domingo, 21 de diciembre de 2008

Por si las moscas. Movimiento perpetuo (III)

La imagen del costado muestra un ojo de insecto. Por razones de conveniencia que se aclararán más adelante, supondré que es el ojo de una mosca. Hay gente que piensa que las moscas lo ven todo muy claro (de hecho, yo mismo, de chico, veía el ser mosca como algo que debía estar muy bien [sí, todavía adoro la claridad, pero ya no me gustaría ser mosca]) porque tienen un montón de ojos. Quizás un error proveniente de alguna película de ciencia ficción.
¡Craso error!

¿Te imaginas lo que sería ver una misma imagen repetida un montón de veces? Sí, porque seguro que has estado en algún gran almacén en su sección de televisores: la misma imagen vista una y otra vez a lo largo y ancho de toda una pared enorme… ¡Un rollo!
[El otro día, sin ir más lejos, fui a ver televisores. Me atendió una chica que se explicaba bien y extensamente. Pero no me enteré de casi nada, no me conseguía concentrar: la imagen hiper repetida era de un concierto, en formato Blue-Ray, de Rihanna. Lo del formato no importa nada: lo relevante es que la chica exhibía juventud por los cuatro costados. Mi concentración, ¡a tomar viento! ¡Si por lo menos no hubiese habido 30 Rihannas!]

Pero la verdadera razón por la que se trata de un error es que las moscas no tienen muchos ojos. Sólo dos, pero compuestos. Cada uno de los elementos de esta tecnología en ojos se llama ommatidium. Y NO hay una retina tras cada ommatidium. De cada uno de estos sensores de luz sale un único nervio que recoge la luz de una pequeñísima zona, la que está inmediatamente en frente. Así que, la imagen total (única y no múltiple) que ve el insecto es la combinación de todos los puntos luminosos que recogen sus múltiples detectores. Al parecer, esta tecnología de visión, es muy buena para detectar el movimiento…


¿Que a qué fin ha venido este rollo? Porque el Sr., bien llamado, Augusto (Monterroso) dice en su "Movimiento perpetuo":
Hay tres temas; el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres. Hace años tuve la idea de reunir una antología universal de la mosca. La sigo teniendo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que era una empresa prácticamente infinita. La mosca invade todas las literaturas y, claro, donde uno pone el ojo encuentra la mosca. No hay verdadero escritor que en su oportunidad no le haya dedicado un poema, una página, un párrafo, una línea; y si eres escritor y no lo has hecho te aconsejo que sigas mi ejemplo y corras a hacerlo; las moscas son Euménides, Erinias; son castigadoras. Son las vengadoras de no sabemos qué; pero tú sabes que alguna vez te han perseguido y, en cuanto lo sabes, que te perseguirán siempre. Ellas vigilan. Son las vicarias de alguien innombrable, buenísimo o maligno. Te exigen. Te siguen. Te observan.
No soy escritor, pero como la vida da muchas vueltas: quién sabe si dedicarle unas líneas a las moscas acabará siendo algo recomendable para todo ser humano. Ahí ha quedado mi contribución.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Hablando de energía: la santa Inquisición

Una combustión es una reacción química en que participan un combustible y algún comburente. Uno, al menos. Un oxidante, dice la química (el oxígeno, casi siempre). Pero el diccionario de la Real Academia Española amplia el concepto de comburente a "aquello que provoca o favorece la combustión". Entre la energía de salida de muchas combustiones están la luz (energía luminosa) y la energía térmica. También hay muchas combustiones sin fuego: las que se producen en el interior de las células y que nos permiten vivir. Pero hoy sólo vamos a hablar de las primeras, las de las hogueras, como las de la santa inquisición (que, al parecer, también daban la vida, pero esta vez la eterna).

Cuenta Fernando Vallejo, con el rigor y mala uva que le caracterizan, en su último libro (la puta de Babilonia) formas de funcionamiento y cifras conseguidas por la misma. Dedica a Tomás de Torquemada, "el inquisidor por antonomaxia", un espacio especial en su razonamiento energético:
"Vale decir que en trescientos años un sartal de inquisidores sólo le sumaron veinte mil a los diez mil que quemó Torquemada en sus escasos once años de gestión comburente. Como Mozart, Torquemada vale por cuantos lo preceden y lo siguen. Cotéjense si no estas pobres cifras ajenas con las suyas: Robert le Bourge quemó a ciento ochenta y tres; Bernard Gui, a cuarenta y dos; Conrado de Marburgo, a unos veinte. En Portugal quemaron a ciento ochenta y cuatro, tres mil ochocientos en Goa, veinte en Salem. ¡Qué desilusión! No hay como la raza hispánica
De hecho Torquemada condenó, entre herejes, apóstatas, brujas, bígamos, usureros, judíos, moros y cristianos, a ciento catorce mil. Las penas fueron variadas: sólo quemó a diez mil.
El caso es que:
"El sistema de la delación anónima les producía a los inquisidores tales cosechas de herejes para la hoguera que se empezó a acabar la leña de Europa."

"Cuando a los dominicos les empezaron a escasear los herejes le pidieron permiso a Juan XXII para seguir con las brujas."
Siempre, siempre es necesaria una energía de entrada: si se agota una, habrá que hacerse con otra. En todo caso, las que utilizaba la Santa Inquisición, siempre eran no renovables.

Otra de energía [según Zorba (el griego)]

Ahí va otro pequeño fragmento de literatura que, una vez paladeado (o mientras lo paladeo, no sé) deja que me entretenga pensando en el principio de conservación de la energía. Transcribo un párrafo anterior para que el contexto no se pierda totalmente.

— He tenido un sueño. Un sueño muy raro. Creo que no tardaremos en emprender un viaje. Escucha, que te hará gracia. Era, pues, aquí en el puerto, un barco grande como una ciudad. Sonaba la bocina, anunciando la inminente partida. Y yo llegaba a todo correr de la aldea para embarcarme y llevaba un loro en la mano. Llego, me subo a bordo, acude el capitán: "¡Su pasaje!", me grita. "¿Cuánto cuesta?", le pregunto yo, extrayendo un puñado de billetes del bolsillo. "Mil dracmas." ¡Hombre –le digo–, ¿no podrías, por favor, dejármelo en ochocientas? "No, son mil." "Tengo ochocientas, tómalas." "Mil, ni un céntimo menos. Si no puedes pagarlas, márchate al instante." Entonces, me enojé: "Oye, capitán –le dije–, por tu alma te lo digo, toma ochocientas que te doy, si no me despertaré, pobre amigo mío, y lo perderás todo."

Zorba lanzó una carcajada.

— ¡Qué máquina curiosa, el hombre! Le echas pan, vino, pescados, rábanos, y te produce suspiros, risas y sueños. ¡Es una fábrica! En la cabeza llevamos un cine sonoro como esos que te dan cintas parlantes
Nikos Kazantzakis, Zorba el griego


¿Cuál es la energía de entrada? Está claro: pan, pescado, ¡vino!, etc. Zorba se deja de enumerar las percepciones sensoriales: la luz procedente del exterior y que, entrando por nuestros ojos, alimenta a nuestro cerebro; el calorcito (energía térmica) y suavidad de una caricia sugerente…

Suspiros, risas y sueños. ¡Y penas!, que aquí no lo dice pero que en el libro también aparecen, como energía de salida.

Y el cine sonoro de nuestra cabeza comandando lo que puede, generando, muchas veces, muchas pérdidas en "el proceso que llamamos vivir."

Y, sí, con el sueño de Zorba un buen psicoanalista se pasaría un buen rato.
[En el libro, el sueño tiene un carácter premonitorio que me divierte mucho menos que el juego psicoanalítico que podría dar ;-)]

sábado, 6 de diciembre de 2008

Movimiento perpetuo (II): algunas apreciaciones energéticas

Al hilo del post anterior y los comentarios sobre energía que hice hace un tiempo hoy voy a tontear con la idea de movimiento perpetuo.

En física, existe un concepto anidado en una de sus ramas –la termodinámica– que es el de movimiento perpetuo de primera especie. En esencia, se trata de una máquina o aparato que, una vez puesto en marcha, seguiría en funcionamiento para siempre (eternamente, perpetuamente) sin consumir energía. Es un aparatejo que se ha intentado construir repetidamente. Sin éxito, porque es imposible: violaría ¿el primer? título de la constitución de la naturaleza. Ese primer título es tan importante que hasta tiene nombre propio: el primer principio de la termodinámica. Y el tribunal constitucional de la naturaleza es tan eficiente que emite y ejecuta sus sentencias automáticamente: ningún móvil perpetuo de primer especie funciona. Y punto.

El primer principio de la termodinámica es una forma de expresar la conservación de la energía: cualquier "aparatuqui" que realiza alguna acción (un trabajo que modifica la energía de un objeto) requiere que se le alimente con, al menos, la misma cantidad de energía. Es el clásico "nadie da duros a tres pesetas" que se convierte en "la naturaleza nunca da duros a tres pesetas".
[De hecho, la cosa aún es más borde porque la segunda ley de la termodinámica dice que "la naturaleza ni siquiera te dará tres euros a tres euros; siempre te cobrará "gastos de gestión". Sí, los bancos parecen haberse inspirado en la segunda ley…]

Pero una ley tan draconiana no le quita ni un pelo de diversión a ver intentos de máquinas de este tipo y averiguar de dónde extraen su energía, o por qué van a fallar. Ni le quita un pelo de belleza a la cita del Sr. Augusto Monterroso, por mucho que en términos absolutos no pueda ser cierta. ¡Es igual!: en términos relativos es bien cierta.

Así, movimiento "perpetuo" debe poder referirse a este ir y venir de ideas ("infinitas veces" pensadas por otros) que ocupa mi cerebro durante lapsos de tiempo minúsculos (comparados con la edad del universo ;-), insignificantes… pero que, a veces, se me hacen largos de co'h'ones.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Movimiento perpetuo (I): el bueno (aunque feo) y el malo

«La vida no es un ensayo, aunque tratemos muchas cosas; no es un cuento, aunque inventemos muchas cosas; no es un poema, aunque soñemos muchas cosas. El ensayo del cuento del poema de la vida es un movimiento perpetuo; eso es, un movimiento perpetuo.»
Augusto Monterroso, Movimiento Perpetuo

Así comienza un libro de Augusto Monterroso que se titula Movimiento perpetuo. Pensaba que lo tenía porque tengo un libro de cuentos de Augusto Monterroso que contiene un "Movimiento perpetuo". Que no es el que debiera. ¿Quién decidió no sólo castrar sino amputar severamente el libro original? Menos mal que un amigo me dejó el MOVIMIENTO PERPETUO. Completo. Una edición bastante fea en comparación con la que yo tengo. Pero completa. Y, aunque me encantan las portadas bonitas de libros, discos, etc prefiero una edición fea y completa que otra bonita y capada. Y cuando leo las partes amputadas al libro, maravillosas, me subo por las paredes de rabia.

No he podido encontrar/comprar la edición feo-completa. Al buscar la versión electrónica del mismo –que tampoco he localizado– di con una entrada de un blog en la que posteaba la misma cita. En los comentarios, este poema precioso:

No busques nada nuevo, ¡oh mi canción!;
nada hay oculto bajo el rascacielo,
nada en la máquina que sube al cielo,
nada ha cambiado desde Salomón.

Es muy antiguo el hombre y su pasión,
guarda en el nuevo día el viejo anhelo,
bajo la nueva noche igual desvelo
y el mismo palpitar del corazón.

No te engañen los nuevos continentes,
con sus plantas, sus bestias y sus gentes,
ni sus canciones con su nuevo acento.

Todo lo que dice algo ya está dicho:
sólo nos queda el aire y su capricho
de vagos sones que se lleva el viento.

José Coronel Urtecho, Nihil Novum

Continuará…