viernes, 30 de octubre de 2009

Libros electrónicos

Como me hago viejo, cada vez me gustan más los clásicos y el "hardware clásico", como los libros de "carne y hueso", los de papel…

Con su portadica –que puedo dejar bien manoseada si me ha costado leerlo semanas y semanas pero que finalmente deja muy claro que ese libro sí que me lo he leído con la muy agradable posibilidad de que la gente que lo vea en mi estantería pueda pensar que soy mucho más listo de lo que soy con lo agradable que es que la gente que me gusta me valore en exceso e injustamente pero no lo pienses mucho Luis no vayas a coger una depresión de caballo: encima de gilipollas mentiroso…

Con sus paginicas que puedo dejar bien rayujeadas y anotadas con mis bobadas…

Pero, como también pertenezco a la famosa especie de tontorrones a los que les encanta y flipan con la tecnología, el asunto de los libros electrónicos me llama la atención. Mucho.

Creo que el nombre moderno de este tipo de personas es "geek". Pero a mí me parece que no puedo ser "eso". ¡Con la edad que tengo! ¡Eso es cosa de "menores de 48"!
Que, realmente, tengo 49 y no 48. Pero, ¡mira por donde!, la falta de memoria no siempre es fatal y parece que la última edad que fijó mi cerebro fue la de 48. Y voy diciendo por ahí que tengo 48. Sin querer. De verdad.

El caso es que la gente de Xataka ha dedicado unos cuantos post de su blog al tema. Si te interesa, puedes leer su "especial libro electrónico".

¿Que no huelen a libro de verdad? No problem.
Vaaaale, vaaaale, es broma. ¡Pero podría ser verdad!
Y es que ser gilipollas (y viejo) no está tan mal: uno puede sentirse acompañado en casi cualquier lugar. ;-)

lunes, 26 de octubre de 2009

APOD: fotos del Hubble

Ayer, un amigo me mandó un vídeo-montaje con fotos del telescopio Hubble y música de "The Durruti colum". La música, sensacional; tendré que rescatar y redisfrutar los vinilos correspondientes. El vídeo montaje, una "chusta = kk". Le mandé, a mi amigo, a la página original de APOD. Y va y me dice ¡que es lo mismo!

¡Será posible! Y la resolución de las fotos ¿qué?
¡Bah!, un mal día lo tiene cualquiera: mi amigo es muy sensible a los temas de "resolución". Sobre todo en cuanto a "resolución musical" se refiere, la de los buenos equipos de música…

Mira, connio, mira lo que es bueno
¡Si parece una estructura biológica en 3D!
¡Pues no! Es la nebulosa del cangrejo fotografiada por el telescopio Hubble actualizado.

¿Que no lo ves? ¿Pero has hecho click en la foto para descargarte la versión en alta resolución? ¿Y has hecho zoom sobre ella? Pues eso, ¡patatero, que eres un patatero!


Por si fuera poco, el comentario hace referencia a dos conceptos astronómicos bien famosos y espectaculares: las supernovas y los púlsar.


domingo, 11 de octubre de 2009

APOD: Chorros y pilares en Carina

Igual te perdiste la preciosa "Foto astronómica del día" del día… del día… del día… Del otro día.


Deja que se carge la página por completo y te muestre la preciosa foto A…
Luego, al pasar el ratón por encima verás "lo mismo". O sea, la misma área fotografiada a otra longitud de onda. "The same but different" o, mejor –porque es el título de un disco fantástico de un cuarteto de jazz que voy a tener el placer de ver próximamente en Barcelona– "Different but the same".


¿Recuerdas los post sobre lo que significa "ver"?

sábado, 10 de octubre de 2009

Bellow y el amor

"Hasta Adán que tenía al mismo Dios con quien hablar, pidió compañía humana." ¡Impresionante, Bellow! ¡Ni Dios apaga el deseo sexual del hombre (masculino)! Parece que Dios no es tan omnipotente como lo pintaban… ¡Qué mala uva!
"Te falta algo fundamental. Lo comprendo. Hasta Adán, que tenía al mismo Dios con quien hablar, pidió una compañía humana. …/… Hemos trillado muchas veces este terreno, con los pros y los contras, con Chejov diciendo: "Si tienes miedo a la soledad, no te cases", [con Akim Tamiroff respondiendo] "Un hombre sin mujer es como una chaqueta sin pantalones, como el gato del dicho sin la liebre". Entonces dices: "Me estoy volviendo demasiado autosuficiente. No necesito a nadie. Me hiela la sangre reconocer lo poco que me importa este individuo o aquel otro."

Como ves Bellow es potente (omnipotente no, porque ni Dios ;-).

Bueno, como supongo irás deduciendo, quasicientíficamente, de lo ya citado en posts anteriores, Benn (el botánico genial) acaba "enamorándose"…
"¿Qué vio [el tío] en ella? Bueno, como dijo Joyce, no todos los asuntos humanos resisten ser escritos en blanco y negro."
Haciendo comentar la jugada (más bien el fuera de juego) a una amiga y al sobrino de Benn –el narrador de la novela–, Bellow vuelve a mostrarse más que escéptico con el tema del amor…

"-No creerás de verdad que no es más que una trampa.

-Claro que no, pero hay demasiadas variables humanas a las que hay que seguir el rastro. Por ejemplo, mi tío podía saber muy bien que iba a ser engañado, y desea el engaño tanto como ella porque le excita. O si no, estropea la belleza exagerando defectos nimios. Se vuelve exigente hasta la locura y busca faltas en la amada. Se fija en sus nudillos o en la forma de las orejas. O si no, tiene una señal de nacimiento pequeñita, como la belleza del cuento de Hawthorne, perfecta salvo por ese detalle. Cuando Aylmer, el científico loco, le quita la señal, la mata. Bueno, ya sabes lo que dice la Biblia: Dionisia y Hades son uno y el mismo. El dios de la vida y el dios de la muerte son el mismo dios, lo que significa que la vida de la especie exige la muerte del individuo."
Ufff, duro, duro. Descansemos. Otro día, más.

martes, 6 de octubre de 2009

Bellow (perdón, Amazon) y los tiempos modernos (2)

Al hilo del tema tratado en el post de ayer, que incluía temas como el amor y la tecnología, me arrancado una buena sonrisa una foto que acabo de ver. El post que le da cabida se titula:

Lo que el Kindle ha unido…

[Aprovecho para hacer referencia a una "movida tecnológica" que me interesa mucho, que promete mover montones de dinero y que no sé cómo va a acabar. El rollo de los "lectores de libros electrónicos".
¿Que si me tienta comprarme uno? ¡Vaya chorrada de pregunta! ¡Pues claro! Para algo soy un tecnoadictoprofesional (o sea, una persona a la que le encanta hacer el tontolaba con pijaditas electrónicas; útiles, dice; pero eso es muy discutible demasiadas veces… ;-]


La fotico es
esta.


lunes, 5 de octubre de 2009

Bellow y los tiempos modernos

Que el mundo cambia demasiado rápido como para poder adaptarse me parece un tema central en las dos novelas que he leído de Saul Bellow. Una muestra bastante clara:
"-Me pregunto qué es lo que causa estos problemas -dije-. Tal vez un orden de otros tiempos, presunciones de una época diferente. Como si uno aún se valiese de un buey para cultivar la tierra. Figúrate en un estado como Nebraska, tú arando con tu buey mientras tus vecinos, sentados en sus máquinas de cien discos, se mueren de risa al ver tu anticuado esfuerzo.
-Para lo que yo lo necesito, su avanzada tecnología no me sirve de más ayuda que el buey."

En efecto, la tecnología no ayuda a comprender los asuntos del amor (que son los que tienen enredado a Benn el botánico) de los que la humanidad se ha ocupado y preocupado desde siempre.

Más lamentable es que la tecnología sí debiera ayudar a hacer mejor cine pero, mira por donde, no suele ocurrir (aunque el otro día vi "Distrito 9" y me encantó. Siempre gloriosas, las excepciones).
"-No es más que un baño interior de adrenalina. Si los personajes tratasen de explicar lo que ocurre, no los oirías por el sonido de la locomotora, de los reactores, de la respiración pesada, las sirenas y las pistolas, y hasta el niño tiene juguetes que crujen mientras los adultos maquinan. Se elimina la lógica del comportamiento, no existe coherencia alguna. Las personas gastadas, arrasadas, parecen merecer la muerte. Pertenecen al mundo subterráneo, así que a quién le importa. .../...
Hay una explosión, y fuego. También debe de haber sido un malvado, de modo que, ¿para qué tomárselo a pecho?
.../...
El espectador se ve afectado fisiológicamente, bombea más adrenalina, pero lo único que resulta afectado es la fisiología: no hay juicio, solo la respiración, las pulsaciones, la tensión sanguínea; si uno es más sensible, salpullido. Y eso es todo."

Y, por acabar hoy, ahí va un pequeño ejercicio de ironía y mala leche Bellowniana:
"La forma de cambiar para mejor consiste en empezar diciéndoselo a todo el mundo. Uno hace el anuncio. Repite sus intenciones basta que otros empiezan a repetirlas. Cuando uno se las oye a los demás, puede decir: «Sí, yo también pienso lo mismo». Cuanto más repites la intención, más verdadera se vuelve. La clave es la fluidez de la formulación."

¡Qué razón tiene –como saben perfectamente muchos (demasiados) políticos!

jueves, 1 de octubre de 2009

Bellow y los científicos

Desde luego que lo que he transcrito aquí del último libro de Bellow que he leído no puede mostrar su riqueza y profusión de ideas, que hace que muchos de sus personajes padezcan de "incontinencia mental". Menos aún su fina ironía que consigue divertirme hablando de temas de gran calado. Así que aún pienso mostrar algunos otros momentos del libro.
"Que una persona así [refiriéndose a un importante biofísico] escribiese versos dedicados a una mujer que llevaba tantos años muerta demostraba que entre los científicos, gente entrenada para leer en el libro de infinito misterio de la naturaleza, el amor tenía un valor elevado."
Sip, los científicos están sometidos a las mismas urgencias que provoca el amor, el deseo (me refiero aquí al sexual; el deseo de conocimiento, de descifrar algún renglón del libro de la naturaleza parece bastante obvio…), incluso en sus formas más irracionales.
Sip, incluso los científicos acaban descubriendo que el lenguaje del amor no tiene mucho (si es que tiene algo) de racional…
"Hazme un favor, Kenneth, no seas tan puntillosamente racional. No hay nada más irritante que una racionalidad fuera de lugar. …/… Estoy hablando de fenómenos afectivos y tú hablas de sentido común. Peor que inútil.

Benn estaba equivocado, pensé, pero se lo veía demasiado agitado para discutir con él."

Y, sí, al menos en mi caso, la ciencia puede actuar como ansiolítico ante la complejidad imposible del ser humano y la vida en general. Es muy muy curioso: abres la puerta y entras "en la otra habitación"; mucho más ordenada, llena de estructuras simples y complejas (pero inteligibles). ¿Para escapar de la "habitación mundana", del círculo en qué te ha tocado vivir? No, no: para relajarte y poder observar sosegadamente a través de la puerta e intentar comprender. Cobarde y heroico a la vez, podría decirse.
No es bien bien de esto de lo que hablan las líneas siguientes pero me lo han sugerido: el círculo de la vida y más allá…

"Bueno, y, ¿qué es eso de una «relación» y su fundamento? Para decirlo tal como yo lo entiendo y tan brevemente como sea posible, se trata de la monotonía de lo que Swedenborg llamaba «la pura naturaleza»; el aburrimiento del encierro eterno en un círculo fijo, sea cósmico o personal, que nos hace prisioneros. Un mundo fijo de materia y energía, ¿no lo ven? La sabiduría salomónica del «nada nuevo bajo el sol» o la «recurrencia eterna». Un círculo cerrado, y un círculo cerrado es una cárcel.

Mis padres, con todo mi respeto filial, eran prototipos de círculo cerrado. De ahí la atracción que Benn ejercía sobre mí. Aparentemente, él no estaba dentro de la habitual circunferencia; hacía incursiones en el reino vegetal y, en ocasiones, más allá de él."
Pero no siempre funciona la cosa porque la ciencia, en ocasiones, alcanza niveles de perfección y detalle tales que nos hace sentirnos muy muy pequeños:
"En ocasiones, aquellos que no pueden arreglárselas miran la naturaleza a través de sus ventanas. Allí ven crecimiento, equilibrio, belleza, los resultados de miles de millones de años de desarrollo gradual, y eso los avergüenza, hace que se consideren a sí mismos miserables. Se quedan quietos mirando como monigotes torpes y vacíos. Pero entonces se les ocurre pensar: «Es mi mente la que percibe este orden, esta belleza, etc.». puede que hasta sea mi mente la que lo creó. Es posible que la naturaleza ni siquiera exista. pues bien, si he sido dotado de una mente así, ¿por qué estoy tirado con el corazón estremecido como una cría de puerco espín acosada por los perros?"
Pero esto sucede en pocas ocasiones ;-)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Matemáticas y literatura

Hoy la cosa será breve.
No voy a escribir sobre Borges –que engastó las matemáticas en muchos de sus escritos–, ni de la métrica de la poesía. Hoy le dejo el espacio a un par de tiras de Mauro Entrialgo
pertenecientes a su serie "propuestas para frases hechas y nuevos refranes", donde resulta palpable el buen uso de las matemáticas en el mundo de la letra escrita o dicha. El refrán:
"Quién deja más corteza, no siempre es el que comió más queso."
Primero, la demostración matemático-topológica de su validez.
Luego, un ejemplo de su utilización.

Jejejejeje, ¡qué agudo Mauro!!!!


jueves, 24 de septiembre de 2009

Saul Bellow y los "pesaos" (II)

Me preguntaba en el post anterior: ¿un pesado no es más que una persona que habita un mundo de intereses paralelo al nuestro?

Muchas veces; pero creo que no siempre: a mí los temas de los que trata Benn Crader me interesan, pero no obstante me parece un "pesao". Como botón, una muestra:

"También conviene tener en mente que mi tío era un instrumento muy afinado que él mismo ejecutaba. Con cuerdas tan tensas, la exhibición era inevitable. La supercortesía mitigaba la molestia que imponía a los demás, sus oyentes. Una ingenuidad y una energía como las suyas eran compulsivas. Por ejemplo, abre un frasco de vitaminas durante la cena y su acompañante le pregunta qué son. Él empieza a describir los estudios avanzados sobre el cáncer que se realizaron en Valhalla, Nueva York, y la teoría de los «radicales libres», neutrones peligrosos que se liberan durante el proceso metabólico causando, probablemente, tumores malignos. Esas vitaminas maravillosas dilatan los capilares de la glándula próstata y evitan que se inflame. Le habían curado una uña que llevaba años astillada. (Trata de enseñársela a la dama, pero la llama de la vela está demasiado débil.) Un curioso efecto secundario, prosigue, es que las vitaminas estimulan el crecimiento de las bacterias intestinales causando cierta hinchazón. El remedio para eso consiste en seguir el ejemplo de los primates superiores cuyos tractos digestivos son maravillosamente similares a los nuestros y cuya dieta de fibras mantiene limpios los intestinos... Lamentando haber hecho la pregunta, la señora espera que ese excitable bodrio termine su conferencia. Otra ofrenda no deseada."

Bueno, hablando en serio, hay un tema fundamental sobre la pesadez que sobrepasa el asunto de los intereses comunes y que es mucho más esencial al ser humano. Saul Bellow habla de él en su libro de una manera genial.

Creo que la primera vez que quiere referirse a ello lo hace hablando del diario que un almirante escribió mientras permanecía aislado en el Polo Sur con unos cuantos compañeros. Allí se enfrenta, sin escapatoria posible, a la literalidad del ser humano, a cada uno de sus compañeros sin disfraz alguno, cada uno con los "ropajes mentales" "de siempre", tal y como son. Allí uno no tardaba en descubrir la "simplicidad" de cada ser, sus manías y sus recovecos. Allí uno no tardaba en aburrirse de cada ser. De experimentar la pesadez (no la gravitatoria, no) de cada uno. Repetititititivamente.


La cosa tiene su miga y su gravedad, especialmente aplicada al tema del amor:

"Muchos pensadores modernos coinciden en que el secreto del amor es la «sobreestimación». También para Rousseau se trataba de un engaño del que las sociedades libres no pueden prescindir. Bajo todo esto está otra vez el descubrimiento que realizó el almirante Byrd en el Polo Sur. Allí los hombres se calaban los unos a los otros.

.../...


Bueno, es una pena que todo ese asunto del amor haya sido desacreditado, desmitificado -dije-. Durante largo tiempo, el mundo hizo promesas de amor a los jóvenes: «Todo saldrá bien». Era un timo, una traición. y ahora, naturalmente, las mujeres están furiosas y se han vuelto contra él. En cuanto a los hombres serios, también tienen que preguntarse: «Y nosotros ¿qué demonios estamos haciendo aquí?». Comprendo que se entre en el mundo del amor; comprendo, quiero decir, que para la gente práctica la justificación es el comercio: zapatos, vestidos, bolsos, joyas, pieles, peinados, cosméticos. Y no olvidemos la psiquiatría; hay tanto dinero en eso... Cualquier cosa menos el amor mismo, puesto que las naturalezas que podrían amar están demasiado desequilibradas para hacerlo. Las personas con «modelos de papel a desempeñar» o «autoimágenes» no llegan porque están fabricadas o construidas.

.../...


Lo horrible de la observación que el almirante Byrd hizo sobre sus compañeros en la Antártida era su literalidad. Esa literalidad, desde un punto de vista sexual, resulta mortífera. Cuando se convierte en asunto de extremidades, miembros y órganos, Eros se enfrenta a la aniquilación."

Aunque no lo parezca, Bellow consigue hacer reir (al menos a mí) hablando de temas tan serios de una forma tan amarga. Pero para verlo tendrás que leer su novela: no sé extraer el humor contenido en su rabia de inadaptado al medio.


Aunque, ahora que lo escribo…

Puede que el origen del título del libro muestre algo de la chispa. Un periodista llama a Benn, como experto en botánica, para preguntarle sobre los efectos en las plantas del accidente de la central nuclear de Chernobil. Él, muy reflexivo sobre su situación amorosa, resume y finaliza su conversación con el "Mueren más por desamor" que titula el libro. A lo largo del texto, Bellow va trayendo a colación e ironizando sobre el tema:

"Es una suposición segura que son más los que mueren de desamor que por radiación atómica. Sin embargo, las masas no se movilizan contra el desamor ni se hacen manifestaciones contra este en las calles."

Otro día, más.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Saul Bellow y los "pesaos"

“Me contó un amigo que Marcel Proust, a quien estaba estudiando, no escatimaba esfuerzos al elaborar sus respuestas a las preguntas de una señora que solo pretendía sostener una conversación intrascendente durante la cena. Proust respondía en detalle y con prolijidad paralizadora cuando ni se requería ni se esperaba semejante respuesta. La gente se veía abrumada de información por aquel compañero de mesa guapo, pesado y con cara de yogur. Era para morirse".

Tengo varias personas muy allegadas que me parecen “unos pesaos”. Es un tema que me preocupa mucho porque el primero de la lista soy yo mismo. No me gustaría pecar de inmodesto si digo que, no obstante, creo que voy aprendiendo y cada vez hablo menos.
Aunque, ¿es eso aprender? A ver si voy a convertirme en autista…
Esto no debe ser aprender…
Pero, al menos, es una solución para el mundo exterior-a-mí…
Para mi mundo interior no lo es porque no paro de “escuchar” mis tonterías mentales…
Joé, ¡qué pesao que soy!…
Yo creo que éste debía ser uno de los puntos claves de por qué me gustaba dar clase…

Mira por donde, en este asunto, tener un blog es genial: le metes un rollo de muerte a “la blogosfera” (francamente similar a “la nada”) y santas pascuas. La gente que sabe de tu blog puede decidir ignorarte de forma totalmente indolora (para el “blogero pesao” y para ellos). Incluso, durante “esos días de debilidad mental”, de inseguridad, cuando hablas con tu perrito más de la cuenta, puedes decidir leer algún post breve…

Pesaos del mundo: ¡sed generosos con la sociedad y poned en marcha un blog!
Por supuesto,
no estoy diciendo que todos los blogs sean pesados
y/o sean escritos por pesados (como éste).
Pero ahí queda la idea…
"Bajo todo aquello estaba la cortesía de la igualdad o de la supuesta igualdad. Dar crédito por motivos igualitarios donde no hay que hacerlo -es decir, a personas cuyos procesos mentales son completamente distintos a los de uno-, honrar a otra alma por potencias que puede o no tener…"
¡Muy bueno! ¿Un pesado no es más que una persona que habita un mundo de intereses paralelo al nuestro?
Muchas veces; pero creo que no siempre: a mí los temas de los que trata Benn Crader (el botánico protagonista de "Mueren más por desamor") me interesan, pero no obstante me parece un "pesao". En el próximo post sigo con el tema… Para no hacerme "pesao" ;-)


domingo, 20 de septiembre de 2009

Te hiero mucho

Hoy os dejo este video (pequeña joya) que ha hecho una amiga (gracias Marta!!!) para un tema de Love of lesbian…

Es que me ha gustado mucho y quiero tenerlo a mano siempre…


Te Hiero Mucho (Historia del Amante Guisante)


Autor de la letra - Santi Balmes Sanfeliu
Autor de la música - Santi Balmes Sanfeliu

Hoy voy a hablaros del amante guisante,
el hombre que montó un gran show por los aires
con su casco plateado, traje verde y
bambas a reacción.

Montó en aquella lanzadera dorada,
acto seguido escribió coordenadas
y en su capa había escrito
un "te amo" en luces de neón.

Un asteroide, ahí va ...
amante guisante, nuestro héroe total.
Mira qué original,
surcando los aires por su amor virginal.
Y al divisar su hogar,
la capa de alto voltaje enciende un mensaje especial.

Cuando la brisa hace bailar sus mejillas
mira hacia abajo y ve a su amor de rodillas.
Qué crueldad, crueldad,
¿qué hacen tantos hombres, por Dios?

Mientras su amada ve un avión por las nalgas,
guisante nota un gran incendio a su espalda.
No hay frenos ni hay dirección,
creo que ha perdido el control.

"Un asteroide, ahí va",
decía su amada, viendo al héroe quemar.
"Un meteorito, ahí va",
y mientras miraba su placer fue bestial.
"Alas de fuego, un flash",
son cosas que nunca se olvidan, nunca se olvidan,
no se podrán olvidar.

Bajó en picado hacia un colegio de niñas,
iba a hacer trizas vestuario y letrinas,
y al ver el fin no sufrió,
cosas del estado de shock.

Mamma, mamma ... no hay dolor.
Mamma, mamma ... no hay dolor.
Mamma, mamma ... viva el dolor,
Mamma, mamma ... no muerdas, no.
Mamma, mamma ... no pares, no.
Mamma, mamma ... no pares, no,
Mamma, mamma ... no hay dolor.

Bye, bye, guisante, bye,
vaya acto de héroe, vaya imbecilidad.
A reveure, adéu,
tan sólo en los cuentos puedes idealizar.
Auf Wiedersehen, au revoir,
la musa es el medio, nadie es puro en verdad.
Ciao, sayonara, au revoir,
¿un mito o un tipo suicida?, dime qué opinas,
¿o el problema es siempre hormonal?
Ya nadie nota un guisante en la cama.

sábado, 19 de septiembre de 2009

XKCD cómics


Acabo de añadir a mi lista de blogs favoritos uno que me pasó un amigo (gracias Albert!!!). Como dice su título:

A webcomic of romance,
sarcasm, math, and language

He tardado en hacer referencia a él porque muchas veces no entiendo los chistes. En parte por el inglés, en parte porque es técnico.

Pero, ¡ay cuando los pillo! ¡Qué buenos!

Hoy os dejo este que viene al pelo de lo comentado en el post anterior. No, es una pena (?) pero las aproximaciones matemáticas habituales a la solución de problemas no funcionan con los asuntos amorosos. Jejejejeje.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Saul Bellow y los especialistas (II)

Ya he hablado del tema "ciencia básica vs ciencia aplicada" pero la página del CERN es un buen lugar dónde puedes leer algún artículo que permite comprender la GRAN importancia de la ciencia básica, aquella que parece no servir para nada porque carece de aplicaciones directas o inmediatas. El CERN es un lugar dónde incluso yo quedé impresionado y desbordado por la magnitud del montaje. Allí lo espontáneo es que a uno le venga a la cabeza la pregunta de ¿porqué gastar tanto dinero en todo esto? ¿Realmente sirve para algo? Así que es más que normal que dediquen un (sub)espacio en su espacio-web a hablar de la cuestión (sí, también a defender el modo en que allí se ganan la vida).

Repito. ¿Realmente sirve para algo todo ese montaje? Sí, “seguro” que sí. Siempre ha sucedido así. Ello, desde luego, no garantiza que vuelva a ser así; pero se trata de una hipótesis más que razonable.

Todo esto me venía continuamente a la cabeza mientras leía "Mueren más por desamor". El personaje central de la novela es un botánico genial del que ya os conté algo en un post anterior y que a mí me resulta entrañable. Cuenta de él su sobrino (el narrador):
“La ciencia aplicada no constituía su campo, como tampoco la agronomía ni la genética. Hay en el Negev investigadores que trabajan con algas de elevado contenido proteínico. Lo que parece fango puede salvar a la población hambrienta de Chad o de la India rural. Mi tío no tenía una orientación tan provechosa. La postura que adoptó ante las plantas no puede comprenderse si no se toman en cuenta sus actividades imaginativas. Aquello a considerar es un judío que se introduce en el reino vegetal y estudia hojas, cortezas, raíces, flores, corazoncillos, por lo que representan en sí mismos. Había un elemento druídico en todo ello. Él no adoraba las plantas, por supuesto, sino que se limitaba a contemplarlas. También hay que describir qué se entiende por contemplación; él veía el interior de las planta o miraba a través de ellas.”
O sea, un científico genial. Realmente genial. Eso le hace vivir en una especie de mundo paralelo (que, en la práctica, lo hace muy vulnerable al mundo convenional; recuerda que ya hablé de los científicos como damnificados… Pero no por ello deja de ser humano:

"[Yo había ido con mi tío] para completar mi educación, para absorber [de él] ciertos poderes esenciales, y en ese momento me di cuenta de que él recurría a mí en busca de ayuda. En aquellos aspectos en que era maestro, no necesitaba a nadie, por supuesto. Era uno de esos tipos especiales que están bien hasta que se introducen en la vida ordinaria. Una vez en la corriente, son incapaces de seguir sin protección."

"…aún era una persona de resonancias insólitas, aún era una figura superior, posiblemente uno de esos Ciudadanos de la Eternidad, un ser misterioso, un misterio que él, tal vez, proyectaba sobre las plantas. Sí, la botánica. La botánica era el gran tema. Sin embargo, tenía un rival, la sexualidad femenina. No podía desentenderse de las mujeres. Cuando viajaba alrededor del mundo, su camuflaje profesional eran las raíces, las hojas, los tallos y las flores, pero, realmente, había una fuerza rival de gran potencia. Parte de su Eros se había desligado de las plantas para pasarse a las chicas. ¡y qué chicas! ¡Un ave fénix que corre tras los incendiarios!, fue mi sorprendente y espontáneo pensamiento. Carbonizado, reencarnado de las cenizas. Y, después de todo, cada retorno del deseo es una forma de reencarnación. Ya que cuando el deseo parte, ningún hombre puede tener la certeza de que alguna vez regresará. Es como el poema de Yeats: «He muerto muchas veces, muchas veces he vuelto a renacer».

"Era un individuo auténticamente superior, susceptible, por supuesto de tener debilidades humanas e incapaz de gobernar sus necesidades sexuales, o, para ser más preciso, sus anhelos de amor; pero aun entonces yo podía extraer del banco de mi memoria personal esas horas maravillosas en que, gracias a su influencia, no solo respiraban mis pulmones, sino también mi mente. Algunos de sus poderes de ver me habían sido transmitidos. Eso veía. Y se me hacían visibles muchos de los motivos de mi tío."
Como dice mi mejor amigo, Bellow trata continuamente de la desubicación (del descoloque) del ser humano en un mundo moderno que cambia demasiado rápido. En esta novela en particular, de un hombre (masculino) en dicho mundo, donde la liberación de la mujer le cae encima como una segunda losa, dejándole con sus instintos a la altura del betún. Por si fuera poca la dosis de desubicación, se trata de un ser humano masculino y científico. ¡¡¡NO!!! De un ser humano, masculino y científico teórico.

jueves, 20 de agosto de 2009

Vida y destino (again)

Creo que ya hablé de este libro inmenso, pero no conozco a nadie a quién contagiase las ganas de leerlo. Una pena carecer, en este caso, de los poderes de expansión de la gripe A ;-)

Insisto: se trata de un libro maravilloso, poderoso que, eso sí, requiere un esfuerzo para hacerse con los nombres de la multitud de personajes y situaciones que dibujan su entramado. Por lo demás no es nada difícil de leer.

Luego, cuelgo unos "mapas" de personajes y escenarios. Pero, antes, léete el artículo siguiente de Antonio Muñoz Molina aparecido en El País (Babelia) del 15-08-2009. A ver si él te contagia.

*****

En caso de que te animes (¡ojalá, ojalá, ojalá!) éste es el diagrama principal, el de la familia central (debes hacer click encima para verlo en un tamaño legible).
Que quede claro que es un mapa totalmente personal, que me iba elaborando para mí mismo así que si hay gazapos o palabrotas o sabe Dios qué, ¡mala suerte! A veces aparece la página donde se encontraba la información (pocas veces). Corresponden a la edición del Círculo de lectores: Galaxia Gutemberg.
Las flechas, envían hacia otros mapas que, generalmente, corresponden a alguno de los múltiples escenarios de la novela. Pero, el mapa principal, el de partida, siempre será el siguiente.

Si alguien quiere, puedo colgar los mapas que tengo de diversos escenarios.

Entre las etiquetas de este post coloco, obviamente, la de "Literatura", ¡pero también la de "Ciencia"!: uno de los personajes centrales es un físico. El propio autor, Vasili Grossman, era ingeniero; y se nota. No obstante a mí me parece un misterio maravilloso que un escritor pueda hablar de sentimientos de tantas personas, tan diferentes, con tanta contundencia y credibilidad

Por cierto, una película que no he visto pero que dicen que está bien, "Enemigo a las puertas", corresponde a un fragmento minúsculo del libro.

martes, 18 de agosto de 2009

Datos científicos sobre la gripe A

Sin ser un paranoico de las conspiraciones (¡no!, ese defecto no lo tengo; ¡yupiiiiiiii!) me siento bastante mosqueado por el tratamiento que la prensa y los políticos están dando al asunto de la gripe A. ¡Cualquier día les da por informarnos "muerto-a-muerto" de cada fallecido por la gripe estacional (la de cada temporada)!

En fin, que el otro día un buen amigo (médico serio, riguroso y muy volcado a su profesión; el término que se utilizaba antes era el de "vocacional") me pasó un artículo sobre la gripe A que me encantó. Serio (su fuente no es "sabe-dios-cuál"), simple y claro. Pienso que muy útil. Vale la pena darle difusión…


Se titula "Gripe A, paciencia y tranquilidad" y puedes descargarlo desde:

http://www.equipocesca.org/

La pandemia de gripe A (gripe porcina, o gripe mejicana) puede llevar al colapso de los servicios sanitarios en el invierno de 2009. Sin embargo, la gripe A tiene menos gravedad y mortalidad que la gripe de todos los años (la gripe estacional). Conviene hacer lo de siempre, no vacunarse y no tomar más medicamentos que los necesarios para calmar las molestias. En este texto se repasa la cuestión con argumentos para tranquilizar y poner un poco de sentido común en la algarabía que nos ensordece.


Muchas gracias, Miguel.
[El Dr. Gérvas, obviamente, las merece antes que nadie]

martes, 11 de agosto de 2009

Saul Bellow y los especialistas

Recientemente leí "El legado de Humboldt" de Saul Bellow. Me divertí muchísimo leyéndola. No os he contado (aún) nada de ella porque me resultó apabullante: habla de muchísimas cosas. Eso, unido al hecho de que es una novela larga y de que no tomé notas en su momento porque me enganché a la trama… Pues eso, que ahora no sabría por dónde empezar.

Así que hoy que me he empezado otra de las novelas de Bellow ("Son más los que mueren de desamor"), y pese a que ya me he reído de lo lindo en varias ocasiones en sólo una veintena de páginas y engancharme sería superfácil, no quiero devorarla a toda velocidad. A ver si aguanto…

Empezaré por "una de especialistas".
La típica postura del especialista es que sabe cuanto hay que saber en su rama y que no tiene por qué saber otra cosa. Como en el ejemplo: «Yo arreglo manómetros, así que no me venga con odómetros». O en el chiste: «Yo no afeito, enjabono. Si quiere afeitarse, vaya a la acera de enfrente". Es comprensible que algunas especialidades exijan más que otras y que lo saquen a uno del mundo; llevan inherente el derecho a mantener las distancias. A través de Benn conocí a algunos tipos de ciencias exactas cuyas excentricidades tenían todo el aspecto de prerrogativas. Benn nunca reivindicó el privilegio de distanciarse del género humano.

Yo nunca he sido un especialista en nada, sólo un estudiante de Química (eso sí, en un tiempo en que, a lo largo de toda la carrera, no perdimos una sola hora de clase). Aún así ya me quedé bastante "tocado" y frecuentemente, entre amigos, he dicho que la sociedad debiera indemnizar a los estudiantes de ciencias en concepto de "daños y perjuicios" [y, aún añadiría, prejuicios inducidos].
Sí, sólo pretende ser una coartada para excusar mis necedades en "mundología". Pero, ¡no totalmente absurda!
Puedo dar un ejemplo de ese fenómeno de ruptura. Estamos comiendo en el club de profesores con un científico de primer orden. El camarero, que es un estudiante, se acerca a tomar nota. El colega de Benn dice al joven: «Tráigame pollo a la king». El chico responde: «Papá, llevas tres días comiendo pollo a la king, ¿por qué no pruebas el chile con carne?».

Después de toda una vida, el chico aceptaba sin problemas el despiste del padre. Los otros comensales sonrieron. Yo me reí un poco. Fue uno de esos súbitos momentos de gracia. Mientras reía, me vi a mí mismo de perfil como una llave inglesa del tamaño de un hombre, con la quijada caída. Este tipo de imágenes involuntarias suelen asaltarme. Puede que aquella, tan poco halagadora, me fuese sugerida por lo metálico de mis acompañantes.

Su extremo despiste no perjudicaba al amigo científico en sus relaciones con sus colegas. Significaba que estaba muy lejos, cumpliendo con su deber en las fronteras de su disciplina; así que adiós muy buenas a parientes y amigos. Los científicos de primera fila constituyen una casta principesca. Después de todo, son las inteligencias más secretas y destacadas de las dos superpotencias. Los rusos tienen las suyas como nosotros las nuestras. Verdaderamente, constituye un privilegio muy elevado.

Bueno, en realidad, el despiste no supone un gran problema. Todos comprenden que mientras uno está controlando la naturaleza, tiene perfecto derecho a abandonar a los humanos vulgares que no llegan a ninguna parte por sus propios medios. Estamos hablando de una élite posthistórica y todo lo demás. Pero en ese aspecto, como en otros, mi tío era diferente. No pedía que le eximieran de las molestias que comporta la existencia de la criatura humana. Resultaba claro que no lo pedía. Es posible que sus colegas especialistas le considerasen retrasado en ese aspecto. Hasta yo mismo le consideraba a veces retrasado, más confuso en cuestiones humanas que muchas personas normales. Nadie le tildó nunca de tonto. Se le reconocía una brillante inteligencia en su especialidad. Además, era observador y leía mucho, escrutando, como dijo César de Casio, «los actos de los hombres».

¡Qué mala leche el Sr. Bellow!
¡Aún más!
Según uno de sus colegas, y los colegas suelen ser los últimos en decir esas cosas, Benn era un botánico de «un alto nivel de distinción». No creo que eso impresione a la mayoría. ¿Por qué habrían de importarle las raíces adventicias o la histogénesis de las hojas? Si no hubiese sido por mi tío, a mí tampoco me habrían importado. ¿Los científicos? A menos que investiguen sobre el cáncer o que nos conduzcan a través del universo por televisión, cómo lo hace Carl Sagan, ¿para qué sirven? El público quiere trasplantes de corazón, quiere un remedio para el sida, quiere que la senilidad sea reversible. Las estructuras de las plantas le importan un bledo y, ¿por qué habrían de importarle? Por supuesto, es capaz de tolerar a la gente que las estudia. Una sociedad poderosa bien puede darsed lujo de mantener a unos cuantos tipos de esos. Además, son relativamente baratos. Sale más caro mantener a dos presos en Stateville que a un botánico en su cátedra. Pero los presos ofrecen mucho más en cuanto a emociones: incendios y motines en las cárceles, un guardia estrangulado, el director de una prisión empalado.

Podrías pensar que el Sr. Bellow debía odiar la ciencia o algo así. A mi no me lo parece en absoluto: todo me induce a pensar que se preocupaba mucho por la misma: continuamente hace referencias al saber científico. Eso sí, sus críticas corrosivas (siempre con un buen grado de realidad) las va aplicando a todo lo que se le pone por delante: la cultura en general, la ciencia en particular, los hombres, las mujeres, los abogados… Y así (me) hace reflexionar seriamente (y partiéndome de risa) sobre casi todo.

Como dice un amigo, siempre está hablando de la perplejidad del ser humano (incapaz de adaptarse totalmente) en un mundo en que todo va demasiado rápido (el tema de los hombres desubicados en la época de la liberación de la mujer no es más que un aspecto del tema principal).


Sí, los especialistas son absolutamente imprescindibles pero, ciertamente, no es difícil que acaben siendo mutantes. Además los puntos débiles del concepto de "especialista" son muy ostensibles.


Él, Saul Bellow, una persona que debía ser un sabio, hace que sus personajes se despachen a gusto con la cultura en general y las universidades:
Ser un académico americano es una gran cosa. Créanme, porque yo también lo soy. No digo que el hecho me fascine, solo que lo soy, profesor adjunto de literatura rusa, por el momento, dicho sea de paso. Para mí es apasionante, pero ¿a cuántos apasionan esos estudios, si se comparan, por ejemplo, con el interés que suscita Bruce Springsteen o el coronel Gadafi o el líder de la mayoría del Senado de Estados Unidos?
.../...
Sin embargo, no pertenezco al auténtico tipo universitario. Hoy en día ya no existe tal cosa en el sentido convencional y tradicional de la «torre de marfil». Sí, hay eruditos, pero no son tan conspicuos. Parte de la universidad se dedica al negocio de «crear conciencia». «Crear conciencia» supone erradicar inercias. A. medida que las viejas inercias desaparecen, la gente puede esperar una vida de conciencia más plena. Por ejemplo, la larga inercia de los negros desembocó en el movimiento de los derechos civiles, lo que hizo que se los integrase en la comunidad de los conscientes en la que era forzoso desarrollar un «lenguaje de ideas». Sin conceptos es imposible proponer o comunicar públicamente los intereses, y las universidades se han convertido en una fuente importante de jergas que fluyen hacia la vida pública por canales como el púlpito, la criminología, los tribunales, las cadenas de televisión, los consultorios de los consejeros de familia, etc. Eso es solo una parte del panorama. De las universidades fluyen vastos poderes hacia el gobierno: el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado, el de Hacienda, el gobierno federal, los servicios de inteligencia, la Casa Blanca. La universidad moderna es también una base de poder en biotecnología, en electrónica, en la producción de energía. Los académicos polarizan la luz para copiadoras; son empresarios a gran escala: asesores, eruditos importantes, testigos técnicos ante los comités del Congreso para control de armamento o política exterior. Hasta yo mismo, como experto en Rusia, entro en escena de vez en cuando.

sábado, 8 de agosto de 2009

Niños, insectos y biólogos

"Los niños pequeños tienen tabúes en contra de pisar hormigas porque se dice que esa acción puede traer lluvia, pero, al parecer, nunca ha existido un tabú que impida arrancarles las patas o las alas a las moscas. La mayoría de los niños crecen y olvidan esta afición. Los que no lo hacen o acaban mal o se hacen biólogos".
Vincent Dethier, To know a fly

jueves, 6 de agosto de 2009

Un brindis con Manuel Vicent

El otro día una de mis cuñadas me mandó un articulito de Manuel Vicent.
Se titula "Brindis".
Comienza así:

"Alguna gente madura, tal vez la más lúcida, suele pensar con acierto que lo mejor que tiene la juventud es que ya pasó. Fue una época breve y radiante, romántica y vigorosa, pero también llena de luchas, temores, dudas, celos y rivalidad. Alrededor de los 50 años, en cualquier biografía llega un momento en que el caballo de fuego que uno llevaba dentro comienza a perder la ansiedad en el galope y aun sin abandonar la curiosidad ante la vida siente que hay que tomarse las cosas con más calma. A
Igual a ti también te gusta (tanto como a mí).
Puedes leerlo aquí:
http://www.elpais.com/articulo/ultima/Brindis/elpepiult/20090712elpepiult_1/Tes

martes, 4 de agosto de 2009

La vaca de Augusto Monterroso (II)

La metamorfosis de Gregor Mendel

Había nacido en Heinzendorf, en la Silesia austriaca, el 27 de julio de 1822. Sus padres lo bautizaron Johann, Johann Mendel; pero era evidente, aunque sólo lo mostró más tarde, que las mutaciones le gustaban, y así, mudó su nombre de pila por el de Gregor cuando en 1843, a los veintiún años de edad, ingresó al monasterio agustino de Brünn, en Moravia. Fue ordenado sacerdote en 1847. Sin embargo, en su retiro se interesó más en las cosas de la Tierra que en las del Cielo, en donde, como se sabe, todo cuanto es lo es eternamente y permanece idéntico a sí mismo por siempre jamás.

Su curiosidad ante los fenómenos del mundo terrenal lo inclinó a estudiar las ciencias físicas, químicas, matemáticas y botánicas de su época; pero las pésimas notas que lograba en biología y geología le impidieron a lo largo de su vida ser profesor universitario. Esta aparente desgracia resultó benéfica, toda vez que lo condujo, fuera de las aulas, a reparar en cosas no vistas por ningún otro hasta aquel momento. Sus descubrimientos de las primeras leyes de la herencia permitieron más tarde a otros estudiosos fundar la ciencia genética. Pasado el tiempo, estos sabios hallaron con asombro que el buen Gregor querido por todos y ya muerto sin ninguna fama había llegado a iguales conclusiones que ellos treinta y cuatro años antes.

A través de sus espejuelos de delgadísimo aro de plata, Gregor proceso, como se diría ahora, miles de datos obtenidos durante muchas horas y días y meses de observación minuciosa de cuanto ser vivo encontrara a su alcance, ya fueran los guisantes del jardín del convento, los perros que en las mañanas lo saludaban con entusiasmo dando brincos a su alrededor, o las huidizas cucarachas que en la cocina terminaron por acostumbrarse a su mirada escrutadora pero inofensiva, y para la cual, tanto ellas, como los perros o los guisantes, eran diferentes de un día a otro, de minuto en minuto.

Todo cambia, en efecto, y todo se transforma, por leyes biológicas o del azar. Y también, que es lo que ahora me interesa, por causa de la distracción o el descuido.
¿No te parece magnífica esta breve biografía de Mendel?
En ella me parece que vuelve a incidir en la idea de "todo es cambio", que tan bellamente expresaba en un trocito que colgué en el post anterior. Allí lo hacía al hablar de la inter-acción siempre cambiante, "libro-lector". ¿Y aquí? Pues parece que a tenor de las leyes de la herencia…
[Ello ya tiene algo de chocante puesto que la leyes biológicas de la herencia hablan del mantenimiento o constancia de ciertos rasgos.]
Pero, ¡no! Ya lo dice bien clarito: va a hablar de los cambios producidos por distracción o descuido. ¡Se intuye algo divertido!

Y entonces, después de dejar claro que está perfectamente justificado que él se ponga a hablar de cucarachas:
"Siendo yo un buen amigo de las moscas y otros seres parecidos, y habiendo publicado, por mi parte, un libro de fábulas con animales de todas clases como protagonistas…"
se dedica a contarnos un error literario.

El Sr. Monterroso andaba leyendo con gusto un libro sobre expresiones inglesas que incluyen nombres de animales "It's Raining Cats and Dogs and Other Beastly Expressions, título cuya traducción libre vendría a ser entre nosotros algo menos bestial: Llueve a cántaros." En dicho libro se encuentra con el error: la autora, hablando de La metamorfosis de Kafka llama a su protagonista Gregor Mendel, cuando en realidad se llamaba Gregor Samsa. Y el Sr. Monterroso no perdona y, generoso, nos deleita con unas cuantas líneas:
"…para mí fue una sorpresa toparme de pronto entre sus páginas con nuestro ya viejo amigo Gregor Mendel, casi convertido, no por las leyes de la herencia sino por las del error o el distraimiento, en una de mis protagonistas más queridas del reino animal, mía y de Franz Kafka, en la entrada CUCARACHA.

«CUCARACHA —asegura Christine Ammer en la página 234 de la edición de bolsillo de su manual—. Una peste doméstica en el mundo entero, la humilde cucaracha fue hecha famosa por dos escritores del siglo veinte de posición muy distinta. El escritor checo Franz Kafka transformó a Gregor Mendel, protagonista de su novela La metamorfosis, en una cucaracha desde el comienzo de su relato, quien a partir de ahí vio el mundo desde esa perspectiva sombría y angustiosa».

Después de esto, el otro escritor del siglo veinte que anuncia Christine ya no viene al caso; pero es bueno imaginar lo que habría pensado el viajante de comercio Gregor Samsa, el verdadero protagonista de La metamorfosis kafkiana, y si su angustia habría sido menor, o mayor, si al despertar aquella mañana, después de un sueño intranquilo, se hubiera encontrado convertido ya no en un «monstruoso insecto» sino en el apacible monje austriaco Gregor Mendel."
Y, por si fuera poco, apuntilla su escrito con otra delicia:
"Las mentes literarias fueron anteriores a las científicas; pero con el tiempo unas y otras se entremezclan, en forma natural o por injerto, se confunden y terminan por volverse una sola. En mi primera juventud leí los Recuerdos entomológicos de Henri Fabre como literatura, y el relato de su búsqueda de escarabajos me fascinó casi tanto como las novelas de Alejandro Dumas, quien a su vez convertía la historia en materia novelística…"


¡Bestial!
[Creo que al Sr. Monterroso podría gustarle el adjetivo]
A partir de un escrito de tres paginitas de nada el Sr. Augusto (un nombre más que adecuado para él) me incita a volver a indagar en un montón de autores e ideas: en el "todo fluye" del siempre cambiante pero constantemente moderno Heráclito, en la metamorfosis de Kafka y un dificilmente acabable etcétera. Todo ello consiguiendo que no se me borre una sonrisa de la boca.

jueves, 30 de julio de 2009

La vaca de Augusto Monterroso

"Toda abundancia es estéril."

Así, citando a Mallarmé, comienza Augusto Monterroso su libro "La vaca".

Me divierte pensar que podría hacer un gran escrito titulado "La mula" en el que podría hablar del eMule y los excesos (estériles) asociados al programita: ¿querías escuchar una canción del grupito X? ¡Ahí tienes su discografía completa! Seguramente nunca la escucharás pero el pasatiempo de bajarla (a lo mejor de ordenarla), el bienestar de poseerla, de ocupar un espacio del disco duro parece ejercer una atracción, no diré que fatal pero sí, estéril. Odio esa frase tan de moda: "en internet está todo". No os voy a contar el por qué de mi manía. Pero la próxima vez que la escuche diré: "toda abundancia es estéril".


A mí, un enganchado estéril a Internet, un acumulador impenitente, me da mucha envidia el Sr. Monterroso. Envidio lo rápido que comprendió los peligrosos efectos secundarios de la abundancia: de documentarse abundantemente, de ser riguroso en demasía, de acumular demasiados libros (de discos no dice nada, pero me temo lo peor), de escribir y publicar sin pausa.

Claro que cuando empezó a tratar de escribir no existía Internet pero sí otras formas de alimentar la manía por la completitud: la comprensible de completar un álbum de cromos y las no tan lógicas de hacerse con las obras completas de un autor o con toda la discografía de Perico de los palotes –a lo peor, con la de John Zorn, un músico genial pero, también, especialista en editar discos en forma de series.

"Cuando empecé a tratar de escribir, en Guatemala, sin maestros, sin escuela, sin universidad, tanteando aquí y allá, y en medio de la mayor inseguridad, suponía, tal vez no sin razón pero en todo caso en forma exagerada, que antes de escribir cualquier cosa debía saberlo todo sobre el tema escogido. Como es natural, esto me llevaba a no terminar nunca nada que emprendiera, con lo que fui acercándome peligrosamente al antiguo arquetipo del escritor que no escribe. Sin embargo, pronto principió a acecharme un peligro todavía peor: el de convertirme en el lector que no lee, debido a una nueva extravagancia, o exigencia absurda, que di en imponerme: la de leer al autor que fuera, de ser posible, en su idioma original (gracias a lo cual, bendito sea Dios, leí durante la mayoría de mis años formativos a cuanto clásico español se me pusiera enfrente, en mi casa y en las bibliotecas públicas)."
El párrafo, me parece, también apunta el gusto del Sr. Monterroso por la "idea matemática de límite". Pero eso será para otro día o, probablemente, no será porque me olvidaré…
"Mi biblioteca es la Biblioteca, le gustaba decir al gran maestro dominicano Pedro Henríquez Ureña, hombre de libros que no quería tenerlos en su casa. Y los que amamos los libros sabemos por qué. En una ocasión quise deshacerme de quinientos de ellos. No pude, y ya lo he contado; en un libro, por supuesto, del cual hoy alguien querrá deshacerse. Envíelo a la Biblioteca de su barrio.

En los años de mi adolescencia la Biblioteca Nacional de Guatemala fue también mi biblioteca. Tarde tras tarde acudí allí a leer libros que durante horas enteras eran mis libros.

La Biblioteca era tan pobre que sólo contaba con libros buenos. Constituyó una suerte para mí que su presupuesto fuera tan escaso como para que no pudiera darse el lujo de adquirir libros malos, es decir, modernos. No era ése el reino de Hemingway ni de nadie que se le pareciera."
¡Ah, los clásicos!, con frecuencia baratos de conseguir y de calidad poco discutible.
¡Ah, las bibliotecas!, que contendrían bastantes menos libros si todos los autores fuesen como el Sr. Monterroso:
"Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así.

Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con esos debe trabajarse.

Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota, y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas."
Brevedad. Claro que, si Tolstoi hubiese sido como Monterroso, no nos hubiera regalado Guerra y Paz. Pero en general, "lo bueno, si breve, dos veces bueno".

Otra razón por la cual la abundancia es estéril es porque "no nos cabe en el cerebro". Demasiadas ideas, sentimientos, ecuaciones, construcciones de todo tipo: casi una infinitud para nuestros limitadísimos cerebros.
¿Quién demonios hizo el cálculo de que sólo utilizamos una parte insignificante de nuestras capacidades –quasi infinitas– cerebrales? Debe ser una leyenda urbana o alguna otra parida. Yo me empleo a fondo y ¡no hay manera! Y, por lo que veo, mucha gente está, más o menos, como yo.

Por si todo esto fuese poco está el tema del "movimiento": no somos seres estáticos, nuestros sentimientos y pareceres se modifican a lo largo del tiempo (de nuestra vida) y, por tanto, las relecturas pueden ser totalmente diferentes a la lectura original. O sea, nuevas lecturas. Llevando la idea al límite, podríamos dedicarnos a releer una y otra vez un único libro. Valdría la pena dedicar el suficiente tiempo (¿infinito?) a elegirlo bien ;-)
"Como Juan Carlos Onetti es sabio, sabe que no sabe y por eso sus cuentos son insondables y como seres vivos que hay que volver a ver una y otra vez, de principio a fin, y por en medio, y por las esquinas de las páginas y de los párrafos; y empezar de nuevo porque la vida y los cuentos son complicados, y un tiempo más tarde, seis años o una semana, el cuento ya es otro, y uno ya es otro, y entonces hay que recomenzar y darle vueltas, agitarlo antes de usarlo y dejar que las palabras vuelvan a asentarse para permitirles una vez más revelar su misterio, a medida que pasan al ojo, a lo que llamamos cerebro (palabra horrible) o, mejor, a lo que antes se decía sin ninguna vergüenza el corazón o el alma, a donde los cuentos de Onetti van indefectiblemente a dar, porque ése es su blanco secreto, y uno se va dando cuenta de eso y encuentra, con un gusto más bien melancólico, que eso es un cuento, y que por lo mismo los cuentos no pueden ser muchos porque el corazón no los resistiría, y si son de Onetti, menos. Y esto sí lo sabe Onetti y por eso no ha escrito tantos para dejarnos pasar a sus novelas, en las cuales siempre es más fácil, por una razón o por otra, acostumbrarse con tiempo a las cosas, y sobrevivir.
¡Qué hermosura!

Actualmente, las TIC (tecnologías de la información y comunicación), bueno, algunos de los idiotas que las utilizamos, amenazamos con convertirlas en un pozo negro de completitud estéril.

A ver si me curo pronto; como véis, la teoría me la sé bien.


miércoles, 29 de julio de 2009

Imposturas intelectuales

Estos días pienso dar la murga un poco porque ando leyendo al muy breve, muy excitante y muy divertido Augusto Monterroso. En un escrito que titula "Yo sé quién soy" le da por hablar de las llamadas que recibe de amigos señalándole errores en sus (no muy frecuentes) escritos cada vez que publica algo. Así que se pone a hablar de "errores, erratas y francas equivocaciones".

El caso es que, en un momento dado, escribe sobre "lo oscuro", los pasajes de un texto difíciles de comprender…
"En cuanto a la oscuridad, ¿no hace pensar a muchos que lo que no entienden es más valioso que lo que se les ofrece por el lado de la sencillez y la claridad? Si un error oscurece tal párrafo convirtiéndolo en algo misterioso y, por consiguiente, atractivo, ¿no es mejor dejarlo tal cual? A cierta señora que le señaló que un texto suyo le parecía algo oscuro, Mallarmé le contestó que sí, que en efecto debía oscurecerse un poco más."
El párrafo, escrito por Monterroso, me lo tomo cómo una de sus ironías. Y me divierte de lo lindo. Y me trae a la cabeza una conferencia que padecí hace poco y un libro que disfruté hace bastante.

Ni recuerdo ni quiero acordarme del nombre del conferenciante: me pareció algo horroroso, una especie de científico loco metido a gurú espiritual que encandiló a buena parte de la sala mezclando en su discurso-alucinatorio todos los términos físicos que a la gente le suenan: campos, ondas, gravitación cuántica… ¡Yo que sé! ¡Todo! A mí me pareció un farsante de tomo y lomo. Y sí, se hinchó de vender libros a la salida. Libros que, presuntamente, explicaban lo que había querido decir. Joé, ¡no me extraña que la gente los comprase para ver si pillaban algo de lo dicho! ¡Ah! y, durante el fin de semana, podías hacer una especie de "curso-master de ampliación".

El libro, "Imposturas intelectuales" de Alan Sokal y Jean Bricmont surgió
"en su investigación de la ya famosa broma por la que uno de nosotros publicó, en la revista norteamericana de estudios culturales Social Text, un artículo paródico plagado de citas absurdas, pero desgraciadamente auténticas, sobre física y matemáticas, tomadas de célebres intelectuales franceses y estadounidenses.
.../...
Tras mostrar esa recopilación a amigos científicos y no científicos, nos fuimos convenciendo (lentamente) de que quizá valiera la pena ponerlo al alcance de un público más amplio Queríamos explicar, en términos no técnicos, por qué las citas son absurdas o, en muchos casos, carentes de sentido sin más; y queríamos también examinar las circunstancias culturales que hicieron posible que esos discursos alcanzaran tanta fama sin que nadie, hasta la fecha, hubiera puesto en evidencia su vaciedad."

Cuando Alan Sokal reveló su broma se produjo
"una pequeña tempestad en determinados círculos intelectuales. Según Jon Henley en The Guardian , demostramos que la filosofía francesa actual es una sarta de bobadas». Según RobertMaggiori en Libération, somos unos científicos pedantes y sin sentido del humor que se dedican a corregir errores gramaticales en cartas de amor."
En el prólogo de su libro, dicen:
Nos gustaría explicar brevemente por qué ambas caracterizaciones de nuestro libro son erróneas y responder tanto a nuestros críticos como a nuestros seguidores superentusiastas. Queremos, en definitiva. deshacer unos cuantos malentendidos.
.../...
Pero, ¿qué es exactamente lo que sostenemos? Ni demasiado ni demasiado poco. Mostramos que famosos intelectuales como Lacan, Kristeva, Irigaray, Baudrillard y Deleuze han hecho reiteradamente un empleo abusivo de diversos conceptos y términos científicos, bien utilizando ideas científicas sacadas por completo de contexto, sin justificar en lo más mínimo ese procedimiento quede claro que no estamos en contra de extrapolar conceptos de un campo del saber a otro, sino sólo contra las extrapolaciones no basadas en argumento alguno, bien lanzando al rostro de sus lectores no científicos montones de términos propios de la jerga científica, sin preocuparse para nada de si resultan pertinentes, ni siquiera de si tienen sentido. No pretendemos con ello invalidar el resto de su obra, punto en el que suspendemos nuestro juicio.

Se nos acusa a veces de ser científicos arrogantes, pero lo cierto es que nuestra visión del papel de las ciencias duras es más bien modesta. ¿No sería hermoso (precisamente para nosotros, matemáticos y físicos) que el teorema de Godel o la teoría de la relatividad tuvieran inmediatas y profundas consecuencias para el estudio de la sociedad? ¿O que el axioma de elección pudiera utilizarse para estudiar la poesía? ¿O que la topología tuviera algo que ver con la psique humana? Pero por desgracia no es ése el caso.
Al leer el libro quedaba claro que alguien que para explicar, por ejemplo, qué es un tornillo se pone a utilizar conceptos avanzados de mecánica cuántica, o lo está haciendo fatal o es un impostor. En ambos casos la cuestión de "qué es un tornillo" quedará inexplicada. ¡Vade retro!

¡Claridad, por favor, claridad! que bastante confuso es el mundo.

Aquí, si tienes la suerte de entender el inglés, un video del nada arrogante Alan Sokal.
Aquí, una recensión bastante pormenorizada del libro.

jueves, 16 de julio de 2009

Mi Nueva York

Aprovechando que llega la época de vacaciones y alguno igual tiene la suerte de irse pa' Nueva York voy a plantificar aquí algunas notas que tomé de un librito que leí hace unos meses: Mi Nueva York, de Brendan Behan (Marbot Ediciones).

Pensarás: "¡ah! un libro de viajes".
Bueno, no bien bien. Pero ¿a que la época del año parece una buena excusa hablar de un libro que se titula "Mi Nueva York"?

El caso es que, como decía, no es bien bien un libro de viajes. Al menos, no de los normales. Para ponerte en antecedentes, se trata de puntos de vista, opiniones y sentires de "un alcohólico con problemas de escritura" (así se auto definía Brendan Behan).
"No soy sacerdote sino pecador. No soy psiquiatra sino neurótico. Mis neurosis son las herramientas con las que me gano la vida. Si me curase, tendría que volver a pintar casas."
Sí, antes de escribir era pintor (de brocha gorda) y, probablemente, un bebedor empedernido. Cambió las brochas por el bolígrafo. Mantuvo su vaso de whiskey.
"Lo más importante en este mundo es tener algo que comer y algo que beber y alguien que te quiera."
Más adelante deja claro que el comer y el beber ocupan un plano más importante que el amor:
"Los males del corazón son sólo un mal trago. Un amor desgraciado, la muerte de un padre o de un hijo, son malos tragos. Pero si estás razonablemente bien de salud, dispones de alojamiento y de suficiente comida, tabaco y dinero para una bebida, puedes llorar confortablemente la muerte y el amor."
En fin, que no es un libro de viajes habitual.



El libro tiene cantidad de dibujos de NY y sus personajes, pero no fotos.
[Pero los dibujos son chulísimos. A mí me da una envidia horrible el no saber/poder dibujar mis sentires en mis, por otra parte limitadísimos, viajes. Un buen amigo mío tiene esa capacidad y, junto al hecho de que sus andanzas por el mundo son bastante extensas, se hace unos cuadernos de viaje que son… ¡una preciosidad! Y una fuente de envidia —iba a decir sana pero no estoy tan seguro que descubrir que uno no puede hacer algo así sea bueno para la salud— terrible.]

Desde luego Behan, además de ser un urbanita impenitente, adoraba NY, la encontraba luminosa:
"Londres es una gran tarta aplastada de suburbios de ladrillo rojo, con una pasa en medio que es el West End. Nueva York es una pasa inmensa y jugosa y la ciudad más grande que puedo imaginar."

"Una ciudad es un lugar donde vive el Hombre, un lugar donde camina, habla y come y bebe a la luz brillante del día o a la luz de la electricidad, las veinticuatro horas del día. En Nueva York puedes dar un paseo a las tres de la madrugada, ver gente, leer el periódico y beber algo: zumo de naranja, café, whiskey o lo que sea. Es el mayor espectáculo que hay sobre la Tierra, abierto para todos. De noche, su fabulosa belleza ya era la mayor maravilla del mundo hace cuarenta años."

"Pienso que cualquier persona que vuelva a casa después de estar en Nueva York encontrará también bastante oscuro su lugar de origen."

"No vamos a una ciudad para estar solos, y el test de una ciudad es la facilidad con la que puedes ver a otras personas y hablar con ellas. Una ciudad es un lugar donde la probabilidad de que te muerda una oveja salvaje es mínima, y diría que Nueva York es la ciudad más acogedora que conozco."



Cada día me gusta más el folk, así que me ha divirtió mucho la opinión de Brendan Behan sobre dicho tipo de música —que te cuela mientras habla del Village, de Washington Square:
"Si te gusta la canción folk, Washington Square en domingo te parecerá un lugar único. Yo personalmente detesto a los cantantes folk. Los fusilaría a todos, porque yo mismo soy cantante, o al menos lo fui hasta que mi laringe sucumbió al exceso de cigarrillos. Y dicen un montón de mentiras. Cogen un viejo banjo y se hacen llamar cantantes folk. Pues bien, mi tío escribió muchas canciones irlandesas, y yo aprendí canciones de mi madre, que nunca ha dejado de cantar. Ni siquiera la Depresión lo consiguió. Puedo cantar en irlandés y en inglés e incluso hice un improbable intento de cantar en francés, pero nunca se me había ocurrido que fuera un cantante folk.

Admitiré, sin embargo, que algunos de esos cantantes seudofolk parecen unos excelentes compositores, aunque la mayoría de ellos nunca admitirán que no han escrito la canción ellos solos.

Escribí una canción sobre Michael Collins. Fue el Comandante en Jefe del Ejército del Estado Libre de Irlanda que aceptó el Tratado con Inglaterra, y contra el que mi padre luchó. Yo tampoco estaba de acuerdo con Collins a nivel político, aunque el pobre fue asesinado unos seis meses antes de que yo naciera. Pero escribí una canción sobre él y utilicé una melodía gaélica. Pienso que es una buena canción, aunque por desgracia no estoy en condiciones de cantarla, no sólo por mi garganta, sino porque nunca consigo recordar nada que haya escrito yo mismo.

Habré olvidado este libro mucho antes de que vosotros hayáis pagado vuestro dinero por él, os lo puedo asegurar. Cantar mis propias canciones o leer mi propia obra es para mí una forma de incesto mental.

No me importa si estos tipos son negros o blancos, o si cantan sobre Dios, sobre los sufrimientos de los pescadores de San Salerno o sobre los recogedores de ostras de la bahía de Chesapeake o Sheepshead, o como se llame: si lo que quieren es cantar que canten y punto. No tienen por qué llamarse cantantes folk.

Si yo fuera joven y soltero, supongo que podría soportar sus malditos lamentos y gemidos y acordes de mandolina, y recomendaría a otros jóvenes que lo hicieran también. Podría soportar a los tipos con barba no hay nada malo en llevar barba, además así se les reconoce y podría soportar a las chicas con el pelo a lo Mona Lisa, y podría soportar sentarme en el suelo. (Deben de quemar las sillas allí donde tocan porque aparentemente nadie tiene la impresión de que una silla sea el lugar adecuado para sentarse a escuchar los gemidos del tipo.)

Pero siempre hay chicas encantadoras por el lugar, sentadas en la hierba o en el suelo y mirando con reverencia cómo canta sus canciones la última importación de las montañas Apalaches. Si la chica está demasiado absorta con el del banjo, siempre puedes bajarlo de golpe susurrándole al oído a ella que el tipo es homosexual.

Si esto falla, también puedes ir y comprarte una maldita mandolina, por más que seas del Lower East Side de Nueva York, cambiar un poco tu acento y decir que acabas de llegar de Kentucky. No es que haya nada malo en ser de Kentucky, por supuesto. Lo único que digo, y aquí lo voy a dejar, es que vale la pena sentarse entre estas jóvenes señoritas."