me parece hilarante, sin considerarla falsa… ;-) Don Avito empieza a introducirse en terrenos pantanosos, los del amor…]
Porque es de saber, antes de proseguir nuestro relato, que los matrimonios pueden ser inductivos o deductivos. Ocurre, en efecto, con harta frecuencia, que rodando por el mundo se encuentra el hombre con un gentil cuerpecito femenino que con sus aires y andares le hiere las cuerdas del meollo del espinazo, con unos ojos y una boca que se le meten al corazón, se enamora, pierde pie, y una vez en la resaca no halla mejor medio de salir a flote que no sea haciendo suyo el garboso cuerpecito con el contenido espiritual que tenga, si es que le tiene. He aquí un matrimonio inductivo. En otros casos acontece que al llegar a cierta edad experimenta el hombre un inexplicable vacío, que algo le falta, y sintiendo que no está bien que esté el hombre solo, se echa a buscar viviente vaso en que verter aquella redundancia de vida que por sensación de carencia se le revela. Busca mujer entonces y con ella se casa en matrimonio deductivo. Todo lo cual equivale a decir que, o ya precede la novia a la idea de casarse, conduciéndonos aquélla a ésta, o ya el propósito del casorio nos lleva a la novia. Y el matrimonio del futuro padre del genio tiene que ser, ¡claro está!, deductivo.
[Lo trivial podría ser considerar el texto como machista. Tras leer el libro completo considero que queda peor parado don Avito –y varios de los personajes masculinos– que su futura esposa y el resto de los personajes femeninos.]
Y como un hombre moderno, por mucho que en la pedagogía sociológica crea, no puede dejar de creer en la ley de la herencia, cavila noche y día Avito acerca del temperamento, idiosincrasia y carácter que su colaboradora ha de tener. Porque eso de que el huevecillo del futuro genio haya de ser un huevecillo como los demás, está bien en teoría, como postulado y punto de arranque de nuestra pedagogía, para los matriculados en ciencias, pero... ¿hemos de despreciar el instinto? A buscar, pues, novia.

Sentado ante su mesa, bien arrebujadas las piernas en una manta que imita una piel, y en largas horas de meditación fecunda, ha trazado Avito en unas cuantas cuartillas los caracteres antropológicos, fisiológicos, psíquicos y sociológicos que la futura madre del futuro genio ha de tener. Y tales caracteres en ninguna encarnan mejor que en Leoncia Carbajosa, sólida muchacha dólico-rubia, de color sano, amplias caderas, turgente y levantado pecho, mirar tranquilo, buen apetito y mejores fuerzas digestivas, instrucción variada, pensar libre de nieblas misticas, voz de contralto y regular dote. Avito ha puesto sus ojos en los de ella, por si éstos le dicen algo; pero Leoncia, a fuer de futura madre de genio futuro, no responde más que con la boca, y eso cuando se le pregunta. Decidido a la conquista de Leoncia, pónese Avito a redactar con tiento y medida eso que se llama carta de declaración. La cual no cabe sea, naturalmente, centón de esas encendidas frases que el amoroso instinto dicta, sino reposados argumentos que de la científica teoría del matrimonio derivan. Y del matrimonio mirado a luz sociológica.

Doce horas, en seis noches consecutivas, le cuesta el documento. Y no es la cosa para menos, porque cuando al rodar de los años se estudie al genio obtenido por pedagogía, pieza de escogido estudio habrá de ser, sin duda, la Carta Magna que de preludio le sirve. Escríbela, por lo tanto, Avito para la posteridad, a través de Leoncia, la dólico-rubia de anchas caderas. Es todo un informe amoroso: allí, con la precisa hoja de parra, las ineludibles necesidades orgánicas, allí psicología del amor sexual al alcance de las Leoncias Carbajosas y de la posteridad a que resumen, con el genio de la especie y demás metafísicas; allí la ley de Malthus, allí la tendencia sociológica a la monogamia, y allí, en fin, el problema de la prole. Cuajado todo ello en un sutil tejido en que se le suelta a la imaginación su parte, haciéndole ver, cual tentador señuelo, allá, en gloriosa lontananza, al espléndido genio. Lee y relee el expediente, corrigiéndolo a cada lectura, se lo recita tomándose de posteridad, y cuando lo ha visto bueno saca de él copia y se guarda la pieza original, esperando coyuntura propicia de que a la interesada se le traslade. Quiere antes prepararla para que sea menos brusca la emoción que le cause y el efecto útil mayor.
Miguel de Unamuno, Amor y pedagogía
Un abrazo (contenido, ¡ojo!, c o n t e n i d o) a todos y todas (y como gustaría decir Andrea, cantante de los Aterciopelados, entre todos y todas?).


domingo, 10 de febrero de 2008

Avito Carrascal, again

"Porque a la naturaleza le complace la sencillez, y no gusta de la pompa de las causas superfluas."
Isaac Newton, Principia, libro III




Esta especie de mapa conceptual me gusta una barbaridad y, me temo, que a Don Avito y compañía también. Mira qué dicen:


— Hay quien cree que llegará a hacerse hombres en retorta, por síntesis químicoorgánica –se atreve a insinuar Sinforiano, que está matriculado en Ciencias naturales.

— No digo que no, porque el hombre, que ha hecho los dioses a su imagen y semejanza, es capaz de todo; pero lo indudable es que llegará a hacerse genios mediante la pedagogía sociológica, y el día en que todos los hombres sean genios... –engúllese una nuez.

Era un mapa conceptual que solía utilizar en clase por varias razones:
  • Permite comprender que a las cosas hay que darles SU tiempo (en general mucho, como al estudio, por ejemplo). Otro día igual os plantifico un rollo al respecto…
  • Contiene la esencia del concepto de ingrediente. En el caso de la física de partículas y la química, es un tema crucial el conocer los ingredientes básicos o elementales de todo. Tampoco voy a esto, aunque te parezca mentira. Jejeje.
  • Contiene la idea de evolución… No voy a eso…
  • Es un punto de vista muy científico… que puede considerarse basado en esta bella sentencia newtoniana: "Porque a la naturaleza le complace la sencillez, y no gusta de la pompa de las causas superfluas." Isaac Newton, Principia, libro III
Da pie a hablar de elefantes (materia inteligente) y de seres humanos (materia, a veces, culta), de esa capacidad tan especial, única y diferenciadora, que tienen estos últimos para "comentar la naturaleza" e incluso "hablar de ellos mismos".

En esencia, el mapa conceptual lo derivé del texto siguiente:
La cuestión que se nos plantea ahora es la siguiente. Supongamos que usted prefiere ser un creador infinitamente perezoso: ¿cuál es la especificación mínima que puede hacer? ¿Es realmente necesario tomarse la molestia de especificar unas cien clases diferentes de átomo? ¿Es posible especificar un simple puñado de cosas, las cuales, si existen en las cantidades apropiadas, conducen primero a elementos y luego a elefantes? ¿Puede la totalidad del universo llevarse de nuevo a una sola cosa que, si se especifica de forma apropiada, conduzca inevitablemente a los elefantes? ¿Podría usted (siendo infinitamente perezoso) evitar, de hecho, especificar y hacer incluso eso? Si pudiera (y nos faltará poco para ver que sí puede), no habría ningún papel para usted en la creación de su universo.

A estas alturas, nuestra tarea ya debería ser clara. Debemos embarcarnos en el camino del cero absoluto de participación creativa en la creación, el cero absoluto de intervención. La única pista que tenemos al empezar es que la respuesta final será casi seguramente de extrema sencillez, puesto que sólo lo que es perfectamente sencillo puede nacer mientras todos los agentes duermen (o están ausentes). Esto induce a pensar que deberíamos examinar el universo en busca de las huellas de su sencillez subyacente. Al buscarlas, debemos recordar siempre que la complejidad del comportamiento y la apariencia pueden ser ilusorias, y que lo que percibimos como complejidad puede ser el resultado de cadenas de sencillez.

Aquí es donde empezamos. La única fe que necesitamos para el viaje es la creencia de que todo puede entenderse y, en el fondo, no hay nada que explicar.

Nuestra apreciación de la naturaleza del universo proviene de nuestra capacidad de fijarnos en las cosas que contiene, observarlas y reflexionar sobre ellas. Nos fijamos, por ejemplo, en que todo está hecho de la misma materia. Los animales comen plantas y beben ríos. Las plantas comen montañas. Cuando mueren, los animales contribuyen a la formación de montañas posteriores y de otras plantas. Las montañas brotan de planetas que son las acreciones de los detritos de estrellas muertas. Todo está hecho de la misma materia, y cuanto más lejos miramos, menos probable parece que en alguna parte intervenga alguna materia diferente. Somos polvo galáctico y polvo galáctico volveremos a ser.
Cómo crear el mundo, Peter W. Atkins

¡Me parece muy bonito! Pero no me acaba de gustar porque creo que induce a un optimismo algo bobo. La materia culta es algo maravilloso pero también parece ser la única capaz de fastidiarlo todo. No me gusta perder de vista esta posibilidad: desde luego resta poesía a la idea pero… Y si no, lee las ideas que don Avito proyecta experimentar con un futuro hijo:
— Pero ¡qué teorías, don Avito! –prorrumpe sin poder contenerse el matriculado en Ciencias naturales.

— Usted sabe, Sinforiano amigo, cómo hacen su reina las abejas?

— No, todavía no hemos llegado a eso...

— Entonces no sé si debo... porque el método...

— ¡Oh, sí, sí, don Avito, sí!, ¡qué teorías!, qué teorías!

— Pues es el caso que cogen un huevecillo cualquiera de hembra, uno cualquiera, uno como los demás, fíjese bien en esto, Sinforiano, un vulgar huevecillo de hembra, y mediante un trato especial y régimen de distinción, alimentando a la larva con pasta real o regia, mediante una acertada pedagogía abejil o, si hemos de hablar técnicamente, melisagogia, sacan de él la reina...

La ciencia está a años luz de dominar el comportamiento no ya de la materia culta, ni de la inteligente, sino de la viva e incluso la inerte… El punto de partida de la ciencia debe ser el de "no hay nada que no pueda explicarse, y todo es extraordinariamente sencillo". Pero como dice Jorge Drexler, "la vida es más compleja de lo que parece."

miércoles, 6 de febrero de 2008

Avito Carrascal


Avito Carrascal es uno de los personajes importantes de un librito de Don Miguel de Unamuno que se titula "Amor y pedagogía". Me lo dejó un amigo (¡gracias Albert!) y me ha parecido muy jugoso. Avito Carrascal es…
...joven entusiasta de todo progreso y enamorado de la sociología.
Vive Carrascal de sus rentas y ha llevado a cima, a la chita callando, sin que nadie de ello se percate, un hercúleo trabajo, como es el de enderezar con la reflexión todo instinto y hacer que sea en él todo científico. Anda por mecánica, digiere por química y se hace cortar el traje por geometría proyectiva. Es lo que él dice a menudo: «Sólo la ciencia es maestra de la vida», y piensa luego: «¿No es la vida maestra de la ciencia?».
Este blog es (creo) marcadamente procientífico y pienso escribir más acerca de una visión científica del mundo. No creo exagerar: asusta la cantidad de gente que cree en horóscopos, brujas y duendes. En absoluto pretendería desplazar el punto de vista humano por el científico. Sí, complementarlo. Por aquello de ampliar las, siempre limitadas, cotas de disfrute que la vida pemite.

Pero, como Don Avito Carrascal, es fácil enamorarse de la ciencia y pensar un montón de tonterías en base a ella. Incluso creo que se trata de un efecto secundario inevitable en un primer momento. Unos primeros (bastantes, en mi caso) años, hasta que la vida te va dando una serie de lecioncillas que curten de lo lindo y que, mira qué raro, resultan indescriptibles en términos de ecuaciones diferenciales o de hermosas teorías.

Y es que no hay que olvidar que la física es aplicable sólo a la materia inerte. Que, en efecto, durante una caída libre lo haremos con una aceleración de 9,8 m/s^2, es nuestra parte inevitable de materia inerte. Pero ese cangelo que sentimos cuando estamos haciendo cola para subir en esa atracción criminal del parque de atracciones, que "cómo me gustaría ahora que fuese una repulsión y no una atracción", "pero entonces, no podría quedar como un valiente delante de mi chica. ¡Nada, nada, a someterse a la gravedad terrestre! ¡Peor sería en un parque de atracciones en Júpiter!" y, al bajar, todo chulito, "¡cómo mola! ¡Vaya subidón de adrenalina!"… Esas cosillas que tiene la "materia culta"… Bueno, dejémoslo en "materia viva"… Esas cosillas FUNDAMENTALES nada tienen que ver con la física.

Sí, a mí me suele parecer una pena, especialmente durante las fases dolorosas que tiene el asunto este de la vida, pero es así.

Ya desde el principio del libro, ponía Unamuno, en boca de Don Avito una especie de advertencia al respecto:
«Sólo la ciencia es maestra de la vida», y piensa luego: «¿No es la vida maestra de la ciencia?».