jueves, 20 de agosto de 2009

Vida y destino (again)

Creo que ya hablé de este libro inmenso, pero no conozco a nadie a quién contagiase las ganas de leerlo. Una pena carecer, en este caso, de los poderes de expansión de la gripe A ;-)

Insisto: se trata de un libro maravilloso, poderoso que, eso sí, requiere un esfuerzo para hacerse con los nombres de la multitud de personajes y situaciones que dibujan su entramado. Por lo demás no es nada difícil de leer.

Luego, cuelgo unos "mapas" de personajes y escenarios. Pero, antes, léete el artículo siguiente de Antonio Muñoz Molina aparecido en El País (Babelia) del 15-08-2009. A ver si él te contagia.

*****

En caso de que te animes (¡ojalá, ojalá, ojalá!) éste es el diagrama principal, el de la familia central (debes hacer click encima para verlo en un tamaño legible).
Que quede claro que es un mapa totalmente personal, que me iba elaborando para mí mismo así que si hay gazapos o palabrotas o sabe Dios qué, ¡mala suerte! A veces aparece la página donde se encontraba la información (pocas veces). Corresponden a la edición del Círculo de lectores: Galaxia Gutemberg.
Las flechas, envían hacia otros mapas que, generalmente, corresponden a alguno de los múltiples escenarios de la novela. Pero, el mapa principal, el de partida, siempre será el siguiente.

Si alguien quiere, puedo colgar los mapas que tengo de diversos escenarios.

Entre las etiquetas de este post coloco, obviamente, la de "Literatura", ¡pero también la de "Ciencia"!: uno de los personajes centrales es un físico. El propio autor, Vasili Grossman, era ingeniero; y se nota. No obstante a mí me parece un misterio maravilloso que un escritor pueda hablar de sentimientos de tantas personas, tan diferentes, con tanta contundencia y credibilidad

Por cierto, una película que no he visto pero que dicen que está bien, "Enemigo a las puertas", corresponde a un fragmento minúsculo del libro.

martes, 18 de agosto de 2009

Datos científicos sobre la gripe A

Sin ser un paranoico de las conspiraciones (¡no!, ese defecto no lo tengo; ¡yupiiiiiiii!) me siento bastante mosqueado por el tratamiento que la prensa y los políticos están dando al asunto de la gripe A. ¡Cualquier día les da por informarnos "muerto-a-muerto" de cada fallecido por la gripe estacional (la de cada temporada)!

En fin, que el otro día un buen amigo (médico serio, riguroso y muy volcado a su profesión; el término que se utilizaba antes era el de "vocacional") me pasó un artículo sobre la gripe A que me encantó. Serio (su fuente no es "sabe-dios-cuál"), simple y claro. Pienso que muy útil. Vale la pena darle difusión…


Se titula "Gripe A, paciencia y tranquilidad" y puedes descargarlo desde:

http://www.equipocesca.org/

La pandemia de gripe A (gripe porcina, o gripe mejicana) puede llevar al colapso de los servicios sanitarios en el invierno de 2009. Sin embargo, la gripe A tiene menos gravedad y mortalidad que la gripe de todos los años (la gripe estacional). Conviene hacer lo de siempre, no vacunarse y no tomar más medicamentos que los necesarios para calmar las molestias. En este texto se repasa la cuestión con argumentos para tranquilizar y poner un poco de sentido común en la algarabía que nos ensordece.


Muchas gracias, Miguel.
[El Dr. Gérvas, obviamente, las merece antes que nadie]

martes, 11 de agosto de 2009

Saul Bellow y los especialistas

Recientemente leí "El legado de Humboldt" de Saul Bellow. Me divertí muchísimo leyéndola. No os he contado (aún) nada de ella porque me resultó apabullante: habla de muchísimas cosas. Eso, unido al hecho de que es una novela larga y de que no tomé notas en su momento porque me enganché a la trama… Pues eso, que ahora no sabría por dónde empezar.

Así que hoy que me he empezado otra de las novelas de Bellow ("Son más los que mueren de desamor"), y pese a que ya me he reído de lo lindo en varias ocasiones en sólo una veintena de páginas y engancharme sería superfácil, no quiero devorarla a toda velocidad. A ver si aguanto…

Empezaré por "una de especialistas".
La típica postura del especialista es que sabe cuanto hay que saber en su rama y que no tiene por qué saber otra cosa. Como en el ejemplo: «Yo arreglo manómetros, así que no me venga con odómetros». O en el chiste: «Yo no afeito, enjabono. Si quiere afeitarse, vaya a la acera de enfrente". Es comprensible que algunas especialidades exijan más que otras y que lo saquen a uno del mundo; llevan inherente el derecho a mantener las distancias. A través de Benn conocí a algunos tipos de ciencias exactas cuyas excentricidades tenían todo el aspecto de prerrogativas. Benn nunca reivindicó el privilegio de distanciarse del género humano.

Yo nunca he sido un especialista en nada, sólo un estudiante de Química (eso sí, en un tiempo en que, a lo largo de toda la carrera, no perdimos una sola hora de clase). Aún así ya me quedé bastante "tocado" y frecuentemente, entre amigos, he dicho que la sociedad debiera indemnizar a los estudiantes de ciencias en concepto de "daños y perjuicios" [y, aún añadiría, prejuicios inducidos].
Sí, sólo pretende ser una coartada para excusar mis necedades en "mundología". Pero, ¡no totalmente absurda!
Puedo dar un ejemplo de ese fenómeno de ruptura. Estamos comiendo en el club de profesores con un científico de primer orden. El camarero, que es un estudiante, se acerca a tomar nota. El colega de Benn dice al joven: «Tráigame pollo a la king». El chico responde: «Papá, llevas tres días comiendo pollo a la king, ¿por qué no pruebas el chile con carne?».

Después de toda una vida, el chico aceptaba sin problemas el despiste del padre. Los otros comensales sonrieron. Yo me reí un poco. Fue uno de esos súbitos momentos de gracia. Mientras reía, me vi a mí mismo de perfil como una llave inglesa del tamaño de un hombre, con la quijada caída. Este tipo de imágenes involuntarias suelen asaltarme. Puede que aquella, tan poco halagadora, me fuese sugerida por lo metálico de mis acompañantes.

Su extremo despiste no perjudicaba al amigo científico en sus relaciones con sus colegas. Significaba que estaba muy lejos, cumpliendo con su deber en las fronteras de su disciplina; así que adiós muy buenas a parientes y amigos. Los científicos de primera fila constituyen una casta principesca. Después de todo, son las inteligencias más secretas y destacadas de las dos superpotencias. Los rusos tienen las suyas como nosotros las nuestras. Verdaderamente, constituye un privilegio muy elevado.

Bueno, en realidad, el despiste no supone un gran problema. Todos comprenden que mientras uno está controlando la naturaleza, tiene perfecto derecho a abandonar a los humanos vulgares que no llegan a ninguna parte por sus propios medios. Estamos hablando de una élite posthistórica y todo lo demás. Pero en ese aspecto, como en otros, mi tío era diferente. No pedía que le eximieran de las molestias que comporta la existencia de la criatura humana. Resultaba claro que no lo pedía. Es posible que sus colegas especialistas le considerasen retrasado en ese aspecto. Hasta yo mismo le consideraba a veces retrasado, más confuso en cuestiones humanas que muchas personas normales. Nadie le tildó nunca de tonto. Se le reconocía una brillante inteligencia en su especialidad. Además, era observador y leía mucho, escrutando, como dijo César de Casio, «los actos de los hombres».

¡Qué mala leche el Sr. Bellow!
¡Aún más!
Según uno de sus colegas, y los colegas suelen ser los últimos en decir esas cosas, Benn era un botánico de «un alto nivel de distinción». No creo que eso impresione a la mayoría. ¿Por qué habrían de importarle las raíces adventicias o la histogénesis de las hojas? Si no hubiese sido por mi tío, a mí tampoco me habrían importado. ¿Los científicos? A menos que investiguen sobre el cáncer o que nos conduzcan a través del universo por televisión, cómo lo hace Carl Sagan, ¿para qué sirven? El público quiere trasplantes de corazón, quiere un remedio para el sida, quiere que la senilidad sea reversible. Las estructuras de las plantas le importan un bledo y, ¿por qué habrían de importarle? Por supuesto, es capaz de tolerar a la gente que las estudia. Una sociedad poderosa bien puede darsed lujo de mantener a unos cuantos tipos de esos. Además, son relativamente baratos. Sale más caro mantener a dos presos en Stateville que a un botánico en su cátedra. Pero los presos ofrecen mucho más en cuanto a emociones: incendios y motines en las cárceles, un guardia estrangulado, el director de una prisión empalado.

Podrías pensar que el Sr. Bellow debía odiar la ciencia o algo así. A mi no me lo parece en absoluto: todo me induce a pensar que se preocupaba mucho por la misma: continuamente hace referencias al saber científico. Eso sí, sus críticas corrosivas (siempre con un buen grado de realidad) las va aplicando a todo lo que se le pone por delante: la cultura en general, la ciencia en particular, los hombres, las mujeres, los abogados… Y así (me) hace reflexionar seriamente (y partiéndome de risa) sobre casi todo.

Como dice un amigo, siempre está hablando de la perplejidad del ser humano (incapaz de adaptarse totalmente) en un mundo en que todo va demasiado rápido (el tema de los hombres desubicados en la época de la liberación de la mujer no es más que un aspecto del tema principal).


Sí, los especialistas son absolutamente imprescindibles pero, ciertamente, no es difícil que acaben siendo mutantes. Además los puntos débiles del concepto de "especialista" son muy ostensibles.


Él, Saul Bellow, una persona que debía ser un sabio, hace que sus personajes se despachen a gusto con la cultura en general y las universidades:
Ser un académico americano es una gran cosa. Créanme, porque yo también lo soy. No digo que el hecho me fascine, solo que lo soy, profesor adjunto de literatura rusa, por el momento, dicho sea de paso. Para mí es apasionante, pero ¿a cuántos apasionan esos estudios, si se comparan, por ejemplo, con el interés que suscita Bruce Springsteen o el coronel Gadafi o el líder de la mayoría del Senado de Estados Unidos?
.../...
Sin embargo, no pertenezco al auténtico tipo universitario. Hoy en día ya no existe tal cosa en el sentido convencional y tradicional de la «torre de marfil». Sí, hay eruditos, pero no son tan conspicuos. Parte de la universidad se dedica al negocio de «crear conciencia». «Crear conciencia» supone erradicar inercias. A. medida que las viejas inercias desaparecen, la gente puede esperar una vida de conciencia más plena. Por ejemplo, la larga inercia de los negros desembocó en el movimiento de los derechos civiles, lo que hizo que se los integrase en la comunidad de los conscientes en la que era forzoso desarrollar un «lenguaje de ideas». Sin conceptos es imposible proponer o comunicar públicamente los intereses, y las universidades se han convertido en una fuente importante de jergas que fluyen hacia la vida pública por canales como el púlpito, la criminología, los tribunales, las cadenas de televisión, los consultorios de los consejeros de familia, etc. Eso es solo una parte del panorama. De las universidades fluyen vastos poderes hacia el gobierno: el Departamento de Defensa, el Departamento de Estado, el de Hacienda, el gobierno federal, los servicios de inteligencia, la Casa Blanca. La universidad moderna es también una base de poder en biotecnología, en electrónica, en la producción de energía. Los académicos polarizan la luz para copiadoras; son empresarios a gran escala: asesores, eruditos importantes, testigos técnicos ante los comités del Congreso para control de armamento o política exterior. Hasta yo mismo, como experto en Rusia, entro en escena de vez en cuando.

sábado, 8 de agosto de 2009

Niños, insectos y biólogos

"Los niños pequeños tienen tabúes en contra de pisar hormigas porque se dice que esa acción puede traer lluvia, pero, al parecer, nunca ha existido un tabú que impida arrancarles las patas o las alas a las moscas. La mayoría de los niños crecen y olvidan esta afición. Los que no lo hacen o acaban mal o se hacen biólogos".
Vincent Dethier, To know a fly

jueves, 6 de agosto de 2009

Un brindis con Manuel Vicent

El otro día una de mis cuñadas me mandó un articulito de Manuel Vicent.
Se titula "Brindis".
Comienza así:

"Alguna gente madura, tal vez la más lúcida, suele pensar con acierto que lo mejor que tiene la juventud es que ya pasó. Fue una época breve y radiante, romántica y vigorosa, pero también llena de luchas, temores, dudas, celos y rivalidad. Alrededor de los 50 años, en cualquier biografía llega un momento en que el caballo de fuego que uno llevaba dentro comienza a perder la ansiedad en el galope y aun sin abandonar la curiosidad ante la vida siente que hay que tomarse las cosas con más calma. A
Igual a ti también te gusta (tanto como a mí).
Puedes leerlo aquí:
http://www.elpais.com/articulo/ultima/Brindis/elpepiult/20090712elpepiult_1/Tes

martes, 4 de agosto de 2009

La vaca de Augusto Monterroso (II)

La metamorfosis de Gregor Mendel

Había nacido en Heinzendorf, en la Silesia austriaca, el 27 de julio de 1822. Sus padres lo bautizaron Johann, Johann Mendel; pero era evidente, aunque sólo lo mostró más tarde, que las mutaciones le gustaban, y así, mudó su nombre de pila por el de Gregor cuando en 1843, a los veintiún años de edad, ingresó al monasterio agustino de Brünn, en Moravia. Fue ordenado sacerdote en 1847. Sin embargo, en su retiro se interesó más en las cosas de la Tierra que en las del Cielo, en donde, como se sabe, todo cuanto es lo es eternamente y permanece idéntico a sí mismo por siempre jamás.

Su curiosidad ante los fenómenos del mundo terrenal lo inclinó a estudiar las ciencias físicas, químicas, matemáticas y botánicas de su época; pero las pésimas notas que lograba en biología y geología le impidieron a lo largo de su vida ser profesor universitario. Esta aparente desgracia resultó benéfica, toda vez que lo condujo, fuera de las aulas, a reparar en cosas no vistas por ningún otro hasta aquel momento. Sus descubrimientos de las primeras leyes de la herencia permitieron más tarde a otros estudiosos fundar la ciencia genética. Pasado el tiempo, estos sabios hallaron con asombro que el buen Gregor querido por todos y ya muerto sin ninguna fama había llegado a iguales conclusiones que ellos treinta y cuatro años antes.

A través de sus espejuelos de delgadísimo aro de plata, Gregor proceso, como se diría ahora, miles de datos obtenidos durante muchas horas y días y meses de observación minuciosa de cuanto ser vivo encontrara a su alcance, ya fueran los guisantes del jardín del convento, los perros que en las mañanas lo saludaban con entusiasmo dando brincos a su alrededor, o las huidizas cucarachas que en la cocina terminaron por acostumbrarse a su mirada escrutadora pero inofensiva, y para la cual, tanto ellas, como los perros o los guisantes, eran diferentes de un día a otro, de minuto en minuto.

Todo cambia, en efecto, y todo se transforma, por leyes biológicas o del azar. Y también, que es lo que ahora me interesa, por causa de la distracción o el descuido.
¿No te parece magnífica esta breve biografía de Mendel?
En ella me parece que vuelve a incidir en la idea de "todo es cambio", que tan bellamente expresaba en un trocito que colgué en el post anterior. Allí lo hacía al hablar de la inter-acción siempre cambiante, "libro-lector". ¿Y aquí? Pues parece que a tenor de las leyes de la herencia…
[Ello ya tiene algo de chocante puesto que la leyes biológicas de la herencia hablan del mantenimiento o constancia de ciertos rasgos.]
Pero, ¡no! Ya lo dice bien clarito: va a hablar de los cambios producidos por distracción o descuido. ¡Se intuye algo divertido!

Y entonces, después de dejar claro que está perfectamente justificado que él se ponga a hablar de cucarachas:
"Siendo yo un buen amigo de las moscas y otros seres parecidos, y habiendo publicado, por mi parte, un libro de fábulas con animales de todas clases como protagonistas…"
se dedica a contarnos un error literario.

El Sr. Monterroso andaba leyendo con gusto un libro sobre expresiones inglesas que incluyen nombres de animales "It's Raining Cats and Dogs and Other Beastly Expressions, título cuya traducción libre vendría a ser entre nosotros algo menos bestial: Llueve a cántaros." En dicho libro se encuentra con el error: la autora, hablando de La metamorfosis de Kafka llama a su protagonista Gregor Mendel, cuando en realidad se llamaba Gregor Samsa. Y el Sr. Monterroso no perdona y, generoso, nos deleita con unas cuantas líneas:
"…para mí fue una sorpresa toparme de pronto entre sus páginas con nuestro ya viejo amigo Gregor Mendel, casi convertido, no por las leyes de la herencia sino por las del error o el distraimiento, en una de mis protagonistas más queridas del reino animal, mía y de Franz Kafka, en la entrada CUCARACHA.

«CUCARACHA —asegura Christine Ammer en la página 234 de la edición de bolsillo de su manual—. Una peste doméstica en el mundo entero, la humilde cucaracha fue hecha famosa por dos escritores del siglo veinte de posición muy distinta. El escritor checo Franz Kafka transformó a Gregor Mendel, protagonista de su novela La metamorfosis, en una cucaracha desde el comienzo de su relato, quien a partir de ahí vio el mundo desde esa perspectiva sombría y angustiosa».

Después de esto, el otro escritor del siglo veinte que anuncia Christine ya no viene al caso; pero es bueno imaginar lo que habría pensado el viajante de comercio Gregor Samsa, el verdadero protagonista de La metamorfosis kafkiana, y si su angustia habría sido menor, o mayor, si al despertar aquella mañana, después de un sueño intranquilo, se hubiera encontrado convertido ya no en un «monstruoso insecto» sino en el apacible monje austriaco Gregor Mendel."
Y, por si fuera poco, apuntilla su escrito con otra delicia:
"Las mentes literarias fueron anteriores a las científicas; pero con el tiempo unas y otras se entremezclan, en forma natural o por injerto, se confunden y terminan por volverse una sola. En mi primera juventud leí los Recuerdos entomológicos de Henri Fabre como literatura, y el relato de su búsqueda de escarabajos me fascinó casi tanto como las novelas de Alejandro Dumas, quien a su vez convertía la historia en materia novelística…"


¡Bestial!
[Creo que al Sr. Monterroso podría gustarle el adjetivo]
A partir de un escrito de tres paginitas de nada el Sr. Augusto (un nombre más que adecuado para él) me incita a volver a indagar en un montón de autores e ideas: en el "todo fluye" del siempre cambiante pero constantemente moderno Heráclito, en la metamorfosis de Kafka y un dificilmente acabable etcétera. Todo ello consiguiendo que no se me borre una sonrisa de la boca.